Miércoles 27 de Enero de 2021

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24 de diciembre de 2020

“…COMO CELEBRAR NUESTRAS FIESTAS…”

LA CASA DEL PADRE .
ALCANZANDO A UNA GENERACIÓN LEJOS DEL PADRE (LUCAS 15:17)

          

Una vez que nos damos cuenta de la gran importancia de las fiestas bíblicas para la humanidad y del inapreciable valor que tienen en el mundo actual, es natural que queramos aprender más acerca de cómo celebrarlas.

¿Dónde debemos celebrarlas? ¿Debemos hacerlo en casa o en alguna clase de servicio religioso? ¿Qué debemos hacer en estos días? ¿Le importa a Dios que desempeñemos nuestras labores cotidianas en tales días o debemos apartarlos para otro propósito? ¿Cómo afectará a nuestra familia y nuestro trabajo la celebración de estas fiestas? Todas estas son preguntas importantes que debemos hacernos cuando aprendemos acerca de las fiestas de Dios.

En la Biblia encontramos mandatos y principios bíblicos. Como creyentes, seguimos ambas cosas.      Por supuesto, es más sencillo seguir los mandatos, ya que son explícitos. Con los principios es un poco más complicado, ya que en algunas ocasiones los encontramos de manera indirecta. De hecho, aun en las historias y personas en la Biblia encontramos principios a seguir. Existe un buen número de versículos bíblicos que nos exhortan a seguir los ejemplos que encontramos en las Escrituras (1 Corintios 10:6, 11; Filipenses 3:17; 2 Tesalonicenses 3:9; Tito 2:7; Santiago 5:10; 2 Pedro 2:6).

Es bien sabido que no encontramos un mandato bíblico explícito para celebrar la Navidad.                        ¿Eso quiere decir que es antibíblico?                                                                                                                  ¿O habrá algunos principios bíblicos para celebrarla?

Me parece que sí. Quisiera sugerir algunos.

Muchas personas insisten que siendo el concepto de navidad algo que cultural y central de la Biblia, entonces los cristianos no debemos participar dentro de esa cultura, por estar permeada de ritos y tradiciones.

Lo curioso del caso es que el mismo Jesús participó de reuniones extrabíblicas, pero que tenían un significado teológico.

En Juan capítulo 10:22 se menciona un hecho interesante, dice: “Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón. ¿Qué fiesta era ésta? Es la fiesta que hoy se conoce con Hanukka.

 Hanukkah (también escrito Chanukah o Chanukkah o Janucá) es una festividad litúrgica hebrea que también se conoce como Festival de las luces o luminaria.                                                                            Es una de las fiestas más celebradas del mundo y la luz es su esencia.                                                        La fiesta no se menciona en la Torá, pero es una de las celebraciones judías más conocidas.                    La palabra Janucá significa “dedicación”.                                                                                                            El motivo de esta celebración es conmemorar la revuelta del pueblo macabeo, en el siglo II a.C., donde el pueblo judío recuperó su independencia sobre los griegos y lograron reclamar el Templo de Jerusalén.

La tradición cuenta que, durante esta guerra, considerada la primera guerra ideológica de la historia, una de las pocas cosas que permanecieron en el Templo de Jerusalén fue una menorá (candelabro de 7 brazos), con aceite para permanecer encendido una noche, pero milagrosamente las velas permanecieron encendidas 8 días.

Ahora lo curioso del caso como ya lo mencioné anteriormente es que esta fiesta no era una fiesta ordenada dentro de la Ley, sino que es un invención humana, pero con significados teológicos. Y Jesús participaba ampliamente en dicha festividad. Lo que viene a mostrar que, aunque algo es extrabíblico, pero si nos lleva a la biblia y la honra y Gloria de Dios no es desautorizada por Dios.

