Domingo 9 de Agosto de 2020

Hoy es Domingo 9 de Agosto de 2020 y son las 02:46 Tomemos Conciencia. "No me preocupan los corruptos y ladrones." Me preocupa todo un pueblo que mira con indiferencia el comportamiento mafioso.

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27 de julio de 2020

EL NARCOTERRORISMO, EL ESTADO NACIONAL, LA DEMOCRACIA Y LAS FFAA.

Gral. HERIBERTO JUSTO AUEL– Presidente IEEBA
“Lo esencial es invisible a los ojos”. de Saint Exupery.

  1. La naturaleza de los nuevos riesgos estratégicos.
  2. La perversa legislación de Seguridad Nacional, en el año 2014.
  3. La Democracia y la política de los derechos humanos.
  4. Las FFAA y el narcoterrorismo.

 

  1. La naturaleza de los nuevos riesgos estratégicos.

A partir del documento del Episcopado Argentino referido a la grave situación actual de inseguridad nacional y en particular al acelerado avance del narcotráfico, se han producido algunas discusiones y entredichos entre personas no especializadas en el tema -que ya comentáramos en un trabajo anterior (1)- pero que, dada su condición de dirigentes acarrean una gran confusión en “el hombre de a pie” y puntuales reacciones de impotencia colectiva, no deseadasEl tema central de la controversia dirigencial estuvo y está referido al “empleo de las FFAA” en la lucha contra el narcoterrorismo y -como ya lo hemos dicho- esta es una disputa equivocada, falsa e inconducente.

Hemos encabezado este trabajo con una frase de Saint Exupery que creemos necesario explicitar,  como condición necesaria para entender que el citado entredicho entre legos, es ocioso.                                                                         

Si los sentidos -Saint Exupery dixit- no nos muestran lo esencial, ¿con qué sensores podemos penetrar en la profundidad del concepto, que es donde lo esencial anida?

En primer término debemos entender la naturaleza del fenómeno.                                        De lo contrario nos equivocaremos de instrumental para ingresar a su análisis y a su resolución.                                                                                                                                        El narcoterrorismo, como tal, ¿configura un delito común?, ¿es un tema meramente policial?                                                                                                                            O, por el contrario, es un fenómeno político-estratégico que afecta al Estado -en todos sus niveles- vaciando a sus Instituciones y corrompiendo espiritual y físicamente a la sociedad, hasta desintegrar a ambos,   alcanzándose los estadios de “Estado Fallido” y de “sociedad transculturizada y mafiosa”.

Nuestra ciudadanía intuye que éste último es el curso que hemos seguido -en las últimas décadas- y que en los últimos años su ritmo de avance ha aumentado progresiva y aceleradamente, dejando una estela de profunda tensión social y muerte, en todo el país.

El lego observa -en superficie- aquello que le aportan los sentidos. Por falta de formación específica en lo que hace a la Seguridad Nacional, entiende que puede resolver el nuevo desafío que perturba” a la sociedad, aumentando la presencia policial, comprando más patrulleros, aumentando el “control civil” sobre las policías, mejorando el control electrónico y algunas otras medidas operativas, entre ellas convocar a las FFAA. Y se equivoca.

Como con dichas medidas no se lograron soluciones, el improvisado piensa que debe recurrir a las FFAA para aumentar el “poder de fuego”. Grave error. No es una cuestión cuantitativa ni operativa. La solución se alcanzará el día -que esperemos llegue cuanto antes- en que se entienda la naturaleza de los nuevos desafíos estratégicos.

Hay dos grandes obstáculos que hasta hoy impiden alcanzar dicha solución:

  • la perversa legislación de Seguridad Nacional y
  • la política ideologizada de derechos humanos, que se inauguró con el decreto 158/83 y se reabrió -aun con mayor vigor- con la “anulación” de las leyes de “punto final” y “obediencia debida”.

Estas dos “vacas sagradas” cuentan con el apoyo de la progresía política, el garantismo judicial y la evidente ignorancia de los funcionarios del área de Seguridad Nacional que nos han llevado a la inédita situación actual -leída habitualmente como “ausencia de Estado”- y que generalmente no se abarca en su naturaleza.          Nuestro Instituto entiende -luego de años de análisis y conocimiento directo de los principales actores- que la rampante inseguridad que nos aflige es clara consecuencia del extravío político de nuestros dirigentes pseudo-revolucionarios, a lo largo de las últimas décadas. No porque ellos estén errados en su representación intelectivasino porque han creado una falacia –“o relato”- que les permite vaciar a las instituciones del Estado y quebrar la cultura de nuestra sociedad, a fin de alcanzar los objetivos impuestos por las internacionales de La Habana y París. Se trata de una minoría neo-marxista, corrupta, extemporánea y dogmática.

