Miércoles 20 de Octubre de 2021

Hoy es Miércoles 20 de Octubre de 2021 y son las 01:05 Tomemos Conciencia. "No me preocupan los corruptos y ladrones." Me preocupa todo un pueblo que mira con indiferencia el comportamiento mafioso. "El miedo sólo sirve para perderlo todo."

9 de octubre de 2021

PARA ESTO VOLVIERON, NO PARA SER MEJORES, SINO PARA SELLAR LA IMPUNIDAD DE CFK A TRAVÉS DE LOS JUECES BASURAS

Fuente : Agencia : OPI SANTA CRUZ.
Organización Periodística Independiente .

Luego de la liberación de los chorros del poder de la década ganada”, delincuentes que fueron quedando final y sistemáticamente viviendo en sus mansiones mal habidas producto de la corrupción K, lo cual permitió que personajes como Boudou, De Vido, López, Lázaro Báez, Muñoz, Baratta y un centenar más de ladrones compulsivos, se enriquecieran a instancias del Estado argentino; después de la liberación de 10 mil detenidos, violadores, narcotraficantes y criminales de toda laya, salieran de sus prisiones por decisión de la “Justicia basura” que supimos conseguir y jueces oscuros a los que alguna vez deberían investigarles el patrimonio, Cristina Fernández logró su primera gran victoria en la Justicia Basura: que un par de abogados corruptos okupas la Tribunal que juzga la responsabilidad de la vicepresidente y su banda (hoy, nuevamente, en el gobierno nacional), la absuelvan de sus delitos logró su primer “gran triunfo”: burlar la justicia tras un vergonzoso fallo, que para explicar su kafkiano argumento, vamos a transcribir la nota del periodista Héctor Gambini del diario Clarín de hoy.

Con el título de “Un fallo vergonzoso para cumplirle a Cristina el sueño de la impunidad” Gambini señala, en una muy buena e ilustrativa nota, lo siguiente:

El sobreseimiento a la ex presidenta por el Pacto con Irán es una muestra explícita de la justicia delivery que dicta sentencias no de acuerdo a la ley sino a la medida de los acusados.

Pocas veces en la historia argentina un fallo estuvo tan condicionado por el acusado. La acusada, en este caso. No hay forma de que el tribunal 8 pudiera haber producido el fallo que produjo si en el banquillo no hubiese estado Cristina Fernández de Kirchner.

En una cadena de sucesos que arrastran el caso hasta la vergüenza ajena, ella, Cristina, la acusada principal, hizo lo que quiso y manejó su propia causa antes de sentarse en el banquillo, que no tocó nunca.

Lo que quiso era que el juicio no comenzara jamás. Lo logró con un tribunal que actuó desde el primer día bajándose la venda de los ojos, mirando y viendo a Cristina. A partir de ese momento, la ley dejó de importar.

Los juristas dan un ejemplo magnífico de un caso donde el juicio debería suspenderse: el tribunal va a juzgar a alguien por un homicidio pero el día anterior se presenta el muerto, caminando, vivito y coleando, y les dice: “Señores, estoy vivo”. No habrá entonces juicio por homicidio, porque el homicidio no existió.

No hay ninguna otra razón atendible para evitar el debate oral, que es el ámbito natural de la justicia transparente.

Acá no apareció ningún muerto caminando. Más bien todo lo contrario.

Cristina inventó una audiencia preliminar que no existe para hacer una defensa política a su medida. Es mejor defenderse en un monólogo que ante testigos y pruebas objetivas. Es mejor para la imputada, pero no es justo.

Que la audiencia preliminar no existe no es una metáfora ni una simplificación analítica: no existe en el Código Procesal Penal. No está contemplada. No figura.

Lo admitió el propio tribunal: “Si bien la audiencia oral y pública solicitada no se encuentra prevista en el Código Procesal Penal para resolver nulidades, no hay ninguna razón para desalentar su celebración”.

¿Y qué razones tuvieron para alentar la celebración de algo que no está en la ley? Otra vez, lo respondieron ellos mismos, al hablar de un juicio con “pluralidad de imputados, la investidura de algunos de ellos y las cuestiones de orden geopolítico que se encuentran en juego”.

Es decir, que estaba bien si a la señora de la investidura le parecía lo correcto. Como lo pide una ex presidenta y actual vicepresidenta, entonces sí.

Nunca quedó tan patente que la igualdad ante la ley que soñaron los fundadores de la república es puro humo. Un humo tóxico.

Cristina se sentó entonces con un límite de tiempo fijado por zoom y habló el doble de lo que le habían asignado. El tribunal no la interrumpió nunca. Y ella, a esa altura ya la dueña de la causa, planteó que debía ser sobreseída tanto como sus co-imputados porque, entre otras cosas, algunos de ellos “eran chiquitos cuando volaron la AMIA”.

Los acusaban de encubrir a los autores del atentado con un pacto firmado 19 años después del ataque terrorista. No de poner la bomba.

Tras oír a todos los imputados, el fiscal opinó que no había razón para no hacer el juicio, que para eso está: un debate oral es para defenderse, escuchar a los testigos, ver las pruebas y resolver con todos los elementos si alguien es culpable o inocente.

El fiscal dijo que nada de lo que Cristina aseguraba sobre el “armado” de la causa -donde participaron previamente una docena de jueces y fiscales que estuvieron de acuerdo en sostener la acusación- estaba probado como para que justificara evitar el debate.

