Viernes 4 de Diciembre de 2020

Hoy es Viernes 4 de Diciembre de 2020 y son las 07:32 Tomemos Conciencia. "No me preocupan los corruptos y ladrones." Me preocupa todo un pueblo que mira con indiferencia el comportamiento mafioso.

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5 de junio de 2020

El periodista y la dueña . . .

de la mansión-Videos .

El periodista . . . 

y la dueña de la mansión.

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Bastó que un periodista se mostrase dolido en TV por no poder conocer a su sobrina recién nacida para que floreciera un concepto del relato: 

“Militantes contra la cuarentena”.

Por :  Osvaldo Bazán. 

Un periodista que ha investigado casos de corrupción (casos que muchas veces gracias a sus investigaciones, llegaron a la justicia que finalmente pudo probar que esas denuncias periodísticas tenían sustento) cuenta por televisión que ha nacido su sobrina y que por la sesentena, no ha podido conocerla.                                           

Que su madre no ha conocido a su nieta, que sus hijos no han conocido a su primita, que su esposa no pudo saludar a su cuñada, dice el periodista de investigación.

Y se pregunta, el periodista que ha investigado casos de corrupción, si no hay otra salida, si sólo es el encierro, hasta cuándo puede aguantarse, qué otras propuestas pueden pensarse. 

Pone en el centro de la discusión un tema humano. 

Sabe, como buen comunicador, que no está hablando sólo de su pequeño mundo.

Que si la separación familiar sólo le ocurriese a él -por más importante que sea cualquier hombre, siempre, en el destino de la humanidad- no sería relevante.

Pero el periodista de investigación sabe que su drama es significativo no por excepcional, sino por común.

No es noticia porque no le ocurre a nadie sino porque lo están sufriendo todos. 

Sesenta días después es difícil abrazar la sesentena porque a la sesentena le salen espinas y protuberancias molestas. 

Entiende el periodista frente a la cámara que está planteando un tema que es preocupación en cada casa.

Todavía no se sabe qué va a pasar al final de todo esto, si habrá más divorcios que embarazos o viceversa, si los chicos olvidarán fácilmente este drama, si la soledad de los mayores podrá ser curada en zoom.

Pero algo definitivo está pasando en las emociones de todos nosotros; algo inédito, entre otras cosas porque nunca nos pasó que nos encerraran a todos durante más de sesenta días.

Y todo esto sin siquiera cuestionar la intencionalidad del encierro; incluso aceptando que el fin sea altruista, humanitario y solidario, nunca antes pasó.

Por eso es bastante lógico hacerse preguntas.

Nos hacemos preguntas porque no somos esclavos ni animales.

Nos hacemos preguntas porque podemos.

Nos hacemos preguntas porque no somos del grupo que cree que la duda es la jactancia de los intelectuales.

Nos hacemos preguntas porque buscar respuestas es lo que nos hace mejores.

Bastó que un periodista de investigación se mostrase dolido en televisión por no poder conocer a su sobrina recién nacida para que se desatara uno de esos dispositivos que una facción argentina tan bien maneja y tantos dolores nos trajo en el siglo XXI: tardaron nada en armar un operativo basado en el supuesto de lo que el periodista dijo y quiso decir.

Una de las maniobras más perversas que usan estos cosos es primero configurarte como esperan que seas, hacerse una imagen muy clara de todo lo horrible que sos y después, ir contra esa imagen.

Como si esa imagen fuera la verdad, como si la realidad es eso que nace en sus cabezas.

Se arman unos enemigos a la medida de sus prejuicios, sus pesadillas. Son entonces el muchachito que salva a la princesa de las garras del ogro. Porque en su relato son héroes y todos los que no son ellos mismos, son ogros. 

Es cierto, es fácil pelear contra imágenes que condensan todo lo malo.

No enfrentan la realidad, enfrentan lo que imaginan que es la realidad y desde ahí despliegan un arsenal de violencia simbólica –y a veces no tanto- que funciona como disciplinador.

