Sábado 28 de Mayo de 2022

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14 de marzo de 2021

MUJERES INDEPENDIENTES : LAS MAESTRAS NORTEAMERICANAS QUE TRAJO SARMIENTO.

Por : CECILIA YORNET.

                                 

Mary Elizabeth Gorman, Fue la primera docente norteamericana en llegar al país y, según los planes de Sarmiento, su destino era San Juan.                                                                                          Llegaron a la Argentina sin saber el idioma y con una idea sólo aproximada de lo que era este país.  Eran docentes norteamericanos, la mayoría mujeres, y venían a formar docentes en este país.        La idea fue de Sarmiento, quien después de mucho esfuerzo logró que diez de ellos aceptaran venir a San Juan. Esta es su historia.

Sus nombres debieron sonar extraños en aquel San Juan de fines del siglo XIX. Tal vez también despertaron curiosidad sus ropas, sus costumbres o la manera a la vez estricta pero liberal como se desenvolvían. Mary Graham, Florence y Sarah Atkinson, Clara Gillies, Sarah Harrison, Cora Hill, Amy Wade, Martha Graham, Charles Dudley y Clara Armstrong eran docentes. Todos ellos eran norteamericanos y vivieron entre uno y ocho años en San Juan, en distintos periodos entre 1879 y 1893.

Eran los maestros de Sarmiento. Su destino era ser maestras de maestras y fundar el normalismo en la Argentina Viajaron dos meses en barco –desde Estados Unidos a Inglaterra y desde allí al puerto de Buenos Aires- y entre diez y quince días en diligencia para venir a formar parte en San Juan del plantel de la Escuela Normal de Maestros. Y así como llegaron a San Juan, también lo hicieron a Catamarca, Jujuy, Tucumán, Paraná, Córdoba y otros destinos.

La historia de este “disparate grande y sublime”, al estilo de Sarmiento, comienza en 1845. Ese año Domingo Faustino Sarmiento, exiliado en Chile, viajó –enviado por el gobierno chileno- a Europa y Estados Unidos para indagar sobre los últimos métodos de enseñanza. Quedó impresionado por la calidad educativa de algunos países europeos, pero fue en Estados Unidos donde encontró lo que buscaba: un sistema que, con fuerte hincapié en la formación de docentes, permitía pensar en la posibilidad de educar a toda la población.

En Estados Unidos Sarmiento encontró además otra fuente inspiradora: el educador Horacio Mann, quien más tarde sería reconocido como el “padre de la educación norteamericana” y su esposa Mary, con quienes rápidamente compartió ideales y objetivos. Fue con ellos con quienes maduró, ya en 1865, la idea de traer a la Argentina algunas maestras norteamericanas. Sarmiento era entonces Ministro Plenipotenciario de Argentina en ese país. El proyecto llevó tiempo y fue solo a partir de 1868, ya con Sarmiento como Presidente en este país, cuando la idea comenzaría a concretarse.

Sarmiento había soñado traer mil maestras norteamericanas a la Argentina. Lo cierto es que entre 1869 y 1898 llegaron a este país sesenta y cinco docentes. De ellos, sesenta y uno eran mujeres y cuatro eran hombres. Diez llegaron a San Juan en distintos momentos, aunque casi diez años después de que las primeras tocaran el puerto de Buenos Aires.

Las “hijas de Sarmiento”, como se los empezó a llamar, venían de Nueva York, Pennsylvania, Maryland, Virginia, Ohio, Nueva Inglaterra, entre otros puntos de norteamérica; no llegaron todos juntos y no sólo lo hicieron durante la presidencia de Sarmiento. Habían respondido por diferentes razones a la convocatoria del gobierno argentino que no sólo difundió personalmente Mary Mann sino que incluso se publicó en los principales diarios de Estados Unidos.

Los salarios –que en un principio eran altos-, la falta de trabajo en algunos estados norteamericanos, la expectativa de encontrar marido o el afán de aventura se combinaron con la verdadera vocación que estas maestras y maestros tenían por la educación popular.

