Martes 24 de Noviembre de 2020

Hoy es Martes 24 de Noviembre de 2020 y son las 15:07 Tomemos Conciencia. "No me preocupan los corruptos y ladrones." Me preocupa todo un pueblo que mira con indiferencia el comportamiento mafioso.

  • 30º
  • Nubes y sol

30°

EL CLIMA EN TIGRE

17 de agosto de 2020

ALCANZANDO A UNA GENERACIÓN LEJOS DEL PADRE . . . (LUCAS 15:17) “¿… QUE BUSCÁIS …?

FUENTE : LA CASA DEL PADRE .

Mateo 16:13-19 (La confesión de Pedro) - YouTube

Un erudito intelectual acudió a un rabí.

Como había oído hablar muy bien de él, le expuso un deseo completamente personal y le dijo:

«Llevo estudiando teología muchos años y he leído un libro tras otro, pero hasta ahora nunca he encontrado a Dios».

Respondió el rabí: «Entonces, seguro que todavía no te has agachado lo suficiente».

El rabí entendió al instante lo excesivamente intelectualizado que estaba el erudito.

Por eso no dijo muchas palabras –¡demasiadas habían almacenado ya el intelectual…! sino que, simple y llanamente, le indicó que en su vida aún no se había abajado y humillado lo suficiente.

Todo el mundo quiere hacerlo todo por sí y desde sí mismo y no permitir que nadie le diga nada.

Incluso los jóvenes están, en parte, tan pagados de sí mismos que creen poder tomarlo todo con sus manos sin pedir permiso, sin preguntar, sin dar las gracias.

Muchos cristianos en su caminar con Jesús son como este erudito intelectual, que han leído «un montón» de libros; por otra, sin embargo, no se ha aventurado a dar este paso hacia la real cercanía de Jesús. Tal vez es que, antes, nadie les ha dicho que, además del saber, hay un nivel mucho más importante: la experiencia de fe que se convierte en experiencia de Jesús.

En nuestro caminar con Jesús que es lo que realmente perseguimos, cuáles son los momentos que pasamos en ese camino.

Déjeme hacerle varias preguntas importantes hoy.

¿Cuáles son nuestros sueños y proyectos?

¿En que deseamos invertir nuestra vida?

¿Qué es lo que buscamos de Jesús?

¿Qué es lo que nos impulsa para seguir a Jesús?

¿Necesitamos ver para poder seguir?

¿Necesitamos ciertas garantías para avanzar?

¿Qué significa creer y seguir creyendo?

¿Qué pasa cuando no se presentan los milagros?

¿Cuáles son las áreas o aspectos de nuestra vida donde necesitamos seguir creciendo en fe y madurar?

¿Qué riesgos estoy dispuesto a enfrentar en la obediencia a Jesús?

¿Qué implicación práctica tiene para la vida de la iglesia estar en el seguimiento de Jesús y unirnos a su misión?

Dos discípulos, orientados por el Bautista, se ponen a seguir a Jesús. Durante un cierto tiempo caminan tras él en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto. De pronto, Jesús se vuelve y les hace una pregunta decisiva: «¿Qué buscáis?», ¿qué esperáis de mí? Ellos le responden con otra pregunta: Rabí, «¿dónde vives?», ¿cuál es el secreto de tu vida?, ¿desde dónde vives tú?, ¿qué es para ti vivir? Jesús les contesta: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis otra información. Venid a convivir conmigo. Descubriréis quién soy y cómo puedo transformar vuestra vida.

Este pequeño diálogo puede arrojar más luz sobre lo esencial de la fe cristiana que muchas palabras complicadas. En definitiva, ¿qué es lo decisivo para ser cristiano?  (Juan 1:35-40)

Percibo que caminar se asocia con momentos. Es decir, a medida que caminamos con Jesús se dan estaciones bastante claras. Creo que todos pasamos por momentos de lejanía cuando Jesús simplemente es un caminos de referencia, discursos, de clichés o de fórmulas abiertas. También pasamos por momentos de cercanía, cuando Jesús es un caminos de preferencia, pero bajo el lente escrutador de búsqueda y preguntas que necesitamos sean respondidas. Finalmente llegamos al momento de sintonía, son caminos de vivencia, ya unidos al caminar de Jesús y experimentar lo que Jesús experimenta, hace y vive.

