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31 de diciembre de 2018
La última frontera. Fuente : Investigación Y CIENCIA.
La última frontera. Estos son los viajes de una [especie interplanetaria y ahora interestelar], en una misión que durará [posiblemente milenios], dedicada a la exploración de mundos desconocidos, al descubrimiento de [nuevos paisajes extraterrestres], hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar".

Investigación y ciencia - Edición española de SCIENTIFIC AMERICAN

La última frontera.

27/12/2018-

La última frontera.                                                                                                                              Estos son los viajes de una [especie interplanetaria y ahora interestelar], en una misión que durará [posiblemente milenios], dedicada a la exploración de mundos desconocidos, al descubrimiento de [nuevos paisajes extraterrestres], hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar". 
Mejor no lo podría haber "anticipado" el Capitán Kirk.

A medida que se vayan desarrollando los hechos alrededor del sobrevuelo (antes y después), iré publicando en el enlace abajo, en un hilo de twitter, las curiosidades de esta histórica misión.

http://bit.ly/hilo-utlima-thule.
Jorge ZuluagaJorge Zuluaga

Profesor titular del Instituto de Física de la Universidad de Antioquia (UdeA) en Medellín, Colombia. Fundador del pregrado de astronomía de la UdeA e investigador del grupo de física y astrofísica computacional y del Solar, Earth and Planetary Physics Group.                                   

Padre de 3, maestro y divulgador por instinto.                                                                             

Tiene el nombre de un asteroide (347940) Jorgezuluaga.

Estamos a tan solo unas horas de que un navío interplanetario sobrevuele la roca más lejana del Sistema Solar sobre la que pondremos nuestros curiosos ojos.                                             
Me refiero naturalmente a Ultima Thule, una roca de hielo de un par de decenas de kilómetros de extensión, perdida en la inmensidad del cinturón de Fernández-Kuiper, y que será sobrevolada en la madrugada del primer día del último año de esta década, por el navío interplanetario New Horizons.
El primero de enero de 2019 la sonda New Horizons sobrevolará Ultima Thule, el primer KBO (objeto del cinturón de Kuiper) fotografiado por un vehículo espacial.  Imagen: Roman Tkachenko.                                         
El primero de enero de 2019 la sonda New Horizons sobrevolará Ultima Thule, el primer KBO (objeto del cinturón de Kuiper) fotografiado por un vehículo espacial. Imagen: Roman Tkachenko.

No hace mucho más de un año, un objeto natural se precipito desde el borde del sistema solar (como lo hacen decenas de billones de ellos cada año), con tan buena suerte que su trayectoria lo puso a una distancia apropiada para que los telescopios que escudriñan constantemente el cielo, lo descubrieran y estudiaran por un par de semanas. Nos referimos naturalmente al afamado Oumuamua (pronunciado correctamente "Ou múa múa").  Su observación dejo más preguntas que respuestas sobre lo que flota allá más allá de la última frontera.

No hay duda de que nuestra especie esta mostrando una precodidad exploradora que ni los más imaginativos filósofos de la antigüedad hubieran anticipado. 

En poco más de 100 años pasamos de levantarnos unos metros sobre el suelo en una bicicleta con alas, a lanzar "dardos" de aluminio y silicio contra rocas a horas luz de distancia; y hasta de soñar con perseguir objetos interestelares.

Aprovechando el nuevo hito de exploración que el New Horizons alcanzará este primero de enero de 2019, he aquí un repaso a algunos de esos hitos de exploración, del pasado lejano y del reciente y naturalmente, una descripción detallada de lo que puede llegar a significar el sobre vuelo del Ultima Thule.

Genes exploradores 

El origen de nuestra manía por explorar, "comenzó", posiblemente una mañana de algún día perdido en la oscuridad del tiempo, hace unos 70,000 años. 

Al amanecer de ese día, una pequeña comunidad (tal vez un puñado o unas docenas de individuos) decidió emprender lo que inicialmente era una jornada más de migración.

Algo secretamente escondido en sus genes, le dijo a los líderes de este pequeño grupo, que ese era el momento de caminar, con sus corotos y niños a cuestas, mucho más allá de los paisajes familiares del que ahora sabemos era el nororiente de Africa.

