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21 de febrero de 2019
MORIR PARA CONTAR . . . REPORTEROS DE GUERRA . Hernán Zin.
En ella rinde homenaje a todos los periodistas que se juegan la vida, como él, para que el mundo esté informado. Él mismo nos explica qué le llevo a hacerla y recogemos varios testimonios de algunos de sus protagonistas.

'Morir para contar':                                              El trauma de los reporteros de guerra.                                         

  Por : MARIBEL ESCALONA. 

Hernán Zin se transforma una vez más en director de documentales para mostrarnos 'Morir para contar', una película novedosa en su contenido.                                                                      En ella rinde homenaje a todos los periodistas que se juegan la vida, como él, para que el mundo esté informado. Él mismo nos explica qué le llevo a hacerla y recogemos varios testimonios de algunos de sus protagonistas.

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Profesionales como Gervasio Sánchez, Javier Espinosa, Mónica G. Prieto, Ramón Lobo, Manu Brabo, Maysun, David Beriain o Mónica Bernabé, entre otros, van desnudando sus sentimientos para armar un documental que se convierte en la historia de los últimos 30 años de actualidad contada desde el punto de vista más íntimo. Producido por Televisión Española, Contramedia Films y Quexito Films, Morir para contar es, sobre todo, un homenaje a los compañeros que nunca regresaron de la guerra. Profesionales como Julio Fuentes, Miguel Gil, José Couso o Julio Anguita, entre otros. Los reporteros, testigos de injusticias, guerras y muertes, confiesan que algo personal se va en cada una de esas pérdidas.

"Ver tanto horror me llevó a una depresión y hasta pensé en suicidarme”, dice Hernán Zin.                          Este argentino, reportero de guerra, escritor y documentalista, ha trabajado en más de cincuenta países de África, América Latina y Asia. De 2011 a 2015 trabajó como productor y cámara junto a Jon Sistiaga para Canal +.                                                                                                                                                                            Ahora deja su profesión de corresponsal de guerra para dedicarse a la creación de proyectos audiovisuales y para seguir escribiendo..

Te has pasado la vida viajando a países en situaciones de pobreza extrema y en conflictos armados. ¿Cuál fue el detonante para cubrir informativamente la primera guerra?
La suerte que siempre he tenido en la vida.                                                                                                              Nací en el seno de una buena familia (su padre es el senador italiano Claudio Zin), tuve una infancia estupenda y después, la posibilidad de viajar.                                                                                                            Ya de joven comprendí que debía devolver algo de lo que había recibido y como lo único que sé hacer es contar historias, empecé a hacerlo a través de documentales, de libros, de blogs…                                            Así podía dar voz a la gente que lo está pasando muy mal.                                                                                     
¿Qué años tenías cuando empezaste en este trabajo y qué te motivó a dejar una vida confortable?
Tenía 21 años y no fue un motivo religioso- soy ateo-; más bien era muy revolucionario de joven, aunque con el tiempo me he vuelto moderado. Con 20 años veía fácil cambiar el mundo pero ahora, con 46, ya no lo veo igual. Lo primero que hice fue viajar a Asia; allí estuve cinco años y al primer conflicto que acudí fue al de Camboya.                                                                                                                                                                   
En otros documentales anteriores has contado la difícil situación de los niños (Nacido en Siria o Nacido en Gaza) y de las mujeres explotadas sexualmente (La guerra contra las mujeres). ¿Qué te ha llevado a explicar el dolor del periodista en esta ocasión? 
Sufrí un incidente en Afganistán en 2012 que cambió mi vida. Los traumas acumulados durante 20 años de trabajo como reportero de guerra explotaron de repente y tuve un ataque de pánico.                   

Empecé a preguntarme un montón de cosas y empezaron la depresión, la soledad, las conductas autodestructivas…Tenia fobias, angustia a sitios cerrados e incluso me planteé el suicidio. En realidad lo que tenía era un episodio de estrés postraumático.                                                                                   

En ese momento me planteé si eso sólo me pasaba a mí o también a otros periodistas que cubren conflictos bélicos. Hablando me di cuenta que estamos todos bastante “tocados, así que este documental ha sido una especie de terapia colectiva. Y montándolo, he llorado lo que no está escrito.

¿Cuándo notaste que estabas mal? ¿En plena guerra o cuando estabas de vuelta a casa?
Ya tenía muchos síntomas, pero el detonante fue en Siria, cuando hice el documental Nací en Siria, donde estuve acompañando a los refugiados en su camino a Europa varias veces, con niños incluidos. Era el 2016, vine a España para los premios Goya y al día siguiente caí en una depresión profunda. Afortunadamente no tardé mucho en salir, pero la caída fue en picado. Busqué ayuda psicológica y empecé a trabajar en el proceso narrativo, muy bueno para enfrentarte a los problemas.

