Martes 24 de Noviembre de 2020

Hoy es Martes 24 de Noviembre de 2020 y son las 18:09 Tomemos Conciencia. "No me preocupan los corruptos y ladrones." Me preocupa todo un pueblo que mira con indiferencia el comportamiento mafioso.

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2 de noviembre de 2020

CERCANOS A LA PRESENCIA DE DIOS .

LA CASA DEL PADRE.
Por : Enrique60.

         

Los evangélicos somos bastante extraños en la manera que hacemos las cosas. A veces nos jactamos de decir que somos bíblicos, pero simplemente no es así. Hay diferentes áreas en que los criterios que usamos distan mucho de la Palabra de Dios y somos más fieles a los principios humanistas. Ministré durante tres años en una iglesia bautista de mi país El Salvador. Era una iglesia muy afín a sus costumbres bautistas por sobre las bíblicas. Durante tres años hice malabares para encajar en su cosmovisión, pero me fue imposible. Había muchas costumbres que me ponían nervioso y a veces molesto. Una de las que más recuerdo era que año con año en el culto del 31 se presentaba a todo el liderazgo que iba a servir en el nuevo año. Cada año que se presentaban eran los mismos, y muchos de ellos no se les veía en el resto del año. Había todo tipo de “servidores” desde divorciados, otros en serios problemas éticos y otros sólo adictos a la posición, pues les encantaba gobernar y mandar en la iglesia. Para ellos era puestos de control y poder.

En una oportunidad les sugerí cambiar esta tradición y que hiciéramos una verdadera evaluación de los principios bíblicos para aquellos que decían querer servir en la iglesia. Simplemente no sólo no encontré eco, sino que la gente se puso en contra mía por tan “disparatada” sugerencia.

Pero para ser honestos, no creo que sea la única iglesia que haga esto. Hay un gran porcentaje de iglesias que acostumbran tal práctica.

Al entrar en el libro de Números uno se pregunta ¿Por qué los levitas fueron los que sirvieron más a Dios que el resto de los demás? Todos podrían haber sido escogidos. Ya lo mencioné en un mensaje anterior y vimos que lo primero que marcó su llamado aparece en Éxodo 32, en el momento de la rebelión del becerro de oro. Hay dos dimensiones que Dios tomó en cuenta. La primera creo que es celo por las cosas de Dios. Ellos tomaron muy en serio lo que le hacían a Dios. Y luego obediencia. Moisés ordenó destruir al pueblo y aún a pesar de ser gente de su mismo pueblo ellos de una manera radical obedecieron la orden.

Ahora bien, hay dos verbos en Números 3:5 que dice “haz que se acerque” y la segunda “haz que esté delante”. Una tiene que ver cercanía y otra tiene que ver con compañía. Harían de Dios su presencia cercana y compañera de viaje. Por esa razón Dios les dio una posición privilegiada en la conducción de las cosas sagradas. Lo que viene a demostrar el servicio a Dios no es el resultado de un vacante de un puesto sino de la vida íntima con el Señor.

No es la proyección de un plan estratégico de la iglesia que determina cuanta gente necesitamos para desarrollar nuestro plan de trabajo y visión organizativa. Es estar cerca y delante de su presencia que resulta en privilegio de ser usado para bendición de otros. Si aprendiéramos a reconocer esto en las personas de nuestras congregaciones no habría necesidad de capacitaciones, porque la gente estaría acostumbrada a estar cerca de Dios y sabría qué hacer.

Al acercarnos entonces al capítulo 3 de Números encontramos el concepto de la Cercanía de la Presencia de Dios. ¿Qué obtenemos de estar cercano y compañero de la misma Presencia de Dios?

Lo primero que yo encuentro es la atención de Dios, segundo encuentro la intención de Dios, tercero encuentro la bendición de Dios.

