Hoy es martes 21 de noviembre de 2017 y son las 08:39 hs. “Queremos evitar que Nisman vuelva a morir”. Que los jueces cumplan con la Justicia, o que la Justicia alcance a los Jueces.
12 de noviembre de 2017
"Y SIGUEN LOS MAPUCHES ". Carta del Sr. Juan San Martin a la Sra. Lila Diaz D´Onofrio .
evidentemente se nos ha instalado esta ridícula “cuestión mapuche”, y algunos personajes que se autodefinen como intelectuales e investigadores, han echado a correr versiones (absolutamente falsas) de nuestra historia, colocando al propio Gral. San Martín en el centro del asunto

"Y SIGUEN LOS MAPUCHES ".                                                                                   Carta del Sr. Juan San Martin a la Sra. Lila Diaz D´Onofrio .                                             Lila, te mando de nuevo uno de los mails que te comentara.                                                El título es "Y siguen  los mapuches" (hay personas en este país que ya no saben qué hacer para alterar el orden público e impedir la normal convivencia ciudadana dentro de los límites que imponen la ley, el respeto y las buenas costumbres).       Juan.

Y siguen los mapuches.                                                        miércoles, 1 de noviembre de 2017, 22:06

De:
"Juan San Martín" 
Para:
"Lila Díaz"
Mensaje original 
 
Hola Lila,
evidentemente se nos ha instalado esta ridícula “cuestión mapuche”, y algunos personajes que se autodefinen como intelectuales e investigadores, han echado a correr versiones (absolutamente falsas) de nuestra historia, colocando al propio Gral. San Martín en el centro del asunto… como casi suplicándoles que le permitan cruzar la cordillera con su ejército. Tomando un hecho real, estos farsantes han construido un relato digno de risas y rechazo.                                                                          
Aprovechando la supina ignorancia de gran parte de nuestro pueblo sobre las cosas de nuestra historia, están “retocando” un episodio real, modificando sustancialmente el sentido de la cosa, con el propósito, inequívoco, de fortalecer la posición mapuche y sus pretenciosos reclamos.
Según esta gente, el mismísimo Gral. San Martín les habría concedido identidad y derechos soberanos al pedirles permiso, a los mapuches, para atravesar sus tierras con el Ejército de los Andes e iniciar la campaña libertadora de Chile y Perú.
Probablemente pretenderán, también, que se les reconozca haber permitido el paso, caso contrario nadie sabe como hubiese terminado aquello… sin Chacabuco, ni Maipú.                                                        
Ante tamaña tontería, corresponde aclarar, en primer lugar, dos cosas: la primera, que San Martín jamás se entrevistó con los mapuches, y la segunda, que el grueso de sus fuerzas cruzaron por Uspallata (norte de Mendoza) y Los Patos (sur de San Juan), por tierras que jamás fueron mapuches ni de las tribus con las que se sentó a conversar.                                                                                                              
—Lo que realmente pasó fue lo siguiente:                                                                                                            
San Martín estaba desarrollando lo que se llamó “guerra de zapa”, y que no era otra cosa que un plan de espionaje y contrainteligencia en las filas realistas.
Entre otras cosas, estaba empeñado en engañar a los españoles sobre los pasos cordilleranos por los que cruzaría el ejército.
El objeto era obligar a los realistas (que los esperaban descansados) a distribuir su fuerza a lo largo de un frente de 300 km, en un esfuerzo por taponar los diversos pasos por donde el ejército patriota pudiese cruzar. De ese modo, San Martín no encontraría a todas las fuerzas realistas concentradas en un solo punto.                                                                                                                    Por ese motivo, dentro del marco de aquella guerra de zapa, San Martín tuvo la idea de hacer creer a los españoles que atacaría por el sur, cuando en realidad lo hizo por el norte.
Y para esto se valió de los indios, de los que sabía que su palabra no era confiable y de los que podía esperarse cualquier traición.
Convocó, entonces, a los principales caciques pehuenches (no mapuches) a un parlamento con toda la pompa que la situación exigía: para que el engaño diese resultado, los indios no podían dudar de lo que iba a proponérseles.                                                                                                             Los pehuenches no eran mapuches, sino huarpes de las montañas del sur de Mendoza.
Sin embargo, estaban muy influenciados por la cultura mapuche debido a que eran, territorialmente, vecinos.
Los mapuches los denominaron pehuenches (gente del pehuén), debido a que eran grandes recolectores y consumidores de piñones (semilla del pehuén o araucaria).                                          
San Martín marchó con su escolta en setiembre de 1816, hacia el fuerte San Carlos, a unos 200 km hacia el sur de la ciudad de Mendoza.
El encuentro, bien al estilo indio, estuvo matizado con grandes festejos y borracheras.
Una semana duró el gran parlamento, y San Martín no tuvo más remedio que aceptar con humor la gran cantidad de piojos que le quedaron tras los efusivos abrazos de sus nuevos “amigos”.
Básicamente, les detalló la manera como atacaría a los españoles en Chile, cruzando por sus tierras del sur de Mendoza, por los pasos del Portillo y del Planchón, pero siempre que ellos lo autorizasen. Naturalmente les pidió reserva absoluta, pero sabiendo perfectamente que lo traicionarían y llevarían a conocimiento de los españoles un plan absolutamente falso.                                                 Y tal como él suponía, ni bien terminó el encuentro, el cacique Necuñán (principal de los pehuenches) despachó sus mensajeros a Chile para delatar a los realistas los planes de los patriotas.
Por supuesto que, llegado el momento, San Martín se limitó a enviar por esos pasos a un reducido contingente de soldados (no más de 250), que hacían las veces de “avanzada” de una fuerza imaginaria. El ardid fue exitoso y ayudó a contribuir con la confusión que imperaba en el campo realista.
Esa fue la “importante ayuda” recibida: saber usar con astucia y picardía un rasgo previsible del comportamiento de estos pueblos originarios.                                                                                            
Pero claro, así como se lee no les resulta demasiado conveniente, de modo que esta gente ha construido un relato (verdad imaginaria muy de moda en ciertos ambientes sociales y políticos) que pretende transformar esta bien elaborada farsa sanmartiniana en el mayor acto de soberanía y autoridad mapuche, dotándolo de una jerarquía completamente falsa e inexistente.
 
¡Es increíble el descaro de esta gente!                                                                                    Pero cuidado, que también comienza a ser increíble nuestra falta de conocimientos…
Piensan que nos pueden vender cualquier cosa porque nos ven capaces de comprarla.
Y no me refiero únicamente a este asunto, sino a todos los demás.
Ya lo dijo Sarmiento: hay que educar al soberano.
 
Te mando un abrazo,
Juan.



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