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21 de noviembre de 2020

EL SUR, BERGOGLIO Y LA DEMOCRACIA .

Por : CARLOS MIRA .
Fuente : The Post.

Tras momentos de tensión, desalojaron la ocupación de tierras en El Foyel |  La Super Digital

La familia Soriani fue secuestrada en su propia casa en El Foyel en Bariloche por un conjunto de delincuentes autodenominados “mapuches” que están robando propiedades desde hace tiempo en el sur argentino sin que la ley sea restaurada por la autoridad. Al contrario, existen muchas presunciones que la autoridad apoya a los usurpadores. La propia ministra Frederic ha dicho, sin que se le mueva un pelo, que una toma de tierra no puede declararse ilegal hasta que no haya una sentencia firme. Con lo cual acaba de instaurar la reversión del principio de carga de la prueba pasándole al propietario la exigencia de probar que lo suyo es suyo y presumiendo, mientras no exista “sentencia firme” (en un proceso de tres instancias que puede durar décadas en la Argentina)  que quien ocupó la propiedad por la fuerza tiene un derecho superior al dueño legal.

La extravagancia cuenta nada más y nada menos que con el aval del Papa que, recientemente, en una carta a los líderes católicos romanos presiona para que se adopten políticas de raíz comunista a escala global para “el bien de todos”.

Bergoglio aboga por la redistribución de la riqueza y el fin del “derecho natural” del público a poseer propiedad privada.                                                                                                          El Papa denunció la economía de “derrame”, la propiedad privada y exigió que los ricos  “administren [su riqueza] para el bien de todos” para traer “mayor justicia e inclusión en el mundo”.

Seguramente será este el argumento que Bergogilo pacientemente les explicaría a los Soriani si los tuviera enfrente.                                                                                                                                                    Les diría que el esfuerzo de su vida para lograr vivir allí no puede conculcar el destino universal de los bienes y que si, lamentablemente, a otros se les antojó ocupar esas tierras “que el Señor les dio a todos” se la van a tener que aguantar e irse de lo que ellos perversamente creían era su propiedad.          Es lo que se desprende de la palabra de Bergoglio en “Fratelli Tutti”.                                Naturalmente toda esta manipulación contranatura está perfectamente sincronizada con el repiqueteo sobre el valor del mérito, para desmerecerlo y no considerarlo como una herramienta válida de progreso.

Toda esta batería de recursos que se utilizan para bombardear las bases mismas de las convicciones sobre la libertad y el estilo de vida occidental se repiten sin descanso para desmoralizar, hacer dudar y, de última, hacer cambiar la lógica de pensamiento del hombre medio que, sin darse cuenta, de repente termina razonando de un modo muy diferente al que habría tenido su abuelo.

El esfuerzo gramsciano de raíz marxista, en dos generaciones, puede efectivamente lograr su propósito de que la gente piense con una lógica de servidumbre.                                                                                      Una vez instalados en los discos duros de los cerebros esos inputs los outputs favorecerán la legitimidad de una casta dominante por encima de las convicciones liberales que se basan en la idea de que el individuo es su propio soberano.

De este modo se cambia el sentido común medio de la democracia que, en su formato clásico, se apoya sobre el principio de la limitación del poder estatal para que la soberanía individual no se vea avasallada, y que en la “democracia de masas” se basa en el poder prepotente del mayor número, sin que ninguna institución pueda balancearlo porque, por definición, todo recorte de ese poder del “mayor número” se considera elitista y antidemocrático.

Paradójicamente entonces, la democracia que, en el origen, fue un sistema para proteger los derechos de las minorías se transforma en un arma para terminar con las minorías.                                                      Los Soriani deben salir de su lugar porque el mayor número los arrastra y la fuerza bruta reemplaza a la institucionalidad que podría defenderlos.

Naturalmente con esta lógica se acaba la paz social porque los nuevos ocupantes solo estarán en paz hasta que la “ex minoría” se convierta en una “nueva mayoría” y entonces proceda a arrebatarles lo que ellos habían arrebatado antes. Ningún progreso es posible en ese orden. Salvo que Bergoglio haya descubierto la cuadratura del círculo.

Llama la atención que un personaje tan oscuro, tan poco formado, tan limitado y barrial haya llegado dónde llegó. Sin una formación intelectual basada en la lectura de los clásicos y solo animado por un resentimiento  que vaya a saber de dónde le viene, se encaramó en un lugar de ascendencia desde dónde cumple el papel de un agente de la esclavitud.

Bergoglio dice que “la libertad de mercado no puede reemplazar los derechos de los pueblos y la dignidad de los pobres”, pero la abrumadora experiencia empírica demuestra que la mayor indignidad que padecen los pobres ocurre en los países donde imperan las ideas que él propicia.

Al contrario, los países que lograron sacar a los pobres de la pobreza realmente y no con un piripipí sensiblero y demagógico, son los países que abrazaron la libertad de mercado y la democracia liberal clásica. Ellos son los que han logrado transmitir una imagen visual de igualdad real en donde para cualquiera que los visite desde el extranjero o desde el espacio exterior, les sería muy difícil trazar una línea que los separe por ingresos, aunque, claramente, ellos sean muy dispares.

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