En primer lugar, veamos la atención de Dios. (3:1-9)

¿Qué es lo que llama la atención a Dios en una persona para que esté dispuesta confiar en ella su plan y obra?

La primera cosa que puedo encontrar en el texto aparece en el vrs.3. Son dos palabras básicas. La primera dice “ungidos” y la segunda es la expresión “consagró”. Entonces Dios se fija en las evidencias de tu acercamiento. La palabra “ungido” tiene que ver con designado y capacitado. La expresión habla de que Dios mediante una celebración le daba autorización al hombre para que ejerciera su labor. Por otro lado, la palabra “consagrado” es una expresión que se puede traducir con estar completamente lleno de la presencia de Dios. Es curioso que hay un contraste entre estos siervos y Nadab y Abiú que murieron como contraste a no estar autorizados ni completamente llenos de Dios. La expresión “fuego extraño” es vital para definir por contraste lo que es estar ungido y consagrado. La expresión extraño en el texto hebreo es muy fuerte. Se puede traducir como mal aliento, a veces se traduce asociado con una prostituta. Pero en su modalidad verbal se puede traducir como distanciarse. En ese sentido haciendo una paráfrasis del texto diría que entregaron un fuego distanciado de la Presencia de Dios y de su Palabra. ¡Esto es realmente peligroso!

Así que la evidencia de tu carácter puede llevarte a que Dios te acepte o te rechace dependiendo de lo que estás ofreciendo.

En segundo lugar, también le llaman la atención las experiencias de tu discernimiento.

La primera muestra de ese discernimiento es lo que yo llamo es estar despierto a la visión espiritual. El texto usa dos palabras que Dios necesita para que aquel que le ha llamado la atención. Primero dice “acercarse” y luego estar delante”. Dos dimensiones de una persona despierta es aquella que tiene cercanía y compañía de la presencia de Dios en su vida.  Si hacemos un análisis se podría decir que hay actualmente un analfabetismo espiritual en la iglesia. La mayoría de los cristianos desconocen el discernimiento espiritual. Para entrar en la vida no basta con observar los mandamientos o las reglas de la Iglesia, ni el tener una rectitud moral o una convicción intelectual sobre lo bueno de su mensaje. Es lo que Jesús dio a entender a aquel hombre que observaba los mandamientos de Dios en su vida, y al cual guardó con cariño, pero a su vez a quien pidió ir más lejos: “si quieres entrar en la vida ven y sígueme” (Marcos 10, 17-22). O como a Nicodemo, el cual era un maestro de la Ley, pero el Evangelio nos dice que estaba en la noche. Es a él a quien Jesús le dice que tiene que nacer de nuevo, nacer de arriba, nacer a la vida del Espíritu: “El viento sopla donde quiere, y oyes su rumor, pero no sabes de dónde viene ni adónde va.

Así es todo el que nace del Espíritu” (Juan 3, 1-21).[1]

El discernimiento espiritual es la brújula que nos permite reconocer la acción del Señor en la vida de la Iglesia, y los grandes desafíos del mundo. Es esencial para la misión.

Una segunda experiencia del discernimiento es lo que podemos llamar abierto a la dirección ministerial. Una de las definiciones más sencillas que pudiéramos dar es que el discernimiento es la habilidad para diferenciar la verdad del error. Uno de los diccionarios consultados simplemente dice que el discernimiento es “la habilidad de ver lo que está oscuro”; por lo que alguien con la habilidad de discernir pudiera ver cosas en una circunstancia, o en la lectura de la Biblia, que quizás otros no pudieran ver tan claramente. Nuestra definición del discernimiento espiritual es esta: “es la capacidad dada por el Espíritu Santo de ver la vida a través de la revelación de Dios”.[2]

Es muy peculiar observar que en los versículos 5-8 Dios establezca su dirección espiritual hacia cómo y dónde los levitas debían ejercer su ministerio. Observe el orden que Dios da. El primer encargo de los levitas era Dios (vrs. 7ª). El segundo encargo era el pueblo (7b) el tercer encargo eran los ritos (7c) y finalmente el cuarto encargo las cosas (estructuras). No se debía violentar ese orden. Ese orden sigue siendo el principal hoy para alguien que quiera estar cerca de la Presencia de Dios y servirle.