Pero el tribunal parecía tener la decisión tomada desde el día en que habilitó la audiencia inventada. ¿Para qué lo harían sino para sobreseerla y cumplirle a Cristina el sueño de no sentarse en el banquillo ni un día?

Los jueces escribieron 387 páginas para justificar un sobreseimiento colectivo, abordando los tres puntos centrales que pedían las defensas y dándoles las razón prolijamente en cada uno de ellos: que la causa fue reabierta por dos jueces de Casación (Hornos y Borinsky) que iban a jugar al paddel con Macri; que el Memorando de Entendimiento con Irán es una decisión política no judiciable y que las alertas rojas de Interpol contra los prófugos acusados nunca se levantaron.

Pero usan criterios para sostener los argumentos de hacer caer el juicio que luego cambian. Lo que les parece sospechoso en un caso no les parece en el otro. Miden con distinta vara.

Por ejemplo, a la jueza López Iñíguez le parece claro que Hornos y Borinsky votaron reabrir la causa porque iban a jugar al paddel con Macri -y eso vale para no hacer el juicio-, pero no le parece claro que si a las alertas rojas les agregaron una leyenda diciendo que Argentina e Irán estaban negociando por su cuenta eso significaba diluir su efectividad práctica.

Al argumento de que Hornos y Borinsky fueron parciales la jueza le dedicó más de 70 páginas del fallo, pero no considera todo lo que sucedió luego de que la causa fuera reabierta: que otros jueces y fiscales, en diferentes instancias, consideraron que la prueba era suficiente como para dirimir el caso en el juicio oral que ahora el tribunal encargado de hacerlo acaba de frenar.

Y al juez Michilini le parece central que, como en algunas escuchas Khalil, Esteche, D’Elía y otros implicados se tratan de modo poco respetuoso o con insultos no podrían estar asociados para un mismo objetivo. Es lo mismo que decir que Parrilli no es del entorno político íntimo de Cristina porque ella en una escucha lo llamó “pelotudo”.

Aunque los jueces tengan una posición respecto del Memorando con Irán, ¿cómo saben que ninguno de los 300 testigos previstos iba a aportar ninguna prueba diferente sobre el armado de un plan para darles impunidad a los terroristas, que es lo que denunció el fiscal Nisman? ¿Cómo pueden arrogarse semejante facultad sin oírlos?

Uno de los testigos previstos era el ex espía Antonio “Jaime” Stiuso, quien ya había dicho que en un momento Cristina le pidió que abandonara la investigación sobre Irán.

¿Y si este testigo, o cualquier otro, aportaba elementos desconocidos o contundentes a favor de que el memorándum con Irán sólo era una herramienta para el pacto real, que era darles impunidad a los terroristas?

El fallo cita a Platón, Sócrates y hasta a “El cohete a la luna” -el sitio del periodista K Horacio Verbitsky- para hilvanar argumentos en favor de las defensas. Y hace suyas, una por una, las palabras de “El Chango” Zuain, el actuar embajador argentino en Rusia que no es un jurista de biblioteca sino uno de los imputados.

Zuain participó directamente en las negociaciones con los iraníes como vicecanciller de Timerman y es un admirador confeso del chavismo venezolano, pero antes que todo eso es un pragmático: con Cristina en el llano, no se privó de ser embajador en Paraguay durante el gobierno de Macri.

Su testimonio y otro puñado de argumentos -siempre de una sola campana, la defensa- pudieron más que los argumentos de los querellantes que pedían el juicio y la lista de 300 testigos que, si este fallo queda firme en Casación, jamás serán oídos.

Cristina podría haber sido absuelta en el juicio. Declarada inocente. Lo mismo que cualquiera de los otros imputados. Eso es lo que hubiera correspondido si, tras todas las audiencias, no había pruebas en su contra o ninguna de ellas era capaz de traspasar el umbral de la duda.

Pero sobreseerla antes de juzgarla es inédito en un caso de esta trascendencia y en esa instancia, cuando lo único que debía hacerse era empezar el juicio.

Asoma entonces la peor cara de la justicia delivery: hacer fallos a la medida de quien está sentado en el banquillo para consagrar la impunidad anticipada. No hay sentido común que resista semejante arbitrariedad.

Es curioso, además, que el tribunal sostenga que anular el juicio es beneficioso para la economía procesal y no extender inútilmente cuestiones que ellos definen de antemano.

Es curioso porque tuvieron el caso más de 3 años congelado antes de que finalmente se decidieran a parar todo, zamarreados por Cristina.

¿No vieron durante esos tres años lo que ven ahora con tanta claridad? ¿Les parece beneficioso “ahorrar” justo en el debate público después de “gastar” más de 3 años en dilaciones insufribles?

El fallo tiene otras lecturas, y acaso por eso salió inmediatamente a festejarlo Diego Lagomarsino, procesado por el asesinato del fiscal que había denunciado todo esto cuatro días antes de aparecer en el baño de su departamento con un balazo en la cabeza.

Entrada la madrugada, Lagomarsino tuiteó: “El Memorándum de Entendimiento con Irán no constituyó un delito…”                                                                                                                                ”Falta que finalmente se diga la verdad sobre el suicidio de Nisman…”.

Vamos por todo.

La batalla final por la denuncia del fiscal Alberto Nisman se define ahora en la Cámara de Casación.

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