Miércoles 21 de Octubre de 2020

Hoy es Miércoles 21 de Octubre de 2020 y son las 21:38 Tomemos Conciencia. "No me preocupan los corruptos y ladrones." Me preocupa todo un pueblo que mira con indiferencia el comportamiento mafioso.

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6 de julio de 2018

Carta al Lector: “…Compatriotas…Todavía se puede…

En estas circunstancias aciagas en que vive actualmente el país todavía enredado en una crisis económica y financiera, solamente me resta decir…Compatriotas…Podemos…Todavía se puede…-

Carta al Lector: “…CompatriotasTodavía se puede…

Por :  Jorge Bernabé Lobo Aragón.

Aún hoy podemos demostrar que aquellos congresales de 1816 no estaban tan errados. Que los argentinos no estamos amansados ni doblegados por organizaciones manejadas por corruptos. Que podemos organizar el Estado.                                                                                                                                Un Estado con una justicia tan capaz, independiente y eficaz, por lo menos, como la que teníamos aquel 9 de Julio.

Opinión

En nuestro Jardín de la Republica, San Miguel de Tucumán en donde Diego de Villarroel fundaba la ciudad en nombre de la Santísima Trinidad, de la Virgen María, Madre de Dios, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, príncipes de la Iglesia, con una especial mención al Apóstol Santiago, "luz y espejo de las Españas,  imponiéndonos desde su origen una vocación de patria. Un 9 de julio de 1816 el Congreso declara nuestra libertad e independencia de los reyes de España, sus sucesores, su metrópoli, y en seguida se agrega y de “toda otra dominación extranjera”. No es que entonces ya fuéramos libres e independientes. Al contrario, se pasaba un momento crítico de la política, con las provincias más ricas y pobladas gobernadas por los realistas. El resto, la mayor parte, el Paraguay, la Banda Oriental, las Misiones y las provincias litorales se encontraban, segregadas, apartadas, renuentes a la autoridad del Congreso. Es decir que los congresales no celebran un triunfo, sino que plantean un duro y difícil objetivo político, tan deseable que se advierte como justo, lícito y natural que tras él se derrame la sangre de nuestros soldados. Alcanzar la independencia política y una libertad económica han sido anhelos largamente perseguidos; varias veces entrevistos como próximos, al alcance de un  impulso más y de un esclarecimiento en el planteo de los problemas. En muchas ocasiones no sólo  nos parecía imposible lograr la libertad y la independencia sino que una numerosa parte de los argentinos estimaba  preferible renunciar a ellas. Sí…renunciar o venderlas, a cambio de alguna ventajita económica de un plato de lentejas. De modo que si hoy se planteara, como en 1816, luchar por la libertad y la independencia, el objetivo parecería demasiado lejano, extremadamente difícil, ajeno a las apetencias y los anhelos de gran parte de los argentinos. Muchos se  interesarían porque el plato de las lentejas no fuera demasiado playo, sino más bien hondo. Pero aquel 9 de julio, independientes o no, comenzamos a constituir un Estado, asumimos la seria responsabilidad de organizarlo y de administrarlo. El Estado, en aquellos momentos, tenía aspectos que eran aceptables, que no necesitaban revisión y que  no eran motivo para plantear la revolución ni la separación de la metrópoli. La administración de justicia era satisfactoria, en manos de los cabildos y de las audiencias, instituciones prestigiosas que funcionaban en forma solvente. Ese no era argumento para hacer la revolución. Lamentablemente pasados los años, los argentinos todavía no contamos con una administración de justicia que resulte satisfactoria. Pareciera que al organizar un Estado independiente los argentinos hubiéramos fracasado en lo más elemental. Que en vez de mantener el buen funcionamiento de instituciones fundamentales, las fuéramos deteriorando cada vez más. Para llegar, en una progresiva decadencia, a una situación caracterizada por la existencia de una enorme corrupción  y la actuación de mafias sin provocar violentas reacciones de la ciudadanía. Como si los argentinos nos hubiéramos amansado, llegando a comprender que es inevitable que la sociedad sea manejada por  corruptos. Manipulados por organizaciones que todavía tienen poder a pesar del cambio de gobierno  y que son impunes, pues escapan a las sanciones. Frente a ellas la justicia parece carecer de los instrumentos necesarios para investigarlas y para controlarlas. Parecía muy desesperada, muy desalentada y desconsolada la situación. Hasta que numerosos hechos aberrantes de podredumbre del anterior gobierno, kirchnerista, vino a poner en evidencia que los argentinos podemos reaccionar, tenemos energías para reclamar justicia, somos capaces de interesarnos por los problemas públicos no sólo los días de comicios sino también cuando se afectan los grandes valores de la sociedad, como son la seguridad pública y la administración de justicia. Se vendría a demostrar que aquellos congresales de 1816 no estaban tan errados. Habrá libertades e independencias inalcanzables, o que no atraen ni interesan a una sociedad moderna, pero no se habrán equivocado al pensar que podíamos organizar el Estado; un Estado con una justicia tan capaz, independiente y eficaz, por lo menos, como la que teníamos en 1816.                                                                    En estas circunstancias aciagas en que vive actualmente el país todavía enredado en una crisis económica y financiera, solamente me resta decir…Compatriotas…Podemos…Todavía se puede…-  

Dr. Jorge B. Lobo Aragón

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