Es más fácil pelearse con una imagen que uno inventó con sus prejuicios que enfrentar la realidad, por un lado tan llena de caprichos y matices y por el otro, tan formada con números inapelables y situaciones concretas.

Siempre es más fácil gritar “¡Buuu” con la manada que profundizar las causas del abucheo.

Aplicado este operativo a los cuestionamientos del periodista que por televisión contó que no pudo ver a su sobrina recién nacida lo que floreció fue un concepto estereotipado y binario: “Militantes contra la cuarentena”. Salieron en masa tanto los fanáticos a los que no les importa ser llamados así como los fanáticos que se disfrazan de moderados porque parece que en el fondo algo de vergüenza les queda.

“Militantes contra la cuarentena”.

Nunca fue tan claro el manoseo verbal.

En ningún momento el periodista “militó contra la cuarentena” pero después del patrullaje se hizo más difícil plantear un interrogante sin recibir un “querés que mueran 20 mil personas”.

.No, claro que nadie quiere que mueran 20 mil personas. 

Luchen contra sus pesadillas pero no las confundan con la realidad. 

Entonces aparece la presentadora televisiva que poco días antes había mostrado su mansión de dudoso gusto en revistas de la farándula dictándole al pueblo que debía quedarse en sus casas y, a pesar de sus obvias referencias diarias contra el bullyng, y sus monsergas superficiales sobre solidaridad, feminismo, empatía, no dudó en aprovechar una entrevista con un médico para burlarse de los sentimientos del periodista de investigación, con una carga de odio que fue acríticamente saludada por sus compañeros del programa de televisión vespertino que la conductora de la mansión dirige.

La peste le ha tocado al mundo como decenas de veces ha ocurrido en su historia. Decir que ha sido generada por el neoliberalismo y que acabará con él es desconocer que existían desde mucho antes que el término fuera inventado. Pero otra vez, eso no importa. Importa luchar contra las pesadillas propias, rescatar a la muchacha y salvar el mundo. 

El mundo mira para otro lado porque ya sabe que el destino de estos charlatanes es, finalmente, el desprecio histórico. Pero si bien la peste le ha tocado al mundo, no a todos nos ha tocado igual. Sentado frente a mi computadora, con una ventana donde entra todo el sol del sábado, sabiendo que el mes que viene alguien depositará dinero en mi cuenta porque he podido cumplir el trabajo, mi preocupación por mi propio fin de mes, es hoy bastante menor que la de millones de argentinos que no tienen esto que hoy es un privilegio y que no debería serlo. ¿Cómo no vas a tener una ventana con sol y el pago a fin de mes, si estudiás y te preparás y trabajás? Bueno, millones no lo tienen. Y se bancaron, millones, un encierro de 60 días porque entendieron que era la forma en que nos dijeron que se “aplanaba la curva”. Nos dijeron que había una montaña allá adelante y que había que aplanarla. Pero lo que hay allá adelante es un horizonte y al horizonte no se llega. Caminás pero el horizonte camina con vos. Y sigue tan lejos como el primer día.

Sólo que millones de argentinos no tiene la fuerza del primer día. Por eso que el presidente Fernández Coso de Kichner diga “hacer la cuarentena no es un sacrificio”, como dijo esta semana, es muy doloroso para mucha gente que descubre así que sus dirigentes no son conscientes del sacrificio realizado.

Sí, es un sacrificio. Y la desconexión es total.

Algunas horas después de la frase del presidente Coso dicha en Tucumán, a pocos kilómetros de ahí, y mientras el presidente se sacaba fotos con el gobernador en un hotel de la zona, se buscaba un desaparecido en democracia, el trabajador rural Luis Espinoza, de 31 años, que no sabía leer ni escribir y tenía 6 hijos.

Días antes la policía y por supuesta desobediencia a los decretos que impiden la movilidad en medio de la cuarentena, le había disparado a la cabeza a Luis.

