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11 de noviembre de 2015
Las cucarachas hablan… (también)
Otros, sin autocrítica, sin memoria, sin reconocerse como delincuentes comunes, pretendiendo que blandieron las armas en contra de la República encarnando una gesta maravillosa de la Argentina, simples criminales, secuestradores impunes amparados por el menemismo flácido, después reconocidos por el kirchnerismo retrógrado, habla nada menos que de “paz” y de “necesidad de autocrítica” de la clase política y social. Habló Mario Firmenich, un delincuente común. (Por Rubén Lasagno)

Las cucarachas hablan (también).

            Las cucarachas hablan… (también)

 
 
AGENCIA OPI SANTA CRUZ, 10-11-2015, PROVINCIA DE SANTA CRUZ.-

En esta república transformada en Macondo, hablamos todos, pero algunos podemos hacerlo como ciudadanos activos, que trabajamos para cambiar las cosas desde la paz y la palabra.Otros, sin  autocrítica, sin memoria, sin reconocerse como delincuentes comunes, pretendiendo que blandieron las armas en contra de la República encarnando una gesta maravillosa de la Argentina, simples criminales, secuestradores impunes amparados por el menemismo flácido, después reconocidos por el kirchnerismo retrógrado, habla nada menos que de “paz” y de “necesidad de autocrítica” de la clase política y social. Habló Mario Firmenich, un delincuente común. (Por Rubén Lasagno)

Si de algo no nos podemos ufanar en Argentina es de poner las cosas en su lugar y que rara vez la historia juzgue a los cómplices de haber contribuido a que el país se siga nutriendo de las malas juntas, de aquellos personajes que en los ´70 compusieron la peor melodía nacional, sembrando el germen de lo que luego sobrevendría: las dictaduras y los crímenes de dos bandos enfrentados que usaron a la Argentina como campo de batalla.
Apareció Mario Firmenich, un ícono de la impunidad criminal de los `70 travestido de intelectualoide y por qué no de alguien que pretende tener peso político con su opinión, arrogándose el derecho de decirnos a los argentinos cómo debemos actuar en esta circunstancia política-histórica del país y que es lo mejor para nuestra sociedad.
Suenan asquerosas las palabras como “paz” en sus labios y patética la “recomendación” de buscar un “pacto social y político” o el pedido de “una Argentina socialmente justa, económicamente eficiente, políticamente pluralista y culturalmente diversa y en paz” y todavía soportar un desafiante “quien quiere oír que oiga”, como si sus palabras fueran el réquiem de los argentinos al borde del precipicio, que necesitamos de criminales autoexiliados para sobrellevar nuestras decisiones.
Llegó a decir “son necesarias las autocríticas de todos para comprender el círculo vicioso de la Argentina” y tuvo la descares de replicar “El revanchismo genera odio. El odio genera desintegración”, afirma quien fuera uno de los mentores de la desintegración social y política en los años 70; el factótum de la debacle nacional, junto a grupos criminales que buscaban el poder a través de las armas, poniendo bombas, matando gente, secuestrando, fusilando cobardemente y  aniquilando las bases de la República y permitiendo el avance de las dictaduras con las que este mismo sujeto, como otros que han estado en este gobierno y que eran cómplice de Firmenich, hicieron amistad para traicionar a los suyos y salvarse.
Firmenich llegó a decir “Ya que no hay ideologías, que nadie se atrinchere en ideologismos falsos”. Un perfecto caradura, que usó una ideología distorsionada y falsa para hacerse del poder sobre la sangre del pueblo al que decían defender. Un despreciable sujeto que comandó a otro grupo de criminales que el menemismo indultó para poder convivir con todos los malvivientes en paz y que el kirchnerismo redobló la apuesta poniéndolos en cargos nacionales o elevándolos a la categoría de “héroes nacionales” y casi “mártires de la República”, claro está que solo visto con los ojos de quienes ven la historia con un solo ojo y son tuertos a la hora de leer la historia y reconocer errores propios.
Tipos como Fernando Abal Medina, Mario Firmenich, Carlos Gustavo Ramus, José Sabino Navarro, Emilio Maza, Carlos Capuano Martínez, Mario Firmenich y Carlos Hobert, Julio Roqué, Dardo Cabo, Marcos Osatinsky, Roberto Quieto, Horacio Mendizábal, Raúl Yaguer, Roberto Perdía, Fernando Vaca Narvaja, Rodolfo Galimberti, José Pablo Ventura (algunos muertos y otros en servicio) pretendidos “revolucionarios” que usó Perón y luego despreció y echó de la plaza, cuando el viejo exiliado de regreso al país, vio que eran un grupo de violentos que querían convertir a la Argentina en un cubo de sangre.
Este personaje fue el mismo que apoyaba la zona liberada de Taco Ralo, promovían la toma de la Calera y que en 1973 fue parte del “Operativo Dorrego” una simbiosis de los Montoneros con el Ejército, cuando éste era conducido nada menos que por el General Carcagno.
Firmenich, fue un sobreviviente a costa de la sangre inútil de jóvenes que en aquellos años fueron carne de cañón de pseudos idealistas que como este personaje convenían en una mesa de café en parís, junto a Emilio Massera, la entrega de sus compañeros.
Forma parte de la banda de delincuentes armados que parecían enfrentarse con las dictaduras y negociaban con ellas; los que mataron a Vandor, Alonso, Rucci y Coria, los que asesinaron a sangre fría a Aramburu, al Radical Arturo Mor Roig, para desestabilizar a Balbín, responsables de la masacre de Ezeiza. Luego, en el 74 Mario Firmenich, Adriana Lesgart (Grupo Evita), José Pablo Ventura (JUP), Enrique Juárez (JTP) y Juan Carlos Dante Gullo (JP), fueron los encargados de anunciar el pase a la clandestinidad y más tarde sobrevendrían los actos delictuales como el secuestro de los Born, donde los “héroes juveniles” de aquellos años, se alzaron con 60 millones de dólares, como cualquier delincuente común y siguieron extorsionando, robando y matando, o cargándole a Roberto Quieto, a quien condenaron a muerte en ausencia, como el “delator”, cuanto hoy la historia describe que Firmenich, Galimberti y varios más de aquella “juventud maravillosa” que atravesaron impunemente los años posteriores de democracia, fueron los que en realidad “vendieron” a sus camaradas para sobrevivir en el oscuro mundo donde incursionaron.
Y el recuento de hechos y circunstancias donde este personaje intervino en destrucción de las instituciones, de la vida civil y de la Patria, podría seguir por mucho más tiempo, pero no sería lógico darle tanta importancia a un criminal readaptado a los tiempos y a la flacidez de un sistema democrático que todo lo perdona, pero que no permite olvidarlos.
¿Y esta cucharacha viene hoy a hablarnos de “paz”, de que “el revanchismo lleva al odio” y a la “destrucción nacional”?. Es como si Barreda nos hablara del valor de la familia y Adolf Hitler hubiera dejado un ensayo sobre Derechos Humanos. (Agencia OPI Santa Cruz)


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