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25 de octubre de 2015
MANIFIESTO DE LA RED FEDERAL DE FAMILIAS‏
“Apostemos por lo natural. Un varón y una mujer transmiten la vida”. Mientras que las peripecias que enfrentan los defensores de la Vida (particularmente los médicos de los hospitales públicos) fueron descriptas por el Dr. Antonio Catallán Pellet, Jefe de Departamento de Medicina Interna del Hospital Rivadavia.
Por Tu Familia, apostemos a la vida.

NOTIVIDA, Año XV, Nº 991, 22 de octubre de 2015

MANIFIESTO DE LA RED FEDERAL DE FAMILIAS

El 24 de mayo de este año, con motivo del cierre de su Quinto Congreso Nacional, la Red Federal de Familias (RFF) emitió una declaración en la que renovaba solemnemente su compromiso de reconocer, difundir y promover la vigencia, en el orden social, de los siguientes principios: a) el respeto y la protección de la vida humana en todas las etapas de su desarrollo, desde la concepción y hasta la muerte natural; b) la estructura natural de la familia fundada en el matrimonio de un varón y una mujer, abierto a la transmisión de la vida; c) el derecho y deber originarios de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones morales y religiosas; y d) la procura y promoción del Bien Común como deber de gobernantes y gobernados.

Ante la situación acuciante que se vive en nuestra sociedad, en orden a la conculcación sistemática de dichos principios, la entidad consideró imperioso movilizar a todas las personas comprometidas con ellos, en la búsqueda urgente de soluciones que permitan revertir el estado actual  de las cosas y rescatar las instituciones políticas y sociales de la Patria y las fuerzas morales de la población, prácticamente devastadas.

Por eso en el último párrafo de aquella declaración, la RFF se permitió convocar una vez más y con mayor urgencia a todas las personas, familias y asociaciones intermedias de nuestra Patria a movilizarse en la defensa o restauración de los valores sagrados que la constituyen, aun a costa de los mayores sacrificios y peligros.

Las manifestaciones que ayer se produjeron en muchísimas ciudades del país -promovidas bajo el lema “Por tu familia”- obedecen a aquella convocatoria.

Durante el acto realizado frente al Congreso de la Nación los oradores plasmaron las dificultades cotidianas que enfrentan los que defiende el orden natural y renovaron su compromiso con la causa. Sobre Familia habló el Prof. Guillermo Gini, rector del Instituto San José de Calasanz, el establecimiento educativo que tras las elecciones primarias de la Ciudad de Buenos Aires fue acusado de “discriminar” porque en el patio del establecimiento había un cartel que decía: “Apostemos por lo natural. Un varón y una mujer transmiten la vida”. Mientras que las peripecias que enfrentan los defensores de la Vida (particularmente los médicos de los hospitales públicos) fueron descriptas por el Dr. Antonio Catallán Pellet, Jefe de Departamento de Medicina Interna del Hospital Rivadavia.

Al cierre del acto la Junta Ejecutiva de la RFF hizo público el siguiente manifiesto:

Por Tu Familia

Nos concentramos y manifestamos por la familia, porque estamos convencidos de que la institución familiar se encuentra en gravísimo riesgo de desaparición, ya sea por su lisa y llana supresión, ya sea por su completa desnaturalización.

Y lo hacemos porque creemos que pesa sobre nosotros y, con nosotros, sobre todos los miembros de las familias que forman el tejido sustancial de nuestra sociedad nacional, la carga de defenderla, de asegurar su subsistencia y lograr su propagación, consolidando y constituyendo, de ese modo, los pilares fundamentales de nuestra Patria y de nuestra sociedad.

Creemos que no hay sociedad política sólida y capaz de fomentar la salud física y espiritual de sus miembros si no se asienta en la base firme de familias bien constituidas y creemos, del mismo modo, que la embestida que pretende la disolución de nuestra sociedad -y, con ella, del ser nacional y de sus principios constitutivos- que padecemos, se funda principalmente en el ataque a la familia.

