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14 de febrero de 2021

FRONDIZI . . . O EL INTELECTUAL ESTADISTA.

Por : CARLOS MARIA ROMERO SOSA . Fuente : La Prensa.

                          

                          

UN NUEVO LIBRO DE CARLOS ALBERTO ZAFFORE REVISA LA FIGURA DEL LIDER DEL DESARROLLISMO.

A algo más de un cuarto de siglo de su muerte y acercándonos a las casi seis décadas de su destitución, la figura del doctor Arturo Frondizi sigue despertando interés.               

Ello se verifica en los varios libros, algunos más o menos recientes, dedicados a estudiar su biografía de la que resulta insoslayable detenerse en su pensamiento político y económico, así como en su acción concreta de gobierno.

Se diría haberse convertido en postulados fuera de toda discusión para la ciudadanía reconocer, tanto la condición de estadista de Frondizi como la honradez del presidente radical Arturo Illia, en forma paradójica el mismo que anuló los contratos petroleros suscritos por el primero y que el dirigente nacionalista Marcelo Sánchez Sorondo, calificó en 1960 desde la prisión de "entrega moral y material del país".                                                                             

Naturalmente al afirmar tales virtudes de esos dos mandatarios argentinos, bien puede desprenderse con la frustración consiguiente que aquél, por anticipatorio fue incomprendido; y que la moral irreprochable del médico de Cruz del Eje, poco concordaba con la psicología de la viveza criolla verificada en eslogan del tipo "roban pero hacen".                                                                                           

Aparte de la parcialidad en que caen ambas caracterizaciones como que Frondizi fue igualmente honestísimo e Illia hizo un buen gobierno.                                         

Incluso, Frondizi más allá de su talento y patriotismo, tal vez no fue o no pudo manifestarse como el tan genial estadista que se dice, más apelando a que todo tiempo pasado fue mejor que a estudiar con seriedad su proyecto de país y sus proyecciones.                                                                                           

De haberlo sido, ¿no hubiera creado las condiciones para que su pensamiento mixturado con el de su asesor Rogelio Frigerio, fructificara en los hechos?           

Algo que no sucedió pese a que figuras del desarrollismo participaron de varios gobiernos subsiguientes, tanto militares como civiles.                                             

Sin embargo puede afirmarse como tributo a la justicia histórica, que ningún gobernante en el país durante la segunda mitad del siglo XX, debe haber tenido tan en claro el horizonte de sus decisiones públicas con instinto de hombre de Estado.                                                                                                     

Por ejemplo las tendientes a crear una industria pesada o el autoabastecimiento petrolero -logrado entonces con la ley 14773 y la consiguiente "Batalla del Petróleo"-, así como sostener una realista política internacional en los difíciles tiempos de la guerra fría cuando nadie hablaba de "realismo periférico".                                                                                                                                                              Política que sin dar la espalda con necio aislacionismo a las dos grandes potencias enfrentadas en la Guerra Fría, fue capaz de mirar en otras direcciones acercándose a Estados que comenzaban a despuntar con peso propio en el contexto de las naciones, como la India, Japón e Israel.                         

En ese sentido, el libro Política exterior nacional de su primer canciller, Carlos Alberto Florit, ilustra sobre esa voluntad de apertura al mundo y en lo que al ámbito latinoamericano se refiere, demostrativa de la amistad estratégica con el Brasil de Kubitschek, de la negativa a aislar a la Cuba de Castro y de la activa participación en el Comité de los 21, para viabilizar dentro de la OEA las cuestiones económicas antes que otras tenidas por prioritarias en la agenda del panamericanismo. 

LA VISION DE ZAFFORE

Ahora acaba de sumarse:  Arturo Frondizi.                                                           

El presidente del desarrollo (Prosa Amerian Editores, 2020) de Carlos Alberto Zaffore, a los varios volúmenes escritos sobre el gobernante, serie que cronológicamente tiene punto de partida en 1963, año de la publicación de Diálogos con Frondizi de Félix Luna, el entonces joven abogado y escritor que había participado del llamado Grupo Alem de apoyo a su candidatura, junto a los hermanos David e Ismael Viñas, Nicolás Babini y Noé Jitrik.                                     

Más cerca se continúa esa bibliografía con Arturo Frondizi, biografía de la profesora Emilia Menotti que fuera su secretaria, con Arturo Frondizi el último estadista del embajador Albino Gómez, quien estuvo próximo a su biografiado desde 1958 como funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores adscrito a la presidencia, o con Frondizi: una historia de política y soledad de Nelly Casas. 

Y ello sin obviar otros estudios sobre aspectos parciales de su gestión, tales como el ya citado libro de Florit y el reciente ensayo de Ana Colombo Blanco:     

Una mirada sobre la política educativa del desarrollismo argentino.                   El autor de Frondizi.                                                                                                  El presidente del desarrollo es un abogado, docente universitario, periodista que se desempeñó como Jefe de Redacción en Clarín, publicista, diputado nacional (M.C.) por el MID, dirigente de la Multipartidaria Nacional, agrupación de partidos políticos que actuó para restablecer la democracia luego del golpe cívico militar de 1976 y candidato a presidente de la Nación en 2003.   