La tercera experiencia es cubierto con la devoción total. El versículo 9 dice la expresión “enteramente dados”. La expresión en hebreo es “nathan” que dice totalmente comprados, comprometidos, entregados plenamente. Lo que viene a demostrar que una persona que es totalmente devota de Dios es una persona a la que Dios le llama mucho la atención. Es una persona cuya Presencia de Dios es lo único para él.

En segundo lugar, veamos la intención de Dios. (3:10-13)

En la narración se observa que la familia de Aarón no podía llevar a cabo ese ministerio de vida o muerte de cuidar el tabernáculo solo, por lo que Dios asignó a la tribu de Leví para que los ayudara en su trabajo (v. 5). Esta tribu de Israel debía estar completamente dedicada a cuidar el tabernáculo, trabajando en nombre de Aarón y en nombre de toda la comunidad (v. 9). Otras tribus podían perseguir sus propios intereses y deseos, pero los levitas debían dedicarse por completo al Señor desde el nacimiento. Como resultado, no eran simplemente los levitas los que tenían la edad suficiente para luchar, los de veinte años o más los que debían contarse, como era el caso de las otras tribus. Más bien, todos los levitas de un mes o más debían contarse. Desde sus primeros días, pertenecieron completamente al Señor.

Dios tenía tres intenciones con los levitas. La primera intención era prevención. Es decir, la primera tarea de los levitas era la de vigilar el tabernáculo cada vez que la gente se establecía en su campamento. La frase hebrea que se traduce “realizar deberes” en Números 3: 7 (NVI) siempre tiene el sentido de deber de guardia en el Antiguo Testamento, y este pasaje no es una excepción. Ellos debían velar por la calidad de acercamiento que el pueblo debía tener con las cosas sagradas. Era como una función de protección. El trabajo de los levitas era dar muerte a cualquiera que no fuera Aarón y sus hijos que buscaran invadir la tierra. tierra santa del tabernáculo (v. 10). Solo aquellos a quienes Dios había elegido y designado podían servir como sacerdotes: cualquiera que intentara acercarse a Dios estaba sujeto a la pena de muerte. Si personas no autorizadas se acercaban al Señor, los levitas debían ejecutarlas, tal como el fuego divino había consumido a Nadab y Abiú cuando intentaron ofrecer fuego no autorizado. Esto velaba por la salud ministerial del pueblo.

La segunda intención de Dios era una función de producción.

Es decir, la tarea de los levitas era hacer el trabajo misceláneo del tabernáculo, especialmente el de llevar y cuidar el tabernáculo y todos sus muebles mientras la gente estaba en marcha (v. 8). La función de carga de los levitas será el enfoque particular de Números 4, mientras que su función de guardia es más prominente aquí en el capítulo 3. Es importante notar que cada uno de ellos tenía trabajo específicos a la hora de trasladar el tabernáculo de reunión. Esto velaba por la actitud ministerial del pueblo.

La tercera intención de Dios era una función de proyección. Esto velaba por la virtud ministerial del pueblo.

Una proyección de la elección de Dios. Una vez contados, los levitas también se dispusieron en un cuadrado alrededor del tabernáculo, dentro del cuadrado formado por las otras tribus. En el lugar privilegiado al este del tabernáculo, Moisés acampó junto con Aarón y su familia, los sacerdotes. Al sur, en el segundo lugar más importante, estaba el clan de Coat. Su importancia se ve no solo en el lugar donde acamparon sino en lo que debían llevar: se les asignó el arca y la mesa sobre la que se colocaba el pan delante del Señor, junto con el resto del mobiliario del santuario interior, el lugar santo de santuarios (v. 31). El clan de Gersón, que se nombra primero en la lista porque Gersón era mayor que Coat, recibió el siguiente lugar en importancia, acampando al oeste del tabernáculo y llevando el tabernáculo junto con las cortinas y así sucesivamente (vv.25, 26). Al tercer y más joven clan, los meraritas, se les asignó el lado norte menos importante para acampar y se les dieron los marcos, las barras transversales y los postes del tabernáculo para llevar, todo el equipo menos importante (vv.36, 37).