Algunas de las fiestas bíblicas tienen formas específicas para su celebración que las hacen diferentes de las otras. Por ejemplo, sólo en la Pascua se participa del pan y el vino como símbolos de la muerte de Jesús. Los Días de Panes sin Levadura son la única fiesta en que Dios nos manda sacar la levadura de nuestras casas. El Día de Expiación también es singular en el sentido de que es la única fiesta que se guarda con ayuno. La celebración apropiada de estas fiestas incluye el reconocimiento y acatamiento de los aspectos que las distinguen, los cuales tienen como propósito el enseñarnos lecciones espirituales. Sin embargo, existen principios que se aplican a todas las fiestas. Primero, debemos recordar que estos días son santos para Dios. Son “las fiestas solemnes del Eterno, las cuales proclamaréis como santas convocaciones” (Levítico 23:2).

Dios es el único que puede hacer santa alguna cosa, y él ha puesto estas fiestas muy por encima de cualquier celebración ideada por el hombre. Nosotros podemos apartar determinado tiempo con un propósito especial para Dios, pero únicamente Dios puede apartar un tiempo para que sea santo (Génesis 2:3; Éxodo 20:8, Éxodo 20:11). Cuando nosotros mostramos el respeto y aprecio apropiados hacia estas ocasiones tan especiales, también honramos a Dios mismo al reconocer su autoridad sobre nuestra vida. Para poder adorar a Dios cómo él ordena, es muy importante que entendamos este principio. Nuestro Creador desea que la gente, por voluntad propia y con fe, siga todas sus instrucciones (Isaías 66:2). Una actitud humilde y de colaboración contrasta grandemente con la actitud de quienes sólo quieren hacer lo indispensable para salir adelante. El meollo del asunto es si en verdad amamos a Dios y si le creemos. En 1 Juan 5:3 el apóstol dice: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”.

¿Cómo quiere Dios que nos comportemos en sus días de fiesta? Veamos esta sencilla instrucción: “Estas son las fiestas solemnes del Eterno, las convocaciones santas, a las cuales convocaréis en sus tiempos” (Levítico 23:4). Otras versiones emplean expresiones semejantes: “reuniones sagradas” (Biblia de Jerusalén), “reuniones santas” (Versión Popular), “asamblea santa” (Nueva Reina-Valera) o “asambleas sagradas” (Reina-Valera Actualizada), todas con el mismo significado. Estas son ocasiones especiales en las que debemos reunirnos con otros creyentes. Así como en el día de reposo semanal (el sábado), Dios ordena que su pueblo se reúna en cada una de sus fiestas anuales.

Ahora me gustaría precisamente hablar de este pasaje de Levíticos para mostrarles algunos principios que Dios establece como parámetros para celebrar las fiestas con un sentido espiritual y no perder de vista el enfoque teológico de nuestras celebraciones.

Para esta razón quiero que nos enfoquemos en Levíticos 23: 39-44. El texto dice lo siguiente: “Cuando llegue el día quince del séptimo mes, después de que hayas recogido las cosechas de la tierra, quiero que celebres esta fiesta de las cabañas durante siete días. Observe un día de descanso completo el primer día y el octavo día. 40-41 El primer día, recoja algunas ramas de los hermosos árboles de la zona: hojas de palmera, ramas gruesas de hojas y ramas del sauce de río. Celebra y festeja ante Mí, tu Dios, durante siete días. Esta directiva es permanente a lo largo de sus generaciones; celébrelo todos los años en el séptimo mes. 42 Todos los israelitas nativos vivirán en cabañas durante siete días. 43 quiero que hagas estopara que todas las generaciones presentes y futuras de tu pueblo recuerden que refugié a los israelitas en cabañas como estas después de sacarlos de Egipto. Yo soy el Eterno, tu Dios. Versión The Voice

Hay por lo menos cuatro instrucciones que nos muestra lo que Dios quería al establecer fiestas en la vida de una comunidad de Dios.

Quiero tomar la expresión que aparece vrs. 39 “haréis fiesta”. En el texto original es la palabra “celebrar”. ¿Qué es celebrar según el diccionario?

En primer lugar, la RAE dice que es ensalzar públicamente a un ser sagrado o un hecho solemne, religioso o profano, dedicando uno o más días a su recuerdo. Celebran la Pascua. También dice que es realizar un acto festivo por algo que lo merece. O también mostrar o sentir alegría o agrado por algo. Alabar o elogiar algo o a alguien.

Así que la orden principal de Dios es a celebrar. ¿Qué debemos celebrar? ¿Cómo debemos celebrar? ¿Para qué debemos celebrar?