La familia, fundada en el matrimonio de un varón y una mujer, abierta a la procreación y a la educación de los hijos, con esas características, es la única base posible de una sociedad política organizada, orientada hacia el bien común y custodia eficaz de la vida humana y, más aún, del respeto a la vida y a la persona humana, en todos los ámbitos de su desarrollo y bajo todos los aspectos de su dignidad intrínseca.

Hoy, en la Argentina, no se están llevando adelante políticas de promoción y protección de la familia, sino todo lo contrario.

Nos permitimos señalar como primera muestra de esto que decimos, más que nada por la importancia del instrumento utilizado, la reforma del viejo Código Civil de la Nación.

La sanción y puesta en vigencia del nuevo Código Civil y Comercial de la socava gravemente los fundamentos mismos de la familia, como son la autoridad paterna y la filiación, entre otros, y el núcleo constitutivo del instituto familiar, que es el matrimonio, al convalidar e incorporar al orden normativo ordinario de la República, la perversa ley 26.618, llamada grotescamente “ley de matrimonio igualitario”.

El régimen para familia, instituido por el nuevo Código, subvierte todos los principios que sustentan dicha institución, no sólo desde el punto de vista del orden natural, cuyo respeto es el mínimo exigible para la legitimidad de una ley, sino desde la perspectiva de nuestras tradiciones patrias y de nuestra cultura ancestral, heredada de Grecia y de Roma y, directamente, de la Civilización Cristiana que fundó las naciones de Europa y que se trasladó a nuestras tierras gracias a España y, luego, de las corrientes inmigratorias que la confirmaron y enriquecieron con sus tradiciones locales.

Por lo tanto, reclamamos perentoriamente a las autoridades nacionales que se encare una profunda revisión de las disposiciones atinentes a la familia en ese cuerpo legal y que se retorne, con las reformas que sean necesarias, a la antigua y legítima configuración de la institución familiar conforme a los principios de orden natural y tradicional que la constituyen como tal.

Desde ya que, por ello, rechazamos la ley 26.618, mal llamada de “matrimonio igualitario”, receptada por el Código reformado y a la que reputamos esencialmente inmoral e inicua y particularmente nociva, en cuanto destructiva del orden familiar por medio de la completa desnaturalización del matrimonio, que es su fundamento.

Rechazamos, del mismo modo, las normas del Código que facilitan el divorcio hasta convertirlo en un mero trámite administrativo; y las que, en la práctica, equiparan el matrimonio con otros tipos de convivencia; convirtiéndolo así en un instituto accidental, superfluo y volátil.

Repudiamos, como gravemente ofensiva al orden natural, a la dignidad de la mujer, a la integridad y unidad de la familia y al derecho a la identidad y la dignidad de los hijos cualquier tipo de manipulación embrionaria y de fecundación artificial. Especialmente consideramos como aberrante el alquiler de vientres, sea cual sea el eufemismo con el que quiera disfrazarse su intrínseca fealdad.

Del mismo modo, reclamamos la urgente revisión de las normas que atentan contra la identidad sustancial de las personas, que tiene directa relación con la identidad sexual y con la identidad de filiación. Por lo tanto, decimos que no y rechazamos, tanto la ley de identidad de género como las normas del nuevo Código Civil que impiden el acceso al conocimiento de la verdadera identidad biológica.

Tenemos al primer bebé del mundo inscripto con dos padres y al primer bebe con triple filiación de América Latina. No queremos que esos descarríos se incorporen a nuestra sociedad y contaminen su entorno.

Entendemos a la familia como el cobijo natural y propio de la vida humana y consideramos que es en ella donde debería regularmente concebirse, desarrollarse, enriquecerse, crecer, madurar, llegar a su ocaso y fin temporal. Dentro de ella los hijos se conciben y nacen, en ella se educan y crecen, en su seno aprenden ellos el amor, el respeto, la religión, la historia, se relacionan y fortalecen en su identidad y en sus rasgos particulares; y a partir de ella se convierten en adultos y fundan nuevas familias que, así, continúan el ciclo armónico de una sociedad ordenada y pacífica. No ignoramos y, por ello, no negamos que existen situaciones irregulares, situaciones que, dentro de un orden justo, se resuelven y dignifican en el marco de las familias que las padecen, recogen y protegen.