Lo sorprendente de esta disposición es que, una vez más, el precedente natural.

La dependencia no es decisiva para la posición en el reino de Dios. Así como en la disposición de las tribus en el cuadrado exterior, así también con los levitas; el clan descendiente del hijo primogénito no merecía el lugar más importante. Más bien, al clan del segundo hijo, Coat, se le dio ese papel principal. En este caso, sin embargo, no se da ninguna razón para el cambio en orden. No es por ningún pecado en particular por parte de Gershon o su clan, ni por ninguna rectitud especial por parte de Coat y su clan. Es prerrogativa de Dios elegir a los más jóvenes antes que a los mayores, como lo hace tan a menudo en las Escrituras, para demostrar que permanecer en su reino es una cuestión de gracia y no de obras. El Rey soberano puede elegir no simplemente cuál de las tribus de Israel le servirá como guardaespaldas, sino incluso qué clanes de esa tribu serán asignados a qué tareas. Pertenecen a Dios y, por lo tanto, son suyos para ordenar como le plazca.

Lo mismo ocurre en nuestro servicio a Dios. Dios nos asigna nuestro lugar en su reino y nos da los dones que considera adecuados. A algunos les da grandes dones y lugares de servicio responsables, ministrando a miles. A otros, les da obsequios más pequeños y lugares de servicio más pequeños. Mucha frustración en el ministerio surge del deseo de un lugar más grande que el que Dios nos ha asignado. El mundo que nos rodea califica nuestros ministerios sobre la base del número de personas que asisten a nuestras iglesias y la magnificencia de nuestros edificios y programas. Sin embargo, como nos recuerda la parábola de los talentos de Jesús, Dios nos califica sobre la base de la fidelidad a él y el uso diligente de los dones que nos ha dado en el contexto en el que nos ha colocado (Mateo 25: 14-30). El hombre que utilizó sus dos talentos fielmente recibió exactamente el mismo elogio del Señor que el hombre que fue fiel con cinco. Dios no evalúa el ministerio de la misma manera que lo hace el mundo.

La segunda proyección tiene que ver con la revelación de Dios. A lo largo de este capítulo leemos que Moisés hizo exactamente “como el SEÑOR le mandó” (vv. 16, 39, 42, 51). Contó a todos los levitas de un mes para arriba y los ordenó en el orden que Dios había establecido. Contó a todos los primogénitos varones israelitas y se aseguró de que se pagara debidamente el dinero de redención de los 273 primogénitos varones adicionales. Los levitas fueron instalados como sustitutos de los primogénitos israelitas en el servicio de Dios, asumiendo los riesgos de hacer guardia sobre el tabernáculo, de modo que toda la comunidad pudiera estar a salvo de cualquier estallido de ira de Dios si una persona no apta invadía su santa presencia.

La tercera proyección tiene que ver con la retribución de Dios. Dios deja bien claro en el vrs.10 que ellos deben ejercer bien el liderazgo y los que se acerquen de una manera inadecuada morirán. Quién dice que no hay retribución de parte de Dios en lo que hacemos está completamente equivocado.

En tercer lugar, podemos ver la bendición de Dios. (3:15-51)

Vale la pena señalar en este punto dos bendiciones básicas del ministerio que pueden verse en esta asignación.