En primer lugar, el texto nos dice CELEBRE para testificar. Es interesante que hay varios elementos que Dios permitió y declaró que se podían utilizar sin restricciones. Ahora recuerde que Dios era muy celoso de que los israelitas se convirtieran en idólatras. Sin embargo, aquí Dios permite varios símbolos interesantes. Primero el símbolo de la ocasión. Esto estaba asociado con el tiempo. Tanto de cuándo como de cuánto se debía utilizar. Dice que sería “a los 15 días del mes séptimo”. También dice que será por siete días. Era importante apartar el tiempo porque eso les haría cada año recordar a Dios y sus hechos históricos en la vida del pueblo. El tiempo refleja también un deseo de Dios de parar y cambiar de actividad y dejar que Dios fuera el centro de la celebración y de la vida de Israel. Segundo el símbolo de la situación. Esta fiesta llamada de los Tabernáculos era una fiesta que se hacía al momento de la recolección de frutos.

Dios dejó en claro a cada uno de los patriarcas hebreos que él crearía la nación de Israel para que fuese su instrumento para “bendecir a todas las familias de la tierra” (Génesis 12).  Moisés repasó ese mismo tema justo antes de recibir la Torá de Dios, afirmando que Israel sería un “reino de sacerdotes y una nación santa,” es decir, recordó la misión de Dios que afectaría la reconciliación de todas las naciones con su creador (Éxodo 19-20). Como parte del calendario religioso de Israel, la “Fiesta de los Tabernáculos” fue dada como la fiesta que finaliza las siete fiestas del SEÑOR, tal como se exponen en Levítico 23 y Deuteronomio 16. Su nombre hebreo, Sucot, plural de sucá, significa “cabañas”, “cabinas” o “tabernáculos”. También se le conoce como “El Festival”, “La Fiesta” o “La Fiesta de la Cosecha” (JagHaOsif). Un octavo día, Simjat Toráo “Regocijo de la Torá (La ley)”, fue añadido más tarde para honrar y celebrar el ciclo anual de lectura pública de la Torá. Sucot conmemora la gratitud por dos realidades históricas: (1) el albergue temporal y la abundante provisión con que Dios suplió a su pueblo en el desierto por 40 años, y (2) la temporada de cosecha, durante la cual la nación agrícola vivía en los campos para así aprovechar el tiempo para la recolección de las cultivos.

En ese sentido hay dos elementos importantes a celebrar una lo que Dios ha hecho contigo y lo que Dios te ha dado al día de celebrar. Eso implica un recordatorio de la fidelidad de Dios en la vida. Dos situaciones claras celebramos cuando hacemos nuestras fiestas para El Señor. Primero su lealtad en el pasado y su fidelidad en el presente.

Un tercer concepto a ilustrar tiene que ver con la decoración. Si observamos el versículo 40 hay una canta de elementos que se usan como símbolos. Sucot es una fiesta alegre, orientada a la familia, que viene a continuación y proporciona un contraste con – el carácter sombrío, introspectivo y privado de Yom Kipur. De ahí, uno de los nombres de la festividad:” Zman Simjateinu”, “Tiempo de nuestra alegría.” Sucot se caracteriza por dos preceptos centrales: Los judíos construyen unas cabañas (Sucot) temporales, cubiertas con paja o ramas de palmera, en las cuales “residirán” durante toda la festividad…en la Sucá comerán y de ser posible, también dormirán. Estas cabañas (Sucot) conmemoran las viviendas temporales y portátiles en las que los judíos vivieron durante su estancia de 40 años en el desierto tras la liberación de la esclavitud en Egipto.

La segunda “Mitzvá” (“Precepto”) principal de Sucot es el ramo de las cuatro especies (“Arbaat Haminim”) – que consiste en una rama cerrada de palmera (“Lulav”), una cidra (“Etrog”), una rama de mirto (“Hadas”) y una rama de sauce (“Aravá”) – que es utilizado durante las oraciones de la mañana en cada uno de los siete días de la festividad (con excepción del día Shabat).

