Jueves 24 de Septiembre de 2020

Hoy es Jueves 24 de Septiembre de 2020 y son las 21:28 Tomemos Conciencia. "No me preocupan los corruptos y ladrones." Me preocupa todo un pueblo que mira con indiferencia el comportamiento mafioso.

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6 de diciembre de 2019

NO SON . . . “PRESOS POLÍTICOS” . . .

SON . . . “POLÍTICOS PRESOS”.

NO SON       “PRESOS POLÍTICOS”,                              

SINO            “POLÍTICOS PRESOS”.               

Por :  Enrique Guillermo Avogadro.   

Forzosas comparaciones.

Los hechos no dejan de existir porque sean ignorados”.             Aldous Huxley.

Estas semanas están dejando a la vista algunos escenarios que obligan a 
su cotejo, y me refiero tanto a la Argentina cuanto a Colombia y Chile o a 
Uruguay. 

Tienen que ver, por ejemplo, con los políticos presos, con transiciones 
gubernamentales, con violentos conflictos sociales, con las agresiones
 sexuales y hasta con los zapatos. Comencemos entonces.


El jueves, una patética –por lo magro de la concurrencia- manifestación 
reclamó la libertad de algunos angelitos detenidos.                                 
Entre los enrejados convocantes se encontraron Amado Boudou, Julio de Vido, Roberto Baratta Luis D’Elía, Lázaro y Martín Báez, Juan Pablo “Pata” Medina y Milagro Sala, todos condenados en varias instancias por delitos que van desde 
falsificación de documentos, apropiación de la fábrica de dinero, el crimen 
de Once, malversación de fondos públicos, asalto a comisarías, lesiones 
graves, amenazas, tentativas de homicidio, etc.; en resumen, por casi todo
 lo previsto en el Código Penal.                                                       
Ricardo Jaime, en idéntica situación, tuvo la decencia de abstenerse de participar del reclamo.

Se dicen presos políticos pero sólo son políticos presos. 

Eso, en sí mismo, no debiera revestir gravedad alguna porque, estando los
hechos probados, prefieren hacer uso de otra defensa: ocultarlos detrás de
una supuesta persecución de Mauricio Macri, exactamente lo mismo que 
hicieron ya muchos otros, comenzando por la Vicepresidente electa, la 
inefable Cristina Elisabet Fernández quien, seguramente, desplegará sus 
innegables dotes histriónicas en igual sentido cuando preste declaración 
indagatoria el lunes, en una de las muchas causas ya elevadas a juicio.


Pero, en cambio, adquiere otra significación con las afirmaciones del 
profesor Alberto Fernández, que adoptó como propia esa postura y 
reclama la inmediata libertad –y la consecuente impunidad, por la teoría 
del lawfare- de todos esos presos y las “explicaciones” de los jueces que 
los procesaron y condenaron; es la misma actitud que adoptó con Luiz 
Inácio Lula da Silva, a quien un tribunal colegiado le agravó esta semana 
la pena.

La Comisión Bicameral de Legislación Penal puso en vigor un límite a la 
arbitrariedad de los magistrados ante las prisiones preventivas, y ello es 
verdaderamente positivo.                                                 
            Sin embargo, la penosa comparación surge de la reiterada discriminación que sufren, al respecto, los ancianos militares presos, los menos iguales ante la ley.

Para ellos no aplican estas limitaciones procesales ni los principios de inocencia, de irretroactividad de la ley penal, del juzgamiento por jueces naturales y de legalidad. 
Para no extenderme en cifras de afectados, sugiero leer la carta que 
publicó Monseñor Santiago Olivera, Obispo Castrense de la Argentina, 
publicada hace pocos días.


La segunda comparación se produjo con las elecciones uruguayas, en las 
cuales una gran alianza de partidos, que llevó como candidato a Luis 
Lacalle Pou, le ganó al Frente Amplio después de quince años de 
hegemonía de la izquierda. 

La conducta de triunfadores y perdedores dio una lección de democracia a 
una región convulsionada; para demostrarlo bastó la elegancia de quienes
abandonaran el poder frente a quienes los sucederán, y el encuentro en la
 calle de dos masivas manifestaciones de signos opuestos, que terminó 

con mates compartidos y el canto del himno nacional. 
                            
Desde otro ángulo, dando una nueva lección de civismo, el nuevo mandatario tendrá un gabinete ministerial en el que participarán todos los partidos aliados.


Y esa clase de democracia viene a cuento por la diferencia que establecen
el Presidente argentino y su Vice con respecto a los regímenes que 
gobiernan en América del Sur. 

Califican como golpe de Estado los procesos que llevaron a la destitución 
de Dilma Rousseff en Brasil y a la renuncia de Evo Morales en Bolivia, 
pero defienden la subversión que desató Rafael Correa en Ecuador contra 
el Presidente Lenin Moreno para intentar regresar al poder,
y nada dijeron 
para respaldar a Sebastián Piñera, en Chile, a Martín Vizcarra, en Perú, o 
a Iván Duque Márquez, en Colombia, frente al vandalismo terrorista. 

 

Tiene antecedentes su conducta actual, ya que la remoción por el     
Congreso del ex Obispo Fernando Lugo, les sirvió como excusa para 
excluir temporariamente a Paraguay del Mercosur y permitir la entrada, 
por la ventana, de Venezuela al organismo regional.


La disertación de Alberto Fernández ante la Unión Industrial Argentina y, 
concretamente, su manifiesta intención de impedir la entrada de zapatos 
de Brasil, sirve para entender qué pretende hacer con la industria argentina
la cual, de la mano del Frente para Todos, volverá a gozar del más insano 
proteccionismo, que tanto daño ha hecho al país y a sus habitantes, 
obligándolos a comprar caro y malo, a contramano total de cuanto han 
hecho otras naciones que crecieron, entre ellas el propio Brasil, que 
exporta al mundo desde aviones hasta ojotas.


A partir de 2005, he escrito varias veces sobre este tema (por ejemplo acá).
Como puede verse allí, la solución real no puede ser más sencilla y, de 
adoptarse, esa misma industria que, tradicionalmente, ha pescado en la 
bañadera y cazado en el zoológico, generaría las indispensables divisas 
que necesitamos para pagar nuestra deuda y muchísimos puestos de 
trabajo.

Si, en lugar de ello y como ha prometido el Presidente electo y 
demostradamente vicario, se refuerza el cierre y la falta de competitividad 
de nuestra economía, el círculo vicioso en el que nos movemos hace tantas
décadas seguirá siendo la clara explicación de nuestra increíble 
decadencia.


Finalmente, el estruendoso silencio de Cristina Fernández y de las 
organizaciones feministas ante las acusaciones a José Alperovich por 
violación, clama al cielo, por comparación, contra al verdadero linchamiento
mediático que, por delitos menos graves que los imputados al Senador 
kirchnerista, practicaron contra el actor Juan Darthés.

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