Primero la aprobación de Dios…que incluye:

La preferencia de Dios. Primero, aquellos que son líderes en el ministerio no se nombran a sí mismos para esos puestos; son llamados por Dios para servirle a él ya su pueblo. Los profetas fueron llamados individualmente por Dios para servirle, mientras que los sacerdotes y los levitas fueron apartados por Dios como una tribu. En ambos casos, sin embargo, Dios fue quien los llamó. Lo mismo ocurre en la iglesia. Los que son ministros, ancianos y diáconos en la iglesia no se asignan a sí mismos para su tarea, ni se trata simplemente de un voto democrático de los miembros de la iglesia. Dios es quien llama a la gente a esos oficios.

La diferencia de Dios. Dado que Dios es quien llama a las personas a estos cargos, es él quien determina qué clases de personas son elegibles para esos cargos. En el pueblo de Dios del Antiguo Testamento, si no eras un levita de la familia de Aarón, de entre treinta y cincuenta años, no podías servir como sacerdote. No importaba qué dones tuvieras o lo que la cultura que te rodeaba pudiera pensar sobre restricciones tan aparentemente anticuadas y represivas, había que seguir la Palabra de Dios. Dios es el Rey, ante quien servirían los sacerdotes y los levitas, por lo que es su prerrogativa establecer las reglas.

Si sabe algo sobre la historia de Israel, no le sorprenderá saber que estas reglas, como otras, no siempre se cumplieron. Queremos seguir los caminos de Dios, no los caminos de la época en que vivimos. Servimos a un Dios que es muy preciso en cuanto a los que le van a servir.

La herencia de Dios. Sin embargo, todo eso es historia antigua. Sin duda, hemos derivado algunos principios generales de este relato, pero ¿qué podemos aprender específicamente del papel de los levitas? No tenemos un tabernáculo en nuestra situación, ni tenemos que asignar ancianos o diáconos para vigilar el deber, por temor a que alguien pueda accidentalmente acercarse demasiado a Dios. ¿Qué nos tiene que decir este aspecto del campamento de Israel como creyentes del Nuevo Testamento?

Segundo la aceptación de Dios. Que incluye…

El privilegio de la adoración. Es importante ver cuán en serio se toma Dios su adoración. Llegar a la presencia de Dios es un asunto de “obedecer o morir”, entonces y ahora. No es algo para tomarse a la ligera, como si fuera una excursión de un día a la playa. Cuando venimos a adorar, estamos ante la presencia del Rey de reyes, el Señor del universo. Jesús prometió que dondequiera que se reúnan dos o tres de su pueblo, él estará en medio de ellos (Mateo 18:20), tal como estaba en medio del campamento de Israel. Esta promesa ciertamente incluye nuestros servicios de adoración. Dios está en medio de nosotros por su Espíritu. Nos paramos en tierra santa cada vez que nos reunimos como pueblo de Dios. Eso debería inspirar asombro y reverencia en nuestra adoración, no ligereza y una actitud casual. ¿Nos tomamos la adoración tan en serio? Tomar la adoración en serio también significa venir con corazones preparados para encontrarse con Dios, anhelando ansiosamente escuchar su Palabra. Ese no es un estado natural para nuestro corazón. ¿No vale Dios ese esfuerzo? Cuán vergonzoso es que nosotros, cuya redención fue tan costosa, tomemos la celebración de ella tan a la ligera. No se permite nada que no haya sido ordenado por Dios para su uso en su adoración.

