Lunes 23 de Mayo de 2022

Hoy es Lunes 23 de Mayo de 2022 y son las 00:05 - Tomemos Conciencia. "No me preocupan los corruptos y ladrones." Me preocupa todo un pueblo que mira con indiferencia el comportamiento mafioso. "El miedo sólo sirve para perderlo todo."

24 de abril de 2022

E UNA ESCENA DE DIEZ SEGUNDOS . . . ESTA SEMANA EN CONSTITUCIÓN .-

Por : MIGUEL WIÑAZKI .
Fuente : Clarin.

Las puertas automáticas enormes ante la boca del subte en la línea C sobre la plaza Constitución disocian dos mundos conectados: arriba y abajo.

En la superficie, la plaza, abierta, ineludible puerto hacia todas las direcciones de la urbe. Abajo, el ajetreo programado de los vagones atestados de trabajadores. Las puertas se abren como fauces hacia ese edificio curvilíneo, un arco vidriado que irrumpe disputando la altura arbórea. Las escaleras conducen hacia los andenes.

Durante la manifestación del miércoles se aglutina un grupo de personas ante esas puertas para ingresar. Se cerraron no más de quince segundos. En general, se abren al instante cuando uno apenas se acerca a ellas. Fueron segundos de obturación, pero una pequeña marea humana -porque serían cien personas a lo sumo las impacientes- comenzaron a golpear los vidrios para que se abrieran al momento.

Nada se había cerrado deliberadamente, fue una pequeña trabazón, instantes, pero los puños golpeaban los vidrios.

Las puertas se abrieron.

Hay miles de escenas como esta día a día.

Un instante puede ser un chispazo de violencia. Los puños crispados están listos.

En Retiro, hace varios meses, se están refaccionando las vías del Mitre. La obra es pertinente. Pero la demora es cotidiana. Los insultos ante la morosidad acontecen todo el tiempo.

En el San Martín también se viaja mal y muy mal. Habían prometido electrificarlo.

Sigue funcionando como hace tantas décadas: mal.

El soterramiento del Sarmiento es una promesa de eras. Nunca se hizo. En el interín la masacre de Once le puso sangre de inocentes a la negligencia y a la corrupción.

Y las aglomeraciones continúan en todas partes.

Y el sonido mudo de la furia, de las pisadas de los que trabajan que van y vienen padeciendo la inoperancia se convierte en laberintos de malestar creciente.

¿Percibe la política ese clima?

Durante el miércoles de esta semana la Argentina exhibió sus múltiples rostros condensados: la peregrinación y los estandartes de miles que llegaban en general del conurbano.

Otros, muchos, acostumbrados pero en el fondo muy enojados, encerrados por los bloqueos y la imposibilidad de circular.

La política ensimismada induce a la cólera masiva.

Pero hay sugerentes cambios.

Algo se ahueca en el piso de las políticas abismadas en cavilaciones autocentradas.

En la Universidad de Buenos Aires, el Frente Reformista, donde junto a Franja Morada y al socialismo conviven en algunas facultades sectores liberales, obtuvo el 62,5% de los votos. El kirchnerismo universitario cayó derrotado y eso implica una eventual mutación extrauniversitaria, también, o quizás sea consecuencia de transformaciones más profundas.

El sistema mecanicista arraigado en los viejos dogmas retóricos, las consignas y las divergentes voluntades de poder enfrentadas en batallas bizantinas inducen un desprecio manifiesto.

Adviene una alerta meteorológica que amplios círculos cerrados de la política no estarían detectando.

Los liderazgos tienden a volverse arcaicos, e incuban impensadas nuevas figuras, no necesariamente positivas.

No hay poseedores de audiencias cautivas, y si los hay esas tribus devotas a las tutelas tan firmes antes se fragmentan en fricciones que de pronto son violentas.

Ocurre en la coalición gobernante.

En muchos sentidos Cristina ya no es La Dueña.

Ni siquiera parecen funcionar ya las celebraciones clásicas. Hasta los fantasmas, que solían atravesar todas las paredes, se desvanecen.

¿Perón, Evita o Néstor están realmente vivos para las nuevas generaciones?

Cuando Cristina durante su mayor gloria bailaba y lloraba y reía mientras retumbaba “Aguante Morocha”, y miles gritaban “Arriba Morocha” y ella danzaba más, arreciaba en el coro de adoratrices y de adoradores aquellas gritadas voces emocionales de la canción: “Aguante Morocha que nadie está muerto”.

Pero sí hay muertos. Los distantes en el tiempo y los recientes, las víctimas de múltiples represiones y de las postergaciones en las llegada de vacunas durante la pandemia, los muertos que produce la pauperización creciente, la miseria.

Los que sostienen el real deseo de vivir se desprenden de los viejos amos, de las antiguas celebraciones de la propietaria mística del poder al compás del tamboril.

No son procesos simples. El alma feudal persiste aún y la subordinación resiste, pero se iría desgajando a nivel nacional.

El horizonte sería diferente.

Hay hartazgo de demagogia.

La incertidumbre es alta.

La inflación, altísima.

Los umbrales se tensan.

Y las puertas de las estaciones que nos llevarían a destinos mejores no terminan de abrirse.

Miguel Wiñazki

Fuente: Clarin.



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