El gobierno argentino les ofrecía un contrato por tres años, que comenzaba correr en el momento en que se embarcaban hacia este país. Una vez aquí tenían cuatro meses para aprender el idioma y ambientarse, lo cual se hacía en Paraná, lugar donde se había creado la primera Escuela Normal argentina. Después de esa preparación, eran destinadas a distintos puntos del país donde se estaban creando estas escuelas.                                                                                                                                      Así fue como llegaron maestros norteamericanos a San Juan.                                                                        No hay relatos históricos sobre cómo o dónde vivieron.                                                                                    El edificio de la Escuela Normal de San Juan incluye una casa para el director, pero recién fue terminado en 1910, cuando ya no quedaba en San Juan ninguna maestra norteamericana.                        Para ese entonces, ya habían cumplido su misión: formar maestras normales que continuaran su tarea. Quienes fueron sus alumnas y las alumnas de sus alumnas ya no viven, pero todavía se transmite, en la formación de maestras en San Juan, la impronta que dejara Miss Mary Graham, que fue quien más tiempo estuvo en esta tierra.
Números de una experiencia

De los 65 docentes que llegaron a la Argentina, 5 murieron en los primeros años, principalmente de fiebre amarilla y cólera.                                                                                                                            Sólo 16 regresaron a su país una vez terminado el contrato. 36 enseñaron durante 13 años en Argentina, y 20 se radicaron y murieron en nuestras tierras.                                                                    Al menos cinco se casaron en Argentina, pero no con argentinos.

Los obstáculos

Una de las primeras dificultades que los docentes extranjeros tuvieron que afrontar fue la actitud recelosa de las maestras locales que recibían una remuneración mucho menor.
Aprender un idioma que les resultaba sumamente difícil, vivir en casas con pisos de ladrillos en el mejor de los casos, sin vidrios en las ventanas y en ciudades cuyas condiciones de higiene no eran las mejores, fueron problemas menores al lado de otro: la intolerancia religiosa. Con excepción de cinco maestras, el resto era protestante y en algunas ciudades como Catamarca y Córdoba tuvieron que lidiar contra los prejuicios de familias que no querían mandar a sus hijos a educarse con herejes, actitud que en muchos casos estaba avalada por obispos y sacerdotes.
No hay registros de que en San Juan las docentes fueran rechazadas.                                                         
Los textos históricos mencionan la presencia de las maestras, pero no hablan de su vida en la sociedad sanjuanina.                                                                                                                                                            Es de suponer que la fuerte influencia de Sarmiento en su provincia protegió a las extranjeras que habían sido recomendadas por Sarmiento tanto a las autoridades locales como a sus hermanas y sobrinas.

a nuestras criollas, tan acostumbradas a estar inmóviles, asistidas por sus servidumbres”.

Un aporte cuestionado

Considerado por el revisionismo como el más irritante ejemplo del afán extranjerizante y antinacional de Sarmiento, estos docentes forjaron las bases del sistema educativo argentino Introdujeron cuestiones antes inexistentes en las escuelas de este país: el desarrollo artístico, el sentido de la responsabilidad, la puntualidad, la asistencia a pesar de las inclemencias del tiempo, el aseo personal y el orden, el trabajo manual, la gimnasia, cuadernos de trabajos, deberes escritos, bibliotecas escolares, exposiciones de historia natural y excursiones educativas.                                                                            Suprimieron los exámenes públicos, a la vez que desalentaron el aprendizaje de memoria.                        También contribuyeron a jerarquizar el rol del docente y permitieron que muchas mujeres argentinas tuvieran una profesión.

Nadie quería venir a San Juan

Mary Gorman

Tenía 25 años y se llamaba Mary Elizabeth Gorman. Fue la primera docente norteamericana en llegar al país y, según los planes de Sarmiento, su destino era San Juan. Para su provincia Sarmiento había pensado la primera escuela normal del país, para la que mandó libros, muebles e incluso los planos cuando todavía estaba en Estados Unidos. Sin embargo el sueño sarmientino recién se iba a concretar cuando el sanjuanino ya no fuera Presidente de la Nación.                                                                              La colectividad norteamericana que vivía en Buenos Aires impidió que Mary Gorman viajara a San Juan. Los motivos no eran menores: en 1869 San Juan era una provincia pobre, atrasada y revoltosa, donde era común el asesinato de gobernadores o el ataque de montoneras.                                                            A San Juan se llegaba después de un viaje de más de diez días en diligencia, atravesando medio país deshabitado, con el peligro de ataques de indios o caudillos.                                                                             No había ferrocarril, ni agua corriente en las casas, ni luz eléctrica.

En abril de 1870 llegaron a Buenos Aires tres docentes más.

Desembarcaron en el peor momento, en la Semana Santa de 1870, cuando el asesinato de Urquiza y el levantamiento de López Jordán convulsionó todo el litoral.                                                                            Sarmiento en persona fue a esperarlas al puerto de Buenos Aires.                                                                También quería convencerlas de venir a San Juan y para eso había dispuesto que una de sus sobrinas las acompañara.                                                                                                                                                      Eran Serena Frances Wood y las hermanas Isabel y Anna Dudley, que luego de escuchar los consejos de sus compatriotas en este país, tampoco aceptaron a San Juan como destino.                        Serena Wood moriría un año después, víctima de la epidemia de fiebre amarilla.                                        Sus compañeras de viaje volvieron a norteamérica con un pasaje que sus compatriotas les regalaron.    Ya para ese entonces, con el arribo de otros docentes, se organizó la Escuela Normal de Paraná, Entre Ríos.