Comencemos por el momento de la lejanía que los discípulos tuvieron con respecto a Jesús. Esa lejanía se vio interrumpida por la referencia de Juan el Bautista con respecto a Jesús como “El Cordero de Dios.”

En el texto de esa lejanía puede estar marcado por tres grandes características primordiales.

La primera las cosas valiosas. El texto dice que “eran discípulos de Juan”. Es importante observar que el seguimiento de Juan era una situación temporal y transitoria. Seguir a Juan era muy importante y positivo. No habría ninguna condenación con hacerlo. El problema es que era bueno, pero Jesús era lo mejor. Desprenderse de algo que ha sido valioso en tu vida para seguir a Jesús es una de las cosas más difíciles que podamos hacer.

La segunda son situaciones piadosas. El evangelista Juan no nos dice nada de la infancia de Jesús. Después de un prólogo extraordinario, donde presenta a Jesús como «la Palabra de Dios que se ha hecho carne para habitar entre nosotros», nos describe los primeros días de Jesús ya adulto en el entorno del Bautista. ¿Qué sucede precisamente el día tercero? El Bautista está acompañado de dos de sus discípulos. Sin duda han escuchado su predicación y han recibido su bautismo en las aguas del Jordán, en aquel mismo lugar. Viven a la expectativa de alguien que está a punto de llegar y es «más grande que Juan». Él mismo les ha dicho: «En medio de vosotros hay uno a quien no conocéis». Hay que estar atentos y abrir bien los ojos del corazón. De pronto el Bautista ve a Jesús, que «está pasando por allí», e inmediatamente lo comunica a los discípulos: «Este es el Cordero de Dios». Seguramente los discípulos no pueden entender gran cosa. Tal vez piensan en el «cordero pascual» cuya sangre había liberado al pueblo de la muerte al escapar de Egipto. Pero lo que ellos están esperando ahora es un liberador definitivo que pueda «quitar el pecado del mundo», limpiar la vida e introducir en los corazones un Espíritu nuevo. Aunque Juan les indica la dirección, ellos todavía no tienen un vínculo de vivencia con Jesús. Lo único que tienen es la opinión de otro. Es un Cristo de referencia.

Hoy hay muchos que viven en una etapa de lejanía a pesar de sus experiencias piadosas, pero que proceden de otros hombres que han experimentado a Jesús. Pero ellos no tienen una experiencia personal. Muchos cristianos no creen propiamente en Dios, sino en aquellos que le hablan de Dios (pastores, maestros, conferencistas, laicos, etc.) Privadas de una experiencia personal de Dios, estas personas viven la fe «de segunda mano». Esta fe infantil, exterior y postiza es la que se está perdiendo de manera acelerada, pues el hombre de hoy (y probablemente el de siempre) solo cree de verdad en algo si puede experimentar que le hace bien.

Tercero las expresiones silenciosas. Si observamos el texto dice que siguieron a Jesús. Jesús sigue siendo para ellos un desconocido, pero, al oír al Bautista, algo se despierta en su interior. Abandonan al que hasta ahora ha sido su profeta y maestro, y «siguen a Jesús». Se apartan del Bautista y comienzan un camino nuevo. Todavía no saben adónde les puede llevar este desconocido, pero ya están tras sus pasos. Así comienza casi siempre el seguimiento a Jesús. De alguna manera, así estamos empezando también nosotros este camino. ¿A dónde nos llevará Jesús? Durante un cierto tiempo caminan en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto con Jesús. Solo expectación.

Pero por otra parte tenemos momentos de cercanía con Jesús. Esto no es de referencia sino de preferencia. ¿Cómo comienzan esos momentos de cercanía? Creo que lo importante en cuanto a acercarnos con Jesús depende de la pregunta que Jesús les hace. ¿Qué buscáis?

En el vrs. 38 hay una serie de verbos dinámicos. La primera tiene que ver con la acción de Jesús. El pasaje nos dice que “volviéndose Jesús”. La expresión tiene que ver con girar, dar la vuelta, enfocar la visión en otra dirección. A Dios le llama la atención quienes emprenden una búsqueda con él. La toma la iniciativa, el inicia la acción de cercanía. Lo que esto demuestra entonces es que Jesús quien esta abierto, segundo es amigable y tercero está dispuesto a darle más a lo que le buscan. La segunda cosa tiene que ver con la visión de Jesús.