Mientras el petro-dólar abundaba, la pseudo-revolución encubierta progresó con rapidez pero, cuando debió apelar al narco-dólar la sociedad conformista y anestesiada por una comunicación social intensa, empezó a despertar.                                                                                    

El preexistente narcoterrorismo emergió brutalmente.

Éste el momento histórico en que los dirigentes no comprometidos con el Foro de San Pablo deberían aprovechar para cortar el rumbo que nos lleva a la disolución. Ello exige terminar con los mitos que sostienen a las absurdas falacias y, a su vez,  recuperar el coraje que es propio de los hombres cultos, con sanas convicciones morales, levantados objetivos políticos y capaces de operar en unidad.  

  1. La perversa legislación de Seguridad Nacional, en el año 2014.

Cuando terminó la guerra fría -1989/1991- nuestro país estaba en las mejores condiciones para cumplir con la responsabilidad liminal y primaria del Estado -su razón de ser- que es la de dar Seguridad a nuestros ciudadanos. Teníamos duras y propias experiencias, ganadas por haber peleado dos guerras en la segunda mitad del siglo XX.                          Una guerra muy limitada -contrarrevolucionaria- entre 1959 y 1988 y una guerra limitada -contra la NATO- en 1982.                                                                                                              Esas experiencias sangrientas, vividas por todos los argentinos, eran insoslayables e invalorables para intentar superar las grandes falencias estructurales de nuestro cuasi-Estado que habíamos somatizado durante décadas y que terminaron llevándonos a las derrotas. Sin embargo, no fue así.                     

En 1983 el nuevo gobierno “democrático” puso proa al pasado y agravamos las “crisis de arrastre”, llevándolas a la actual progresiva “decadencia”.                                      La derrota en el Atlántico Sur trajo el colapso del “Proceso” y también el colapso psicológico de los argentinos, que facilitó el “trastrocamiento” de su victoria sobre el terreno frente al terrorismo revolucionario, en derrota estratégica. Se inició así -de inmediato- la explotación política de la derrota estratégica.

El intento del EMCFFAA -en el año 1984- para alcanzar la reforma estructural e integral de la Seguridad Nacional, fue desbaratado por el “entrismo” que el terrorismo revolucionario ya había logrado en los grandes partidos políticos (2) y por la colaboración inconsciente de superficiales “pescadores en aguas revueltas”. Una de sus  consecuencias fue la perversa legislación de Seguridad Nacional que se promulgó en 1988 -Ley de Defensa Nacional-; en 1991 -Ley de Seguridad Interior- y en el 2006 la Reglamentación de la Ley de Defensa Nacional, temas que hemos desarrollado extensamente en la “Conferencia Sub-regional 2011”, en Santiago de Chile (3).

Esta perversa (4) y extemporánea legislación de Seguridad Nacional desorganizó aun más al Estado e impulsó -desde su promulgación- la escandalosa situación de inseguridad e indefensión que ha alcanzado, en el año 2014, un nivel explosivo. Aunque -por su irracionalidad- pareciera imposible, dichas leyes establecen que las nuevas amenazas y riesgos estratégicos no existen ni existirán dentro de nuestro país cuando justamente, en la actual circunstancia internacional, el 99% de las guerras son interiores. Es decir, guerras civiles.

Al no reconocer a las “nuevas amenazas y riesgos estratégicos posguerra fría” en su verdadera naturaleza estratégica –les otorga categoría de delito común-, esta perversa legislación deja a las FFAA sin sus misiones constitucionales y le entrega al “esfuerzo nacional de policía” la responsabilidad de asumir los desafíos estratégicos en acto -de carácter inédito-, que le es imposible asumir por carencias metodológicas de planificación y carencias jerárquicas e institucionales para el desempeño de la acción conjunta-combinada, que los nuevos conflictos exigen. Teniendo a la vista las graves consecuencias de estos absurdos conceptuales, creemos que no es necesario profundizar aun más en éste puntual análisis.

La consecuencia directa de éstos despropósitos legislativos ha sido la parálisis institucional y temporal de las FFAA que, en combinación con la ausencia de un mínimo presupuesto financiero y el ex abrupto del “jus post bellum” -derivado del Decreto 158/83, que hemos tratado en el punto 1.-, dan como natural conclusión que la conducción política argentina ha decidido no tener FFAA en el Estado Nacional, a pesar del doble “estado de guerra” en que nos encontramos (1) y (2).