Mary Olstine Graham:

Mary Olstine Graham. Vino de Norteamérica; fue vicedirectora y luego directora de la escuela Nació en Saint Louis, Missouri, el 13 de agosto de 1842 y cursó allí el magisterio. Llegó a la Argentina en 1879. Pasados seis meses de preparación en Paraná, llegó a San Juan. Tenía 27 años y su destino era hacerse cargo de la dirección de la Escuela Normal que había sido creada ese año en esta provincia. Cuando Sarmiento supo de su capacidad docente, expresó que “había valido la pena esperar tanto”. Hacía diez años que el sanjuanino trataba de convencer a maestros norteamericanos de venir a San Juan, donde él hubiera querido instalar la primera Escuela Normal. Entre 1879 y 1882 Mary Graham fue vicedirectora de María Luisa Villarino de Del Carril y ese año asumió la dirección. “Miss Mary” causó asombro en San Juan con la puesta en práctica de su método de enseñanza, basado en la observación y la experiencia. Su objetivo era inducir a los alumnos a analizar y comprender más que a memorizar. Estaba en funciones como directora de la Escuela Normal de San Juan cuando en 1883 se graduó el primer grupo de maestras.  Ese año llegaron a la provincia cuatro nuevas maestras norteamericanas: Clara Gillies, que venía a ocupar la vicedirección; Sarah y Florence Atkinson y Sarah Harrison. Cuando, al cabo de seis años, Mary Graham cumplió su segundo contrato en San Juan, regresó a Estados Unidos. El pueblo sanjuanino estaba tan preocupado por la posibilidad de perderla, que le hicieron prometer que volvería. Así lo hizo e incluso regresó con su hermana Martha y su cuñado. En 1887 fue nombrada para organizar y dirigir la Escuela Normal de La Plata, tarea que terminó en 1888. Murió en esa ciudad el 10 de marzo de 1902. Sarah y Florence Atkinson Eran hermanas y tenían 22 y 20 años cuando llegaron a la Argentina en 1883. Ese mismo año fueron destinadas a San Juan. Dieron clases bajo la dirección de Mary Graham. Sarah enseñaba francés, geometría, física y química y Florence historia general y nacional, escritura y economía doméstica. Vivieron en San Juan hasta fines de su contrato, en marzo de 1886.                                                              En Estados Unidos Sarmiento encontró además otra fuente inspiradora: el educador Horacio Mann, quien más tarde sería reconocido como el “padre de la educación norteamericana” y su esposa Mary, con quienes rápidamente compartió ideales y objetivos. Fue con ellos con quienes maduró, ya en 1865, la idea de traer a la Argentina algunas maestras norteamericanas. Sarmiento era entonces Ministro Plenipotenciario de Argentina en ese país. El proyecto llevó tiempo y fue solo a partir de 1868, ya con Sarmiento como Presidente en este país, cuando la idea comenzaría a concretarse.                                                                                                          Sarmiento había soñado traer mil maestras norteamericanas a la Argentina. Lo cierto es que entre 1869 y 1898 llegaron a este país sesenta y cinco docentes.                                                                                      De ellos, sesenta y uno eran mujeres y cuatro eran hombres. Diez llegaron a San Juan en distintos momentos, aunque casi diez años después de que las primeras tocaran el puerto de Buenos Aires.                                                                                                                    Las “hijas de Sarmiento”, como se los empezó a llamar, venían de Nueva York, Pennsylvania, Maryland, Virginia, Ohio, Nueva Inglaterra, entre otros puntos de norteamérica; no llegaron todos juntos y no sólo lo hicieron durante la presidencia de Sarmiento. Habían respondido por diferentes razones a la convocatoria del gobierno argentino que no sólo difundió personalmente Mary Mann sino que incluso se publicó en los principales diarios de Estados Unidos.                                                                                 Los salarios –que en un principio eran altos-, la falta de trabajo en algunos estados norteamericanos, la expectativa de encontrar marido o el afán de aventura se combinaron con la verdadera vocación que estas maestras y maestros tenían por la educación popular.                                                                            El gobierno argentino les ofrecía un contrato por tres años, que comenzaba correr en el momento en que se embarcaban hacia este país.                                                                                                                    Una vez aquí tenían cuatro meses para aprender el idioma y ambientarse, lo cual se hacía en Paraná, lugar donde se había creado la primera Escuela Normal argentina.                                                               Después de esa preparación, eran destinadas a distintos puntos del país donde se estaban creando estas escuelas. Así fue como llegaron maestros norteamericanos a San Juan.                                          No hay relatos históricos sobre cómo o dónde vivieron.                                                                                    El edificio de la Escuela Normal de San Juan incluye una casa para el director, pero recién fue terminado en 1910, cuando ya no quedaba en San Juan ninguna maestra norteamericana.                        Para ese entonces, ya habían cumplido su misión: formar maestras normales que continuaran su tarea. Quienes fueron sus alumnas y las alumnas de sus alumnas ya no viven, pero todavía se transmite, en la formación de maestras en San Juan, la impronta que dejara Miss Mary Graham, que fue quien más tiempo estuvo en esta tierra.