Observe el pasaje dice que los ve, ¿pero a quienes ve? A los que simplemente le siguen, a los que buscan más de él. Sino hay búsqueda, no hay interés y sino hay interés porque responder. La tercera tiene que ver con la interrogación de Jesús. Jesús rompe el silencio y les hace una pregunta no muy fácil de contestar: «¿Qué buscáis?». ¿Qué esperáis de mí? ¿Por qué me seguís precisamente a mí? Hay cosas que conviene aclarar desde el comienzo: ¿qué buscamos al orientar nuestra vida en dirección a Jesús? Cuando uno no busca nada en la vida y se conforma con «ir tirando» o ser «un vividor», no es posible encontrarse con Jesús. La mejor manera de no entender nada sobre la fe cristiana es no tener interés por vivir de manera acertada. Lo importante no es buscar algo, sino buscar a alguien. No descartemos nada. Si un día sentimos que la persona de Jesús nos «toca», es el momento de dejarnos alcanzar por él, sin resistencias ni reservas. Hay que olvidar convicciones y dudas, doctrinas y esquemas.

Un tercer momento que tenemos con Jesús en nuestro camino, es de Sintonía. Esto se debe a la vivencia que necesitamos con Jesús.

No se nos pide que seamos más religiosos ni más piadosos. Solo que le sigamos. No se trata de conocer cosas sobre Jesús, sino de sintonizar con él, interiorizar sus actitudes fundamentales y experimentar que su persona nos hace bien, reaviva nuestro espíritu y nos infunde fuerza y esperanza para vivir. Cuando esto se produce, uno se empieza a dar cuenta de lo poco que creía en él, lo mal que había entendido casi todo. Pero lo decisivo para ser cristiano es tratar de vivir como vivía él, aunque sea de manera pobre y sencilla. Creer en lo que él creyó, dar importancia a lo que se la daba él, interesarse por lo que él se interesó. Mirar la vida como la miraba él, tratar a las personas como él las trataba: escuchar, acoger y acompañar como lo hacía él. Confiar en Dios como él confiaba, orar como oraba él, contagiar esperanza como la contagiaba él. ¿Qué se siente cuando uno trata de vivir así? ¿No es esto aprender a vivir?

¿Qué necesitamos para sintonizar nuestra vivencia con la vivencia de Jesús?

Lo primero es diferencia. Los dos discípulos le responden con otra pregunta: «Maestro, ¿dónde vives?», ¿cuál es el secreto de tu vida?, ¿qué es vivir para ti? Jesús no se queda en el desierto junto al Bautista. Los está encaminando hacia un lugar nuevo: ¿dónde vive? Al parecer no andan buscando en Jesús nuevas doctrinas. Quieren aprender un modo diferente de vivir. Aprender a vivir como él. El mayor obstáculo es que vivimos en comunidades que se dicen cristianas pero que se relacionan con un Jesús mal conocido, confesado solo de manera abstracta, un Jesús mudo del que no pueden escuchar apenas nada de especial interés para el mundo de hoy, un Jesús apagado que no seduce, no llama, ni toca los corazones… No es posible seguir a Jesús sin reavivar nuestra relación personal con él. El núcleo del seguimiento a Cristo no consiste en dejarnos seducir por una causa, un ideal, una religión…, sino por la persona de Jesús y el misterio del Dios vivo, encarnado en él. Solo así nos dejamos transformar poco a poco por Jesús y acogemos en nuestra vida a ese Dios Padre, Amigo del ser humano que nos envía a trabajar por una vida más digna, más humana y dichosa para todos, empezando por los últimos, los más indefensos y excluidos. Esto es optar por el camino del Evangelio.