 privilegio de la redención. Sin embargo, en medio de la seriedad y reverencia de nuestra adoración también debe haber una nota de alegría. La adoración seria que carece de gozo es tan abominable como la adoración gozosa que carece de reverencia. Los levitas no eran simplemente un símbolo de la solemnidad de la Ley de Dios, sino también un recordatorio constante de la gracia que Israel recibió en la redención. Por su misma existencia, eran un indicador perpetuo del hecho de que Dios rescató a su pueblo de Egipto y que no experimentaron allí las plagas del juicio que descendieron sobre los egipcios. Son un recordatorio de que cuando Dios rescató a su pueblo, lo hizo con un precio. Alguien tenía que sustituir al primogénito israelita para que no muriera. De hecho, en el plan de Dios había dos aspectos de esta redención. En primer lugar, alguien tenía que pagar el precio de la muerte que Israel merecía en su lugar, que era el papel del cordero pascual. En segundo lugar, sin embargo, alguien también tuvo que pagar el precio de la vida de obediencia que Israel debía, al ser entregado completamente a Dios en su lugar. Ese fue el papel que los levitas tuvieron que jugar en todo esto. En la redención del primogénito, no se trataba tanto de “hacer o morir” sino de “hacer y morir”. El trabajo del cordero pascual era morir; el trabajo de los levitas era vivir, completamente consagrados a Dios.

Sin justicia perfecta, nadie puede ver a Dios. El equivalente celestial de los levitas todavía está en guardia para bloquear la puerta a cualquiera que venga en su propia bondad, sin importar cuán estelar sea su desempeño según los estándares humanos. Sin embargo, se hacen a un lado cada vez que nos acercamos a Dios en el nombre de Jesús y nos dan la bienvenida a venir. Cristo nos ha sustituido.

Cristo tampoco ha sustituido simplemente a la humanidad como masa, haciendo posible que un número indefinido de seres humanos potencialmente se salven. Como los levitas, que sustituyeron al primogénito de Israel uno por uno, redimiendo a cada uno en particular, de modo que los que se quedaron tenían que ser comprados uno por uno, así también la vida perfecta y la muerte de Cristo expiadas particularmente por todos sus elegidos. No escribió simplemente un cheque en blanco que fuera suficiente para la humanidad. En la cruz escribió un cheque que proporcionaba específicamente el pago para todos y cada uno de sus elegidos, no solo haciendo posible su salvación, sino comprándolos. Por lo tanto, ahora es dueño de cada uno de nosotros, así como Dios compró a los levitas, obligándonos a vivir vidas totalmente dedicadas a él. Hemos sido comprados por un precio, que en nuestro caso no fueron cinco siclos de plata ni diez talentos de oro, sino la sangre preciosa de Cristo, nuestro cordero pascual sin mancha (1 Pedro 1:18, 19). Por tanto, ya no somos nuestros, sino que estamos llamados a vivir ahora a su servicio. Estamos llamados a defender su honor y reputación, a proteger su santidad y la santidad de su pueblo, a servir a su pueblo con todos los dones que nos ha dado.

Como los levitas, entonces, tú y yo estamos comprometidos a ser siervos del Gran Rey durante toda nuestra vida. Tenemos una tarea que hacer, una misión que emprender. Debemos glorificar y disfrutar al Dios santo y majestuoso que nos ha redimido y llevar la noticia de su gloria a aquellos que aún no lo han escuchado.


[1] https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2018-03/papa-francisco-discernimiento-espiritual-intencion-de-oracion.html

[2] https://integridadysabiduria.org/el-discernimiento-espiritual/

buendianoticia.com

Sin dudas, que no solo los Evangelicos, son extraños en su manera de hacer las cosas.

Esto es comun a todos los Cristianos, en algo nos parecemos, no somos a imagen y semejanza de Dios, hacemos a Dios a imagen y semejanza nuestra, y siempre acomodamos las cosas, parta que nos queden bien a nuestra comodidad o conveniencia.

Tambien es cierto, que en las dificultades, nos acordamos de Dios y pedimos clemencia como los mejores.                 De todos modos, Dios en su infinita misericordia, termina siempre erdonando nuestros pecados, nuestras faltas, y simplemente cuando "ve", siente nuestro arrepentimiento sincero, termina perdonandonos.

Que El nos proteja y ampare por siempre, y nos resguarde.

Con el afecrto de siempre.

Rodolfo Griffa.

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