Se han citado muchas explicaciones tradicionales de su simbolismo, aludiendo a la diversidad de judíos en la observancia de las tradiciones y de las personas en función de sus características, concluyendo que a pesar de las diferencias las cuatro especies forman un único ramo, y aspirando a que las personas, a pesar de las diferencias entre ellas también puedan verse como unidas y complementándose unos con otros.

Entonces la decoración reflejaba por un lado la diversidad y por otro lado la unidad. He aquí el ejemplo de un decoración con sentido teológico. Lo mismo ocurre hoy en nuestras celebraciones con Navidad. Mucha gente se opone a los símbolos navideños estableciendo que provienen del contexto pagano. Pero en realidad el símbolo es una extensión de ilustrar más creativamente la obra de Dios en medio de nosotros.

En segundo lugar, celebre para reposar.

¿Ha escuchado usted que muchas personas desean tomar vacaciones de sus vacaciones? Dios en su gran sabiduría nos muestra que el ser humano puede celebrar, pero sin reposar. En el vrs. 39 dice dos veces que en el primer día y en el último debían reposar. Este reposo no se trata del Shabat sino de un descanso de la fiesta. Es importante para Dios que el reposo te da un sentido de disfrute, de relajamiento y de reflexión para la fiesta que estas celebrando. Es insano que uno celebre y lo que le debería dar gozo lo convierta en una fuente de stress y desosiego. Que bueno que Dios ve el reposo como algo necesario en la vida de los hombres y no como una pérdida de tiempo. En estas fiestas es un llamado a descansar y no a caer en un frenesí activista.

En tercer lugar, celebre para legar.

El pasaje enfatiza que lo que iban hacer esta generación les quedaría como legado y como una herencia espiritual. El vrs. 41 dice “estatuto perpetuo por vuestras generaciones”. Dios siempre se interesa por las nuevas generaciones. Cada cristianos tiene un deber con dejar un testimonio espiritual de Dios para que se celebren los actos de Dios. Un legado es el aporte espiritual, emocional y cultural, que es traspasado de padres a hijos, sea este positivo o negativo. Esta definición cambia completamente nuestra idea de herencia. Normalmente pensamos solo en dejar una herencia que consiste en bienes materiales, dinero o propiedades. Sin embargo, un legado espiritual, emocional y cultural, perdurará por generaciones. Los padres modelan y refuerzan este legado mediante los momentos rutinarios de la vida y en conversaciones casuales. Es por medio de esta interacción cotidiana que logramos impactar sus vidas. Un buen legado prepara a los hijos para la vida adulta, les empodera y les muestra el camino a recorrer.  Piense sobre su siguiente generación. Imagine sus rostros. ¿Quiénes son los herederos de su legado? ¿Qué cosas Dios les está jurando a ustedes que le dará a la siguiente generación? ¿Cuál es la marca que quiere dejar?

Un esposo y una esposa quienes caminaban por fe y por consiguiente dejaron un legado mucho más allá de lo que pudieron imaginar, vivieron en los años 1700 en la América colonial. Sus nombres fueron Jonathan y Sarah Edwards.

Jonathan Edwards sintió el llamado de Dios para ser un predicador. Él y su esposa comenzaron desde jóvenes a predicar en una congregación pequeña. Durante los siguientes años, el escribió muchos sermones, oraciones y libros y fue influyente en empezar lo que hoy en día se conoce como el Gran Avivamiento. Juntos produjeron once niños quienes crecieron y se convirtieron en adultos. Sarah fue la socia de Jonathan en todo lo que tenía que ver con el ministerio, y el siempre escuchaba sus consejos respecto a los asuntos de la iglesia y los sermones. Pasaban tiempo juntos hablando de estas cosas y cuando sus hijos llegaron a una edad suficiente para comprender, sus padres los incluyeron en estas conversaciones.