Lo segundo es experiencia. Jesús les responde directamente: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis información externa de otros. Venid a vivir conmigo y descubriréis cómo vivo, desde dónde oriento mi vida, a qué me dedico y qué es lo que me hace vivir así. Solo conviviendo con Jesús aprenderemos a vivir como él. Este es el paso decisivo que hemos de dar. Esto es entrar en el camino de Jesús. Los discípulos escuchan a Jesús y toman la decisión que cambiará para siempre sus vidas: «Se fueron con él, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día». Se olvidan del Bautista, dejan otros caminos y se van con Jesús. Entran en contacto con el lugar donde vive él. Se introducen en su mundo. Están pasando a la zona de la luz, de la vida y de la libertad que irradia Jesús. Esta experiencia directa les hace «quedarse» con él.  Necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús. Se trata, en concreto, de caminar en los años venideros hacia un nivel nuevo de vida evangélica: ir pasando a una nueva fase de cristianismo, más inspirado y mejor motivado por Jesús.           

Lo decisivo es no resignarnos a vivir hoy un cristianismo sin conversión a Jesús.

Lo tercero es vivencia. El texto nos dice “y se quedaron”. Aquellos hombres no saben adónde los puede llevar la aventura de seguir a Jesús, pero intuyen que puede enseñarles algo que aún no conocen: «Maestro, ¿dónde vives?». No buscan en él grandes doctrinas. Quieren que les enseñe dónde vive, cómo vive y para qué. Desean que les enseñe a vivir. Jesús les dice: «Venid y lo veréis».

Es difícil acercarse a ese Jesús narrado en los evangelios sin sentirnos atraídos por su persona. Jesús abre un horizonte nuevo a nuestra vida. Enseña a vivir desde un Dios que quiere para nosotros lo mejor. Poco a poco nos va liberando de engaños, miedos y egoísmos que nos están bloqueando. Quien se pone en camino tras él comienza a recuperar la alegría y la sensibilidad hacia los que sufren. Empieza a vivir con más verdad y generosidad, con más sentido y esperanza. Cuando uno se encuentra con Jesús tiene la sensación de que empieza por fin a vivir la vida desde su raíz, pues comienza a vivir desde un Dios bueno, más humano, más amigo y salvador que todas nuestras teorías. Todo empieza a ser diferente. Cuando nos quedamos con Jesús en sintonía con él, encontramos grandes vivencias para nosotros. Jesús no llama nunca a sus seguidores para que vivan individualmente una vida más santa o perfecta, más piadosa y observante. Los llama a colaborar con él en un movimiento profético con la tarea de ir abriendo caminos al reino de Dios y su justicia. Un verdadero seguidor de Jesús no invoca nunca a un «Dios mío», sino a un «Padre nuestro». Por eso, vive siempre comprometido en la renovación de una Iglesia más evangélica, más humana y más creíble, y contribuye con su propia vida y su entrega a dar pasos hacia un mundo siempre más humano.

¿Por qué nos quedamos con Jesús? ¿Por qué sigues morando con él? ¿Qué has encontrado para que permanezcas?

Hemos visto que seguir a Jesús en el camino tiene sus momentos. Un momento de lejanía que se fundamenta básicamente en una fuente de referencia de Jesús. También hemos visto el momento de Cercanía que se fundamenta en la preferencia por Jesús para optar por una nueva vida. Y finalmente un sentido sintonía que se experimenta ya con una vivencia.

Todos podemos contribuir a que en la Iglesia se le sienta, se le viva y se le ame a Jesús de manera más viva y real. Podemos hacer que la Iglesia sea más de Jesús, y que su rostro sea más parecido al suyo. Solo ese Jesús tendría fuerza para transformarnos y enviarnos a introducir la Buena Noticia de Dios en el mundo actual.

Es urgente pasar del aprendizaje de conocimientos religiosos a la primacía de la experiencia interior. Menos insistencia en las doctrinas y más experiencia vivida. Menos explicaciones teóricas y más comunicación de la fe desde la propia experiencia de Dios vivida por uno mismo. En una sociedad en que se dice que Dios está ausente, solo los testigos nos pueden transmitir que algo saben de «la fuente», algo saben de cómo se calma «la sed de vida» que hay en todo ser humano. Sin testigos de la experiencia, la fe corre el riesgo de perderse. Lo más doloroso es ver que, entre nosotros, la Iglesia carece de una decidida opción pastoral orientada a promover la iniciación a la experiencia de Dios.

COMPARTIR:

Notas Relacionadas

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!

Escribir un comentario »