A todos esos antecedentes cabe sumar su muy próxima relación tanto con el biografiado como con Rogelio Frigerio, por lo que sus consideraciones en las páginas del libro deben tomarse como provenientes de alguien que conoce bien el tema tratado. 

EL PACTO

La obra abre perspectivas diferentes sobre aspectos de la gestión frondicista que parecían ya sellados, como la existencia del pacto Perón-Frondizi. Zaffore, en la página 28 niega ese pacto.

Una afirmación que contrasta con lo escrito por Albino Gómez, testigo calificado de los entretelones políticos de la época y que asegura que en él intervinieron Frigerio, el español republicano Ramón Prieto y John William Cooke, delegado de Perón.

Es cierto que también en su momento el propio ministro del Interior, Roque Vítolo, rechazó en conferencia de prensa la autenticidad del convenio, cuyo texto había ordenado publicar el general Perón ante el incumplimiento de sus cláusulas por el gobierno desarrollista.

 De aceptar la conclusión de Zaffore contra la existencia de tal entendimiento, al menos en la forma espuria que buena parte de la oposición le achacó al hacerse público, cabe preguntarse qué llevó a tantos peronistas -no todos- a sufragar aquel 23 de febrero de 1958 por un notorio adversario, bien que proveniente del ala izquierda del radicalismo y no vinculado familiarmente a los sectores oligárquicos del partido.

También el doctor Zaffore menciona otra cuestión novedosa: el intento, previo a las elecciones, del candidato por el Radicalismo del Pueblo Ricardo Balbín, de llegar a un entendimiento que el autor califica de oportunista con el peronismo proscrito y perseguido por la Revolución Libertadora en el poder.  

La finalidad sería que el exiliado en Ciudad Trujillo ordenara el voto en blanco.     

El autor anoticia que en el conciliábulo habría participado el capitán de navío Francisco Manrique, a la sazón Jefe de la Casa Militar, continuando las tratativas frustradas el propio hermano de Balbín con el empresario justicialista Jorge Antonio.

Igualmente en otro orden de cosas asevera que no fueron anuladas las elecciones de la Provincia de Buenos Aires en 1962 donde triunfó el sindicalista Andrés Framini contra la fórmula oficialista que encabezaba Guillermo Acuña Anzorena. 

Argumenta en cambio que el presidente intervino la provincia "como camino para evitar el golpe de Estado" (sic), el que finalmente ocurrió. 

Cierra el libro un anexo con trozos de mensajes oficiales y otros documentos reveladores del ideario del biografiado, jugado por un modelo de capitalismo productivo como antídoto al comunismo y en la línea del keynesianismo latinoamericano de la CEPAL: "La agresión comunista, la verdaderamente peligrosa, consiste en que ofrece una esperanza de salida a la miseria. 

Si Occidente no ofrece una salida a la miseria con hechos y no con palabras o buenas intenciones, el enemigo será siempre y cada vez más fuerte", le expresó al presidente estadounidense John F. Kennedy. 
En síntesis, más allá de las interesantes cuestiones que trae a la discusión con actitud revisionista del período 1958-1962, no se hace mención al Plan Conintes, ni al conflicto "Laica o libre" cuando la reglamentación por el PEN del artículo 28 del Decreto-Ley 6403, de lo que resultó la renuncia del rector de la UBA, el filósofo Risieri Frondizi hermano del presidente.

Frondizi y su gobierno bien merecen ese enfoque a cargo de un consubstanciado correligionario, ya que uno y otro tuvieron tantos detractores a derecha e izquierda.

Desde el integrista presbítero Julio Meinvielle acusando al presidente de comunista, hasta dirigentes nacionalistas católicos -con excepciones, como Mario Amadeo que fue su embajador- y notorias figuras de la izquierda -también con excepciones, como el socialista Dardo Cúneo y el reformista universitario Ricardo Rojo-, que concordaban en repudiar la "Traición Frondizi".

Y es que en efecto muchos entonces y después, no han terminado de dilucidar si el desarrollismo ocupa un espacio en la centroderecha -de lo que no cabe mucha duda tras su alianza con el PRO- o alguna vez en la centroizquierda del mapa político nacional.

En ese sentido concédase que el propio doctor Arturo Frondizi no hizo mucho en sus años finales para aclararlo, visto el curioso giro que lo llevó de ser un antiguo defensor de presos políticos y gremiales durante la Década Infame, fundador de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, integrante del Socorro Rojo Internacional y bajo la última dictadura firmante de solicitadas por los desaparecidos, a mostrar solidaridad con los militares carapintadas.

Y ni qué hablar de aquel perdón público a los asesinos de su otro hermano Silvio, el notable intelectual trotskista masacrado por la Triple A. 

Una actitud loable en lo personal pero que viniendo de un avezado y representativo hombre público, no escaparía a él que sería tomado como gesto político.

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