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21 de julio de 2016
LA LUNA ROJA - TAFÍ DEL VALLE - TUCUMAN- ARGENTINA. Por Jorge Bernabé Lobo Aragón
Que el Apocalipsis seguirá siendo para siempre un escrito extraordinario y mágico que anuncia la salvación de Cristo de una forma asombrosamente bella y sugerente, como en una inmensa liturgia, como una gran Misa cósmica que concluye con unas bodas: las de Jesús con la Iglesia, que es la humanidad salvada.

LA LUNA ROJA - TAFÍ DEL VALLE - TUCUMAN- ARGENTINA.                Por : Jorge Bernabé Lobo Aragón .        

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TAFÍ DEL VALLE TUCUMAN - LA LUNA ROJA - REFLEXIÓN . Mientras nos deleitábamos observando la Luna roja desde Tafí del valle, degustando nuestro famoso queso tafinisto. Recordábamos en una reunión de varios, mientras las estrellas y constelaciones parecían estar al alcance de nuestras manos la relación de esta asombrosa luna y el amor. El cielo se prestaba fachendoso cubriéndonos bajo millones de esmeraldas luminosas que titilaban sin cesar.

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Uno se acordó de fenómenos que en antiguas civilizaciones daba lugar a miedos a los dioses por el recuerdo de sangre. Algunos recordaban que la Biblia enseñaba que “la luna algún día se teñirá de sangre presagiando un gran evento que cambiaría la historia. Otro que miraba sin pestañar gritaba exuberante y a su vez nostalgioso que era un fenómeno astronómico insólito y majestuoso pero que no lo podrá ver sino desde la eternidad despreocupándose de la versión apocalíptica, maneando su cabeza”. Un aficionado a los platillos voladores aseveraba con confianza científica que el eclipse está vinculado con el fenómeno OVNI, afirmando que seres extraterrestres están pendientes de nosotros, dispuestos a ayudarnos y que la influencia alienígena será una revelación de muchos misterios. Un aficionado al Tarot aprovechaba la ocasión para interpretar el fenómeno como clave espiritual y simbólica con renovación hacia un nuevo mundo. El sacerdote amigo que se encontraba en el grupo enseñaba las palabras proféticas de la Biblia enseñando que los números, las formas, los colores, los animales tienen cada uno su significado teológico. Que cualquier señal debe ser mirada desde la fe, y no como un programa de futuros acontecimientos históricos, políticos o astronómicos. Que el Apocalipsis seguirá siendo para siempre un escrito extraordinario y mágico que anuncia la salvación de Cristo de una forma asombrosamente bella y sugerente, como en una inmensa liturgia, como una gran Misa cósmica que concluye con unas bodas: las de Jesús con la Iglesia, que es la humanidad salvada. Sin embargo en el jeroglífico de la conversación bajo el silencio de la noche un acriollado en el lugar, consustanciado con sus esencias, partícipe de sus tradiciones nos decía que sus antepasados siempre recordaban a la luna como la constante y fiel amiga de la tierra. Amiga consecuente, invariable, perseverante y excelente ejemplo de amor. Otro de la rueda que miraba suspendido y transportado se entusiasmó con este concepto, agregaba que la Luna cualquiera sea su color es la eterna enamorada de la Tierra, como lo muestra manteniéndose siempre en su entorno y mostrándole invariablemente la misma cara, como si estuviera embobada en su contemplación, deleitándose de su perpetua compañía. Entonces una viejita que parecía distanciada del portento que nos deleitaba y que cebaba mate intervino para sujetar la expansión del entusiasmo del momento. No – dijo – La Luna no solamente es amor sino también la amistad. Una característica inseparable del amor es la de ser productivo, la de fructificar. ¿Cómo va a ser amor una compañía que nunca se multiplica en hijos? El amor, verdadero amor, da frutos. Las otras relaciones pueden ser muy placenteras, muy gustosas, muy deleitables, pero no son amor, lo que se dice amor, verdadero amor. Todos los presentes asentimos. Y el que escribe pensaba que un Tafí que no es del pasado ni del futuro sino que es perenne, que es eterno y que se mantiene vivo en sus aires, en su Ashpapúyojs, en el canto de sus aguas, en el claro sol que ilumina sus cumbres nos asombraba una vez más con sus noches multicolores y sus arcoíris de luminarias y cometas que surcaban en una noche con la luna roja que nos hablaba de amor. Esta noche inolvidable en el valle, nos ponía nuevamente en contacto con ranciedades que sumergen sus raíces en misterios insondables. Los Menhires, esas piedras esculpidas con signos de abstrusa, esotéricas y inasequible interpretación no eran ajenos al misterio que nos extasiaba. La historia milenaria que en ellos ha tomado forma y espera que seamos capaces de desentrañarla nos acercaba cada vez más al misterio que contemplábamos que se hacía presente en la luna , en el agua, en el canto del viento en los aybales y en la gota de rocío que ya amanecía sobre los pétalos del amancay. Este Tafí que no es del pasado ni del futuro sino que es perenne, que es eterno y que se mantiene vivo, nos dejaba otro misterio DE AMOR Y LUNA


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