El Estado Nacional ha perdido su núcleo duro –“razón de fuerza y fuerza de razón”-, la Política Exterior su sostén disuasivo y la Política Económica su principal promoción tecnológica. Y, si la Política de Defensa se construye con materia de las dos citadas anteriormente, que en verdad tampoco existen, entendemos y justificamos que desde el exterior se nos diga -con verdad- que “la Argentina es el país que va a ninguna parte” (5). Sin embargo, hay consecuencias aun más graves que éstas que objetivamente están en superficie. Aquellas son las centrales, “invisibles a los ojos”. Las trataremos más adelante.

3 La Democracia y la política de los derechos humanos.

Así como el Grl San Martín salió a campaña en 1817 para llevar la independencia a la región, dejando a su espalda un país sumergido en la guerra civil; en 1982, cuando el RU produce la agresión -con un   incidente provocado en Gritviken- y la Argentina reacciona militarmente, también reteníamos un severo “estado de guerra civil revolucionario”, en todo el país.

En ese año 1982 -en el ámbito de la “larga guerra civil revolucionaria” (2)- las FFAA, de Seguridad y Policiales ya habían triunfado en todos los combates, pero el enemigo terrorista-revolucionario aun “mantenía su actitud hostil”, como la mantiene hoy.

El solapamiento de la guerra “no convencional” con la “convencional” no ha tenido mayor tratamiento entre nosotros y es central empezar a hacerlo, pues allí está el eje del “trastrocamiento” (1) de la victoria en combate contra el enemigo revolucionario, en la derrota estratégica-política de la Nación  Argentina, que aun hoy soportamos. A partir de 1983 el “entrismo de izquierda” -iniciado en los ´60 y consolidado en los ´80- en los partidos políticos tradicionales, llegaba por vía electoral al gobierno nacional y la victoria táctica argentina -en la guerra civil revolucionaria- fue “trastrocada” en derrota política-estratégica. El citado Decreto 158/83 fue el pivote, el punto de inflexión.

Así como Churchill fue responsable directo del bombardeo arrasador sobre Dresde, a fines de la II GM,  el RU -como Imperio fundador del moderno Derecho Internacional Público- tuvo también una gran responsabilidad en el “jus post bellum” desarrollado en Nüremberg. Esta fue la fuente que eligió el Dr. Nino para asesorar al presidente electo Alfonsín en la redacción de Decreto 158/83, firmado pocas horas después de asumir la presidencia, el 10 Dic 83.

La guerra del Atlántico Sur había terminado pocos meses antes de esa fecha y los ingleses asumieron  que no fue “un paseo”, -“No Pic Nic”-. El citado decreto seguramente vino redactado desde Londres y llevaba en sus entrelíneas los “huevos de la serpiente” (1). Londres conseguía, con su acostumbrada estrategia de aproximación indirecta -a partir del decreto-, imposibilitar una nueva reacción militar argentina que los británicos ya no podrían responder con legitimidad alguna. La “dictadura”, que les había servido como excusa, ya no gobernaba en Buenos Aires. Al llevar a las Instituciones Militares al banquillo penal federal, judicializaban al hecho socio-político guerra -no judiciable- y anulaban el espíritu guerrero de la Nación Argentina. El lema comunicacional fue: “Por la Vida”.

El complemento eficiente de los efectos del decreto fue operado por el CELS, sostenido por los angloamericanos, como lo demostró largamente Carlos Manuel Acuña en numerosos trabajos y exposiciones públicas. Esta ONG -durante décadas- construyó la “política de derechos humanos” que manipuló a la opinión pública y permitió la desarticulación y vaciamiento institucional del Estado, sin que haya existido una seria reacción social relacionada con ésta maniobra que, por el contrario, encontró gran consenso. La Argentina inició su desarme unilateral, espiritual y militar. Los militares fueron llamados “genocidas”, los niños dejaron de cantar Aurora o la Marcha de San Lorenzo, los mástiles urbanos quedaron desnudos… La identidad de los argentinos fue demolida, progresivamente.

Además, el CELS seleccionó durante décadas -a través de la Comisión de Defensa del Senado- todos los ascensos y nombramientos del alto mando militar y de los Jueces y Fiscales Federales -a través del Consejo de la Magistratura-. El montonero Horacio Verbistky, presidente del CELS, corporiza en él ésta extraña síntesis de mandantes estalinistas y liberales-democráticoscon un objetivo compartido, que tanta confusión ha traído a nuestro “hombre de a pie”.

 

En el presente año 2014 la Argentina retiene abiertos dos “estados de guerra” (2). Uno correspondiente a la “guerra civil revolucionaria” -hoy con soporte en el complejo narcoterrorismo- y el otro en el “Atlántico Sur” -hoy, aun más que ayer, frente a la NATO-. El país somatiza una fuerte crisis-decadencia generalizada –derivada de dichos “estados de guerra”- con una sociedad anómica y confundida, en “asamblea permanente”, la economía “en default”, la Gran Política inexistente y el riesgo del “Estado Fallido” a la vuelta de la esquina.