Fueron los mismos policías que lo mataron, los que tomaron la denuncia por desaparición a los familiares y después metieron el cuerpo en un auto, lo envolvieron en bolsas y lo tiraron por un precipicio en Catamarca. 

Algún día, algún intelectual deberá explicar por qué no hay indignación nacional por este caso. 

Quizás el presidente y su dedo acusador, su cara patrón diciendo que “me ocupé personalmente de ver dónde estaba” o gritando “vamos a perseguir penalmente” al surfer abrió las puertas de todos los demonios armados.

Finalmente se supo que ni Espinoza ni su hermano habían roto la cuarentena.

Habían cobrado la miserable pensión de su madre y se la estaban llevando.

Ayer en conferencia de prensa el presidente dictó qué nos podía angustiar y qué no.

Nadie se animó a tanto.

Los números de caídas de producción industrial son históricos, nunca se llegó a estas cifras desde su creación en 1993, superando por mucho a la de la crisis del 2001.

¿Cómo no es un sacrificio?

Las ventas minoristas cayeron un 60% con respecto a abril del año pasado

¿Cómo no es un sacrificio?

O quizás tenga razón el presidente y por una vez haya dicho la verdad, quizás la pandemia haya sido sólo un empujón más hacia el abismo: el propio INDEC reconoció que la caída de la actividad económica en marzo fue de 11,5 y marzo sólo tuvo 7 días de cuarentena.

Con la tímida apertura de las últimas semanas se pudo ver un panorama desolador en la mayoría de los centros comerciales del país.

Hay persianas que ya no se levantarán.

El paisaje de pisos sucios, correspondencia sin abrir y carteles de “se alquila” es una escenografía inevitable. 

Hicimos la sesentena y fue un gran sacrificio, el Presidente Coso no lo habrá notado, ocupado como está en recibir dibujitos de los hijos de sus fanáticos.

Hay gente que sencillamente, no puede más. No es una postura ideológica.

No puede más.

.No está en contra de los cuidados propuestos.   No puede más.   No desprecia la vida como valor sagrado.

No puede más. Le explota la cabeza, le explota el corazón, le explota el bolsillo.

No puede más. Al menos a mí, desde mi ventana con sol y cierta certeza del cheque depositado en algún momento del mes, me da mucha vergüenza amonestar a esa gente y decirle “militantes contra la cuarentena”.

Pero debo reconocer que nunca me gustó inventar un enemigo a medida y salir en masa a denunciarlo.

Nunca me sentí a gusto con el fascismo.

El periodista que no puede visitar a su nueva sobrina investigó el direccionamiento de contratos millonarios de Aysa con la empresa Odebrecht.

A fin de la semana pasada se supo que el juez de la causa pidió que se cierre la instrucción del caso para que comience el juicio oral.

El juez ya determinó que se celebró “un acuerdo espurio entre funcionarios públicos y empresarios, motivados en el pago de sobornos” y que también “tuvo como intermediario, en este caso, entre funcionarios y empresarios a Jorge Ernesto Rodríguez quien, a través de la firma uruguaya Sabrimol Trading S.A, recibió una totalidad de 6.450.000 dólares”.

Por eso Jorge Ernesto Rodríguez está procesado como “partícipe secundario”, porque fue responsable de la ingeniería jurídica y contable que sostenía el funcionamiento de la “caja negra” como calificó el juez la off shore donde entraron los sobornos de Odebrecht.

El “partícipe necesario” pasa su cuarentena con la presentadora de televisión en esa mansión de dudoso gusto que ostentaron en las revistas de la farándula. Son pareja.

Verónica Lozano habló sobre los cuestionamientos que recibe de su ...                                      Veronica Lozano y Jorge Rodriguez.

Cuando una imagen es más que mil palabras.

Ella pelea contra sus demonios. Una manera como cualquier otra de no enfrentar la realidad.

 

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