Hoy es viernes 21 de septiembre de 2018 y son las 04:02 hs. “Queremos evitar que Nisman vuelva a morir”. Que los jueces cumplan con la Justicia, o que la Justicia alcance a los Jueces.
18 de julio de 2016
VIOLENCIA SIN LÍMITES. . Por Dr. Jorge Bernabe Lobo Aragón .
Entiende que La pobreza no es la causa del crimen ni tampoco del descenso del nivel moral. Es el dominio del "Pensamiento Único" agnóstico, sensual, inmoral, relativista, difundido “ad nauseam” por la prensa y no combatido por el clero, casi todo "progresista", el que causa ese desprecio por la vida y por la propiedad .

VIOLENCIA SIN LÍMITES. Se mata por matar, se ataca por dañar… OPINIÓN.

          

El Maestro Cosme Beccar Varela en un insuperable comentario a una de mis publicaciones sobre la violencia en el periódico “La Botella al Mar” – 5290 del 15 de Julio del corriente año, da cuenta con absoluto realismo – que comparto - que le parece oportuno hacer tomar conciencia a la opinión pública de esta horrenda realidad cotidiana que la prensa no denuncia con suficiente vigor ni las autoridades ponen los medios adecuados para revertir. También en su comentario disiente con mi acotación ya que le parece un error decir que esta violencia se origina en "la situación socio- económica de muchos desocupados cuyas fuerzas morales están debilitadas o directamente no existen". Entiende que La pobreza no es la causa del crimen ni tampoco del descenso del nivel moral. Es el dominio del "Pensamiento Único" agnóstico, sensual, inmoral, relativista, difundido “ad nauseam” por la prensa y no combatido por el clero, casi todo "progresista", el que causa ese desprecio por la vida y por la propiedad. Que ese descalabro no lo detiene el gobierno porque carece de autoridad y de principios de Justicia, ni los jueces ni los Fiscales porque piensan más en su carrera que en servir a la Justicia. Agrega además entre otros puntos valiosos que las cosas han llegado a tal punto que esta ola de violencia sólo puede frenarse con una violencia opuesta proporcionada para lo cual, y dado que la policía no puede actuar a tiempo para prevenir, es necesario permitir a la población sana y honesta, portar armas, previo un adecuado aprendizaje de su uso y una ley que proteja a quienes las usen en defensa propia o de terceros inocentes. Hace hincapié en ese sentido a un artículo que escribió en este periódico dando los lineamientos de un nuevo marco legal para el uso de armas contra la delincuencia de fecha 13 de Marzo del 2001 bajo el número 114 al que se remite "brevitatis causa". Para terminar su razonamiento de que sería bueno que la gente le dedicara a este asunto – Violencia - una reflexión seria y objetiva antes de adherir a la propaganda desarmamentista de la izquierda. Si no es así, la violencia en perjuicio de los inocentes ira en aumento. Al respecto quien suscribe - Más allá de la excelencia de los comentarios del Maestro - quiero aclarar con toda humildad que nunca manifesté de manera enfática que la pobreza sea origen de la violencia. Sino que entiendo que existe demasiada pobreza, una pobreza acompañada de la desesperanza de conseguir un trabajo digno. La pobreza, la penuria extrema, el hambre, que pueden llevar al robo, a ese tipo de robo que es plenamente justificado cuando tiene como objeto la supervivencia. Pero la ola de violencia sin límite no se advierte no parece responder a esas extremas necesidades sino a la desaprensión, a la desvergüenza, a la falta de normas, al extravío, a la droga. Que la generalización de la pobreza, producida por el desempleo, puede influir, quizás, avivando la ola de asaltos y de crímenes. Pero los delitos no son acicateados directamente por la pobreza que se expande, sino más bien por la desesperanza, por la falta de perspectivas que exhibe la sociedad. Si un joven supiera que capacitándose, trabajando, accedería a un trabajo bien remunerado y seguro, a la casa propia, al matrimonio, a la familia sostenida con su esfuerzo, seguramente seguiría ese camino. Pero si a pesar de capacitarse tiene ante sí un horizonte de desocupación, de changas inseguras, de marginalidad, de orillar las profesiones dignas sin la seguridad de afirmarse nunca en ellas,es comprensible que las atracciones del buen camino sean desatendidas. Es fácil señalar a la pobreza como culpable de los delitos. Pero lo que más alarma es la proliferación del crimen en gente con medios de vida, el delito encarado por desapego a las normas tradicionales de conducta, los robos por las simples ansias de pasarla bien. Se podrían citar muchos casos notables de este tipo de delitos pero no vale la pena, porque bien los conocemos, los recordamos y padecemos. La culpa no es de la pobreza sino de la desfachatez, del hedonismo, de la trapacería. Se suponía que el ladrón se limitaba a llevarse dinero, o bienes de fácil transporte y venta. Ese asaltante profesional evitaba cometer violencias innecesarias, para no agravar su situación. Pero hoy estamos ante modalidades desconocidas, con bandidos que -sin motivos para odios ni furias- matan a sus víctimas, gratuitamente, porque sí, pareciera que llevados por su insensible desenfado o por la inconsciencia de la droga. Estos neófitos en el delito resultan los más peligrosos. Entre la gente cunde el criterio de que deben renovarse los códigos para que la delincuencia sea más castigada, para que cometer un delito sea motivo de una pena severa, para que el rigor de la ley proteja al inocente y conmine al malhechor.
DR. JORGE B. LOBO ARAGÓN .


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