Los obstáculos.

Una de las primeras dificultades que los docentes extranjeros tuvieron que afrontar fue la actitud recelosa de las maestras locales que recibían una remuneración mucho menor.
Aprender un idioma que les resultaba sumamente difícil, vivir en casas con pisos de ladrillos en el mejor de los casos, sin vidrios en las ventanas y en ciudades cuyas condiciones de higiene no eran las mejores, fueron problemas menores al lado de otro: la intolerancia religiosa. Con excepción de cinco maestras, el resto era protestante y en algunas ciudades como Catamarca y Córdoba tuvieron que lidiar contra los prejuicios de familias que no querían mandar a sus hijos a educarse con herejes, actitud que en muchos casos estaba avalada por obispos y sacerdotes.
No hay registros de que en San Juan las docentes fueran rechazadas. Los textos históricos mencionan la presencia de las maestras, pero no hablan de su vida en la sociedad sanjuanina. Es de suponer que la fuerte influencia de Sarmiento en su provincia protegió a las extranjeras que habían sido recomendadas por Sarmiento tanto a las autoridades locales como a sus hermanas y sobrinas.

Buen estado físico

Mary Mann y Kate Dogget, una activista en pro del sufragio femenino en Chicago, seleccionaron a las maestras que venían a la Argentina. Según lo exigía Sarmiento, en lo posible debían ser jóvenes con experiencia, de buena familia, excelentes modales y aspecto agradable. Debían tener muy buen estado físico, según Sarmiento “para dar ejemplo a nuestras criollas, tan acostumbradas a estar inmóviles, asistidas por sus servidumbres”.

Un aporte cuestionado.

Considerado por el revisionismo como el más irritante ejemplo del afán extranjerizante y antinacional de Sarmiento, estos docentes forjaron las bases del sistema educativo argentino Introdujeron cuestiones antes inexistentes en las escuelas de este país: el desarrollo artístico, el sentido de la responsabilidad, la puntualidad, la asistencia a pesar de las inclemencias del tiempo, el aseo personal y el orden, el trabajo manual, la gimnasia, cuadernos de trabajos, deberes escritos, bibliotecas escolares, exposiciones de historia natural y excursiones educativas. Suprimieron los exámenes públicos, a la vez que desalentaron el aprendizaje de memoria. También contribuyeron a jerarquizar el rol del docente y permitieron que muchas mujeres argentinas tuvieran una profesión.

Fuentes:
– De Massi, Oscar, Revista “Mujeres fuertes”, año 1, Nº6, mayo-junio 2007
– Houston Luiggi, Alice: Sesenta y cinco valientes.                                                                                             
Sarmiento y las maestras norteamericanas – Editorial Agora – Buenos Aires, 1959
– Luna, Félix: Sarmiento y sus fantasmas – Encuentros imaginarios – Editorial Atlántida, Buenos Aires. 1997
– Peñalosa de Varese, Carmen y Arias, Héctor: Historia de San Juan, Editorial Spadoni, Mendoza, 1966
– Videla Horacio: Historia de San Juan – Tomo VI- 1875-1914, Academia del Plata, Buenos Aires, 1962
– Las fotografías de Mary Graham y Clara Armstrong pertenecen al Museo de la Escuela Normal Sarmiento de San Juan. Las imágenes de Clara Gillies y Mary Gorman son reproducciones de las que publica el libro de Alice Houston Luiggi.

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Ver Domingo Faustino Sarmiento, su vida y obras

Ver El gobierno de Sarmiento

Ver Escuela Normal Superior Sarmiento

Ver Escuela Industrial “Domingo Faustino Sarmiento”

Origen: sanjuanalmundo.org.



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