Los efectos de las vidas de los Edwards han sido de gran alcance, pero los resultados más notables de su fidelidad al llamado de Dios son encontrados por medio de sus descendientes. Elizabeth Dodds registró un estudio hecho por A. E. Winship en 1900 en el que nombra algunos de los logros de los 1,400 descendientes de los Edwards que pudo encontrar:

100 abogados y un decano de una facultad de derecho

80 poseedores de cargo público

66 médicos y un decano de una escuela de medicina

65 profesores de colegios universitarios y universidades

30 jueces

13 presidentes de colegios universitarios

3 alcaldes de ciudades grandes

3 gobernadores de estados

3 senadores de Los Estados Unidos

1 controlador del tesoro de Los Estados Unidos

1 Vice Presidente de Los Estados Unidos

¿Qué clase de legado van a dejar usted y su cónyuge? ¿Durará? ¿Será permanente y eterno? ¿O dejará usted solo artículos palpables –edificios, dinero y/o las posesiones?

Celebre para enseñar . Observe usted que el texto dice 43: “para que sepan…lo que yo hice…con los hijos de Israel”

Dios subrayó para los primeros cristianos el principio de congregarse los sábados y en las fiestas santas con otros creyentes que también aprecian y guardan estos días: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:23-25). ¿Qué mejor tiempo para estimularnos y exhortarnos unos a otros que en los días que representan el magnífico plan divino de salvación?  Cuando nos reunimos durante estas fiestas anuales, Dios nos da la maravillosa oportunidad de aprender más acerca de su plan maestro de salvación.

En Nehemías 8:2 se habla de un notable acontecimiento en cierta ocasión en que el pueblo de Dios se había reunido para celebrar la Fiesta de las Trompetas. Durante la reunión algunos de los levitas “hacían entender al pueblo la ley… Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura” (vv. 7-8). La iglesia apostólica continuó celebrando estas fiestas anuales en conformidad con estos principios, pero con una comprensión mucho más profunda de su significado espiritual (Hechos 2; 1 Corintios 5:6-8).

En el tiempo de Nehemías, debido a que el pueblo había descuidado las fiestas de Dios, necesitaba ser estimulado: “Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es al Eterno nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo del Eterno es vuestra fuerza” (Nehemías 8:9-10). Después que se les enseñó la ley de Dios, “todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado” (v. 12).

Estos días especiales son para disfrutarse junto con toda la familia, ¡y con todos los que asistan! Esto es cierto particularmente durante la Fiesta de los Tabernáculos, en la que se dispone de suficiente tiempo para actividades recreativas propias para las familias, así como para regocijarse con el conocimiento que Dios nos revela.

Para que podamos regocijarnos en la forma apropiada durante las fiestas de Dios, debemos interrumpir nuestras labores cotidianas (Levítico 23:3, Levítico 23:7-8, Levítico 23:21, Levítico 23:25, Levítico 23:35-36). Notemos que, aunque la preparación de alimentos representa un trabajo en las fiestas, Dios dice que hacer esta clase de trabajo es correcto. Sin embargo, en el Día de Expiación debemos dejar de hacer toda labor cotidiana, incluso, desde luego, la preparación de alimentos (vv. 28, 30-31).

También mostramos nuestra obediencia y entrega a Dios al solicitar permiso en nuestros lugares de empleo con el fin de poder guardar las fiestas bíblicas. La mayoría de las personas pueden obtener permiso para faltar a su trabajo durante estos días, si con la debida anticipación y en forma respetuosa hablan con sus jefes o patrones. Asimismo, es nuestra responsabilidad hacer uso de sabiduría y paciencia cuando notifiquemos a nuestros familiares nuestra decisión de guardar estas fiestas.

Nuestra decisión de obedecer los mandamientos de Dios es cuestión de fe: “Por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7). Por tanto, cuando aprendemos acerca de las fiestas santas es muy importante que empecemos a guardarlas. Aunque tal vez al principio no entendamos todo, aprenderemos mucho más cuando de hecho empecemos a celebrarlas. Como escribió el salmista: “El principio de la sabiduría es el temor del Eterno; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos” (Salmos 111:10).

En resumen, las fiestas de Dios son un tiempo de felicidad, no sólo por su significado para nosotros sino también por la maravillosa esperanza que encierran para toda la humanidad. Celebrar las fiestas nos recuerda el inmenso amor que Dios tiene por el hombre. Adorar a Dios en esta forma es un gozo y un placer. ¡Estas fiestas son verdaderos regalos de Dios para su pueblo!

Por :  enrique 60

 

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