Miércoles 7 de Diciembre de 2022

Hoy es Miércoles 7 de Diciembre de 2022 y son las 21:03 - Tomemos Conciencia. "No me preocupan los corruptos y ladrones." Me preocupa todo un pueblo que mira con indiferencia el comportamiento mafioso. "El miedo sólo sirve para perderlo todo."

14 de marzo de 2021

EL ESPEJO DE ECUADOR .

Por : EMILIO CÁRDENAS.
Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

En las últimas semanas algunos agudos observadores han señalado que existe un curioso paralelismo entre la realidad política de Ecuador y la de la Argentina.                                    ¿Es cierto? Veamos un poco.                                                                                                        El 7 de febrero unos 13 millones de votantes ecuatorianos concurrieron a las urnas con un notorio hartazgo respecto de la fallida clase política de su país.                                                                           

Esa sensación es, quizás, el primer paralelo con lo que nos sucede.                                                     

Sobre todo después de la enorme estafa moral y política perpetrada en nuestro país por quienes desfachatadamente recibieron las increíbles vacunaciones de privilegio, sin que se produjera terremoto político alguno, lo que es absolutamente notable. 

Pudieron elegir entre 16 candidatos, la mayoría de los cuales populistas.                                                Aunque entre esa grosera sobreoferta había lamentablemente tan solo una candidata mujer: la izquierdista Ximena Peña, quien obtuvo menos del 1% de los votos totales en la primera vuelta.

Muchos ecuatorianos, superando lo que luce como una extendida sensación de apatía, concurrieron a las urnas, ejerciendo así un claro deber de conciencia.

Lo hicieron en medio de una economía golpeada por la pandemia, cuyo PBI cayó un duro 10% en 2020.                                                                                                                                                              Habrá -sin embargo- una segunda vuelta, prevista para el 11 de abril.                                                En Ecuador, recordemos, el voto es obligatorio, al menos hasta los 65 años.                                      Tal como lo preveían las encuestas, el candidato más votado fue un testaferro político.  "TITERE"   

Uno más. Me refiero a Andrés Araoz, un joven y poco resonante economista que, en rigor, es quién representa (cual repudiable delfín) a Rafael Correa,*un fracasado ex presidente socialista, exiliado en Bélgica, con una condena firme a ocho años de prisión por corrupción en la obra pública, consumada a través de licitaciones en las que se escondían sobreprecios.*

Tras él llegaron, primero, un veterano de la política ecuatoriana, el centrista Guillermo Lasso (del movimiento CREO), quien, a los 65 años puso en marcha su tercer intento de alcanzar la presidencia.

Y, segundo, un candidato indigenista, un abogado ecologista con algunas propuestas socioeconómicas fracasadas, pero aún clásicas de la izquierda regional.                                                Se trata de Yaku Pérez, un novato de la política grande que, bien o mal, corrió esta vez con los colores del socialcristianismo, de 51 años, quien, cabe apuntar, concretó una notable -y también algo inesperada- actuación electoral.

Guillermo Lasso, por escaso margen, será en definitiva quien, desde el centro del espectro político, enfrente, en la segunda vuelta, al títere de Correa.                                                                                  Como tantas veces, centrismo contra izquierdismo en la última recta del relativamente parejo proceso electoral ecuatoriano.­

La existencia de Andrés Araoz, de 36 años de edad y hasta no hace mucho un auténtico desconocido de la política en su propio país, parecería ser otro curioso paralelismo con nuestro propio país, donde también parece haber personajes políticos que son tan sólo evidentes (y bochornosos) mascarones de proa. Apenas eso.

LO QUE VIENE

En un primer análisis, no parece nada sencillo que los votantes de Pérez, en la segunda vuelta se inclinen por Lasso. Por ello, luce bastante factible que muchos de los votantes de Pérez en la primera vuelta se inclinen pronto por el testaferro de Rafael Correa, en la segunda.

Pero en Ecuador muchas cosas son posibles, después de todo, el actual presidente, Lenín Moreno (haciendo honor a su peculiar nombre) fue candidato de la izquierda, con Rafael Correa, y luego se transformó en una suerte de sorprendente neoliberal, a la hora de gobernar.

Es fácil mentir hasta con algún descaro si no se está en el gobierno y, en cambio, es mucho más difícil cuando ya se es gobernante y se deben tomar decisiones.

Los algo más de 17 millones de ecuatorianos esperan con ansiedad la segunda vuelta electoral.      Por ahora al menos, pacientemente.                                                                                                          Con una deuda pública que hoy equivale a casi unos 2.200 dólares por habitante, que aparentemente ahoga, pero no necesariamente asfixia, a un país con importantes recursos en el sector de la producción y exportación de hidrocarburos, que ahora asiste a lo que luce como una lenta recomposición del precio internacional del crudo.                                                                            El final de una elección presidencial ecuatoriana que era bastante previsible está ya inexorablemente cerca.                                                                                                                              Como sucede con demasiada frecuencia en nuestra región, dependiendo de los resultados finales, la marcha del país apuntará a la izquierda o a la derecha.                                                                      Esta notoria imprevisibilidad genera naturalmente incertidumbre y paraliza a la inversión.                Como tantas veces, desgraciadamente, el futuro de Ecuador está en manos de la nueva clase dominante latinoamericana: la llamada clase política, que -a la manera de auténtica oligarquía- hace y deshace a su gusto, conveniencia y paladar.



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