Rechazamos el aborto bajo cualquier forma que se lo presente y bajo cualquier pretexto que intente justificarlo o disculparlo. La vida de una persona, cualquiera sea la circunstancia por la que atraviese, es en sí misma sagrada y digna de respeto. La vida inocente es inviolable. La familia es la primera y natural custodia de la vida humana, destinada a ser acogida por ella y en ella.

Consideramos que no existe causa alguna que justifique el aborto, al que calificamos como un crimen aberrante. Y entendemos que hay vida humana plena desde el instante mismo de la concepción, ya sea en el seno materno, como corresponde según el orden de la Creación; ya sea en el laboratorio, a causa de las técnicas de fecundación artificial.                                                                                                                                   En cualquiera de ambos casos, hay vida humana desde el momento de la unión de los gametos masculino y femenino y esa vida, que es totalmente inocente, merece el respeto más absoluto y tiene el derecho a desarrollarse, como correspondiente a una persona, en el seno de una familia, entendida ésta en el único sentido legítimo que le corresponde.                                                                                                                               Es deber del Estado procurar la acogida familiar a los niños que carecen de hogar propio por cualquier circunstancia.

Rechazamos, pues, todo proyecto de legalización, legitimación o admisión del aborto, aun de aquellos que se dicen amparados por alguna disposición del Código Penal. Desde ya, repudiamos por injusta e ilegal la interpretación dada por la Corte Suprema al art. 86 del Código Penal, norma también injusta y que está derogada por el derecho constitucional argentino.

Y, por supuesto, negamos enfáticamente la legalidad y juridicidad de los protocolos sancionados en consonancia con ese inicuo fallo de la Corte Suprema.                               Dada su actualidad, rechazamos especialmente el Protocolo para la atención integral de personas con derecho a la interrupción legal del embarazo”, publicado por el Ministerio de Salud de la Nación.

La familia no está aislada de la sociedad sino, por el contrario, la integra y forma como su núcleo sustancial.

Por tanto, todo lo que atañe a la sociedad le interesa e incumbe a la familia.

Buenos Aires sancionó la primera Ley de unión civil de Latinoamérica y Argentina es el primer país latinoamericano que admitió el pseudo “matrimonio” gay, luego sancionado como ley de la Nación.

Tenemos una ley de “Violencia contra la mujer” sancionada por unanimidad,  de “Identidad de género” sancionada por unanimidad, de eutanasia pasiva sancionada por unanimidad…basándose en esta última la Corte Suprema se pronunció recientemente en un caso de eutanasia pasiva,  haciendo lugar a su práctica conforme a una forzada interpretación de aquella ley innecesaria y,  por lo menos, ambigua.

Todas estas leyes atentan contra la familia, en cuanto le impiden desarrollar en plenitud todas sus finalidades, en cuanto establecen diferencias injustas entre los miembros del entramado social y luego fijan igualdades antinaturales que desfiguran el verdadero papel de las personas.

Al abrir las puertas a la eutanasia, perturban uno de los fines propios de la familia que es el de acompañar a sus integrantes hasta el final de sus vidas, con aborto otro, porque la familia es el lugar natural de acogida a la vida humana naciente, las leyes vinculadas a la ideología de género socavan el deber y derecho primario de los padres a educar a sus hijos. La familia es la destinataria final de todos estos ataques, de allí el lema que hoy utilizamos:               Por Tu Familia.

El eco que tuvo en todo el país esta convocatoria nos permite conservar la expectativa de un renacimiento moral, social y espiritual de nuestra Patria.                                   Nuestra única esperanza está puesta en el auxilio de la Divina Providencia y en las reservas morales de nuestro pueblo.

Buenos Aires, 21 de octubre de 2015

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NOTIVIDA, Año XV, Nº 991, 22 de octubre de 2015

Editores: Lic. Mónica del Río y Pbro. Dr. Juan C. Sanahuja

Página web: www.notivida.org

Email: notivida@hotmail.com



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