Todo esto ha ocurrido -desde 1983- en nombre de la “democracia”. Quien quiera intentar poner en evidencia la manipulación social a través de la “política de los derechos humanos”, es inmediatamente inculpado de panegirista de “la dictadura”, de “fascista” o llevado a la Justicia por “apología del delito”. Es la “democracia” que admira, visita y se orienta en la Habana, con los hermanos Castro, como lo han hecho los presidentes del “socialismo siglo XXI” -en artículo mortis- hace pocas semanas.

 La “democracia” de nuestros progresistas neo-marxistas no es la que tenemos internalizada según  nuestra tradición política. Es la “democracia” de partido único: la del partido comunista encubierto. Es el objetivo que los “pseudo-revolucionarios” han perseguido permanentemente en las últimas décadas en etapas sucesivas y diferenciadas. Cuando el sigilo de ésta maniobra fracasaba, en 1987, produjeron el inexplicable asalto al cuartel del RIMec 3, en La Tablada. Fracasaron, pero, si hubiesen tenido éxito anulaban las elecciones en curso -que ya tenían perdidas- y creaban el “Tercer Movimiento Históricoel partido único de Alfonsín-Cafiero.

Agotado en el 2013 el proyecto del “Socialismo Siglo XXI” y perdida la fuente de petro-dólares venezolanos, el Foro de San Pablo -en su “XIX Encuentro” en la ciudad de San Pablo 30 Jul/04 Ago 13-,  ha impulsado la nueva etapa revolucionaria iberoamericana con el apoyo del narco dólar y un cambio en las prioridades.

Pasa a primera prioridad el control de los Sistemas Judiciales del subcontinente y las reformas constitucionales, donde fuere necesario. El “a fin de”, se mantiene: lograr el partido único, la democracia de partido único”. La reforma propuesta del Código Civil y Comercial apunta decididamente a ello, con el apoyo de la reforma del Código Penal.

  1. Las FFAA y el narcoterrorismo (7).

En numerosos trabajos publicados en nuestra Página Web -www.ieeba.com.ar- planteamos la acelerada y camaleónica evolución de la guerra. Hace doce años, decíamos allí:

“La seguridad estratégica de nuestra nación está en grave riesgo debido a que nuestros gobernantes intentan manejar conflictos del siglo XXI con conceptos del siglo XIX y no existe una adecuación, en lo que a la conceptualización funcional estratégica se refiere, a fin de prever y abarcar de un modo integral la realidad que nos toca vivir” (6).

El “grave riesgo” pronosticado ayer, es hoy una situación de inseguridad nacional que aflige y conmueve a la ciudadanía, en una peligrosa espiral esquizoide que la lleva a imitar al agresor.

A pesar de ello, el Estado Nacional no reaccionaHa defeccionado -desde 1988- de su responsabilidad primaria e irremplazable en lo que hace a la Seguridad Nacional.

El origen de éste despropósito “pseudo-revolucionario” que nos ha llevado a la actual realidad, quedó brevemente explicado más arriba. Para cerrar estas páginas deseamos -en éste punto- referirnos a un tema muy actual: el rol de las FFAA en el Siglo XXI, con vistas a un probable e imprescindible reencauzamiento de la Argentina en el 2015 y motivados por los absurdos intentos de agravar a las ya deterioradas situaciones institucionales, con propuestas irrazonables.

Decíamos más arriba que para resolver los nuevos desafíos a la Seguridad Nacional, es necesario entenderlos. ¿Qué hay hoy, detrás de tanta violencia? En los tres puntos anteriores hemos dado algunas respuestas. En éste, que interrelaciona a las FFAA con el narcoterrorismo, deseamos advertir que el terrorismo -que acompaña al narcotráfico y a otros tráficos ilegales- incita a una sobrerreacción desmedida. El terrorismo es “provocador”. Busca el equívoco del agredido, la pérdida de su racionalidad. Se ejerce con una estrategia de aproximación indirecta que lleva a la autodestrucción de la víctima. En el caso iberoamericano esta maniobra se ve facilitada porque su dirigencia posee -mayoritariamente- un pensamiento lineal y en consecuencia es fácil presa de la “perturbación inducida”.

El terrorismo ideológico -desde 1959- agredió y desestabilizó al Estado argentino, llevándolo a mostrar su perfil más coercitivo con el objetivo de separarlo de su pueblo. Logrado esto, con la bandera de “Por la Vida”, lo movilizó según sus objetivos. La sociedad debía llegar a ser, inconscientemente, lo que nunca había deseado ser: corrupta y comunista.

 La  segunda parte de esta nota, se editará el día 28 / 07 / 2020.

 

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