Alan Stern (derecha), líder de la misión New Horizons y el líder de una pequeña comunidad de Homo Sapiens hace 70,000 años (izquierda) tienen genes casi idénticos.  Entre su carga genética se encuentra una obsesión por la exploración que ha llevado a nuestra especie a explorar paisajes desconocidos simplemente porque están ahí.
Alan Stern (derecha), líder de la misión New Horizons y el líder de una pequeña comunidad de Homo Sapiens hace 70,000 años (izquierda) tienen genes casi idénticos. Entre su carga genética se encuentra una obsesión por la exploración que ha llevado a nuestra especie a explorar paisajes desconocidos simplemente porque están ahí.

Un paisaje que compartían con individuos muy parecidos a ellos, pero con los que no se habrían atrevido a intimar por siglos e incluso milenios.  

Cientos de generaciones de cruces entre primos cercanos y otros no tanto, habían aislado en este grupo de individuos rasgos físicos, enfermedades, gustos y hasta tradiciones, que sin porponérselo fueron la base para el surgimiento de una especie nueva.  Decenas de miles de años después un descendiente lejano la llamaría Homo Sapiens Sapiens.  

Dentro de esos rasgos aislados genéticamente por el cruce selectivo, habría uno que definiría el futuro de esta nueva especie (y aparentemente del planeta que les dio a luz). El impulso institivo por explorar territorios, montañas y ríos, más allá del mundo que conocían, no porque hubiera más o mejor comida, sino y como lo diría otro descendiente remoto suyo cientos de generaciones después, simplemente "porque estaban ahí".

La caminata no fue corta.  Muchos fueron los que murieron en el camino (dejando sus huesos para que otros exploradores descubrieran su aventura miles de años después). Fueron víctimas de fieras desconocidas que encontraron en su camino, así como climas extremos y mortales. Montañas y ríos con caminos azarosos.  Y hasta vecinos agresivos y territoriales, extrañamente similares a ellos mismos. 

No lo sabían, pero el camino que iniciarían aquella mañana, concluiría apenas 60,000 años después, cuando cada rincón de la superficie finita del planeta en el que descubrieron que vivían, había sido explorada o habitada por alguno de sus primos lejanos.

El mundo desde arriba

A pesar de ser un planeta con una superficie finita, la Tierra es jodidamente grande. Lo debería atestiguar el simple hecho que nos tomo 60,000 años caminarlo de "punta a punta", sin la ayuda de mapas, brújulas o GPS.  Todo un festín para nuestra manía exploradora.

Nuestros genes exploradores, seleccionados posiblemente en el mismo paquete que nos dio las ventajas para sobrevivir al mundo cambiante en el que perecieron esas otras especies parecidas a nosotros, encontraron siempre en este planeta enorme un lugar donde desfogar su irracional impulso. 

Un día eran islas en la mitad del océano a las que solo habían llegado pájaros o rep¡tiles en balsas improvisadas e impulsadas por una tormenta; al otro día eran continentes enteros, poblados y explorados ya por primos lejanos de los que habríamos perdido el rastro; una mañana era la montaña más alta en el horizonte, en la que solo crecía el musgo o en la que nada más grande que un pato podría soportar el frío, el viento y la falta de aire; a la noche siguiente era un abismo el fondo del océano.  Y la lista podría continuar casi indefinidamente.  

El planeta no parecía agotarse para nuestro irracional instinto explorador.

El paso siguiente fue explorar el aire. Un sueño casi infantil. Elevarse sobre el piso y ver el mundo desde un acantilado gaseoso. Moverse sin la incomoda necesidad de escalar, saltar, nadar.  

El 17 de diciembre de 1903 dos individuos de esta especie, Wilbur y Alfred Wright finalmente lo lograron.                                                                                                                                En una elaborada "herramienta", similar a una bicicleta con alas, consiguieron avanzar por una playa sin untarse de arena.                                                                                                No lo sabían cabalmente, pero daban a nuestros genes exploradores,  el mejor regalo en milenios. . . . 



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