Tú eres el hilo conductor de toda la película.
Al principio no iba a salir; no me lo planteaba.                                                                                                  Fue Nerea Barros, que también produce esta película, quien me instó a que yo me desnudase emocionalmente y fuera el hilo conductor de todas las historias de mis compañeros.                                  Y acepté porque necesitaba entender qué me había pasado y por qué, era una especie de búsqueda personal para salir de ese agujero en el que me había metido. Y también lo he hecho para que la gente joven que va a empezar a ser corresponsal de guerra sepa que va a pagar un alto precio psicológico.     

El documental se ha convertido además en un homenaje a los reporteros españoles, porque en España os cuesta mucho apreciar lo que tenéis. Amo este país y por eso vivo en Madrid desde hace años y soy consciente de que aquí están los mejores reporteros del mundo, generación tras generación.                   

Al primer reportero al que acudiste fue Gervasio Sánchez. ¿Por qué él?                                                Porque es un referente muy fuerte en la profesión.                                                             

Un tío al que todos admiramos y ha marcado el camino. Para mí fue una sorpresa que él también hubiera sufrido estrés postraumático veinte años antes y fue él quien me abrió la puerta al resto de reporteros.   ¿Dónde hiciste la catarsis que necesitabas para estar bien? ¿Fue con este documental o con la escritura del libro Querida guerra mía?
Con las dos cosas. Querida guerra mía me ha ayudado a estar en paz con todo lo que he hecho y a mirar un futuro con optimismo a través del humor; el humor negro es lo que nos salva, lo que ayuda a sobrevivir. Y Morir para contar es lo mismo pero en plan serio. El libro es ficción, es una novela, pero tiene mucha verdad por la necesidad que tenía de escribirla. Necesitaba soltar, necesitaba reírme, necesitaba despedirme de un trabajo que he amado y decir que hasta aquí hemos llegado. La novela y el documental me han obligado a enfrentarme a todos mis fantasmas.                                                             

“Si algo me ha sorprendido de la guerra es que la ordenan los adultos, pero la hacen los niños”, aseguras en el documental.

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Los soldados son muy jóvenes y no son conscientes del precio que van a pagar.                                 

Yo tampoco sabía que iba a pagar tan alto precio por mi trabajo, por mi forma de vivir…Vamos a la guerra en busca de aventuras pero volvemos con una maleta cargada de cadáveres.

¿La mujer y los niños son las mayores víctimas de los conflictos armados?
Sí. La violación de mujeres de todas formas inimaginables, en grupo, hiriéndolas y cortándolas al tiempo, se ha convertido en un arma de guerra. Y la aplicaron a rajatabla en El Congo, Sudán, Ruanda, Uganda o en Bosnia, que está aquí al lado. ¡Una brutalidad! Es una forma horrible de hacer una limpieza étnica, usando el cuerpo de la mujer como botín. Y lo increíble es que esto ha sucedido diez años antes del Me too y las mujeres violadas cuentan todo delante de la cámara con gran valentía. Y los niños que han sufrido un conflicto bélico, desgraciadamente son chicos sin futuro o con el futuro mermado.

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La familia, los padres, las esposas o maridos y los hijos, son los que pagan el pato del trabajo del reportero. 
Así es. Nuestro oficio es muy egoísta porque pones en situación límite a la gente que te quiere.       

Yo siempre he pensado que si me pasaba algo, era una putada que hacía a mi familia. Pero como dice David Beriain en la película: “he tenido la suerte de estar rodeado de gente que me quiere”. Mi madre y mi padre han sido muy generosos y siempre me han alentado a hacer lo que yo quisiera.

¿Te has planteado tener hijos?
Nunca quise tenerlos por eso precisamente. Torturar a mis padres ya me parecía demasiado fuerte como para torturar a mis hijos. Ahora que acabo de dejar la guerra, veré si tengo hijos o no, porque es maravilloso escuchar a Javier Espinosa y Mónica Prieto cómo hablan de los suyos en el documental y lo valores que les han inculcado. Esos niños tienen suerte por el ejemplo que tienen en sus padres.

¿Tienes sensación de haber sacrificado muchas cosas por el camino?
Sí. Por ejemplo, nunca he tenido unas vacaciones normales, en pleno mes de agosto, para irme por ahí con mis amigos. Nunca he tenido un puesto de trabajo, siempre he sido “freelance”. Nunca he tenido mucho dinero…Cuando la gente está construyendo su propia historia, tú estás en otra cosa. Pero no puedo quejarme: he estado en más de 50 países, también me he divertido mucho, he conocido desde la madre Teresa de Jesús hasta Denis Mukwege, el Nobel de la Paz de este año, que es muy amigo mío. He tenido una vida interesante y he sido libre, pero llega un momento que no puedes más ni física ni emocionalmente.



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