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15 de noviembre de 2015
Noche de balotaje contra Macri pero el enemigo de Scioli... sigue siendo K‏
Los K se aferraron a Daniel Scioli en 2003 por 3 motivos:
porque gozaba de más popularidad que Néstor Kirchner
porque había que impedir que Carlos Ruckauf u otro 'duhaldista' de renombre se subiera al binomio, y porque creían que era inocuo. O sea que lo disciplinarían con facilidad.
En cuanto a Scioli, él se subió al binomio K por 3 motivos:
porque de todos modos se quedaba sin trabajo al acabar la transición de Eduardo Duhalde, porque le ayudaba a distanciarse de Carlos Menem

           Noche de balotaje contra Macri pero,                                 el enemigo de Scioli... sigue siendo K‏.

Domingo de debate antes del domingo del balotaje.                                                                 Daniel Scioli nunca quiso semejante escenario.

 Su idea era ganar en 1ra. vuelta pero nunca llegó a fundamentar cómo hacerlo.                                                  Ahora tendrá 1 hora y media frente a Mauricio Macri.                                                                                               Puede ser el final anticipado... pero aún ganando todo seguirá siendo complicado                                             porque su verdadero rival no estará enfrente sino mirándolo por TV.

                                                     Daniel Scioli y Cristina Fernández de Kirchner: Una relación imposible.

"(...) Cuentan, desde adentro del equipo sciolista, que un par de días después de las PASO se analizaban en la mesa chica de la campaña los pasos a seguir. Scioli dijo estar confiado en que la actitud de la Presidenta y sus incondicionales iba a ayudarlo en su propósito electoral. Fue entonces que el ascendente santafesino Omar Perotti le habría dicho: “Te odian Daniel. Te odian. Tenés que darte cuenta de eso”. Aseguran que sobrevino un silencio tan denso que podía palparse. Un ministro bonaerense, que si Scioli es presidente será ministro nacional, le dijo esta semana a un periodista de Clarín, fastidiado consigo mismo: “Tardamos demasiado tiempo en darnos cuenta de que ella no quería que ganáramos”. (...

Los K se aferraron a Daniel Scioli en 2003 por 3 motivos:
porque gozaba de más popularidad que Néstor Kirchner
porque había que impedir que Carlos Ruckauf u otro 'duhaldista' de renombre se subiera al binomio, y porque creían que era inocuo.                                                               O sea que lo disciplinarían con facilidad.
En cuanto a Scioli, él se subió al binomio K por 3 motivos:
porque de todos modos se quedaba sin trabajo al acabar la transición de Eduardo Duhalde, porque le ayudaba a distanciarse de Carlos Menem, algo que creía necesario para levantar vuelo propio, y porque era mucho más de los esperaba tener 1 año antes.
Un dato a considerar:
Néstor Kirchner tenía un proyecto político propio, Daniel Scioli no.
El problema comenzó cuando Scioli comenzó a amenazar con tener su propio proyecto político.
Las amenazas de los K fueron tan abrumadoras que Scioli decidió postergar la enunciación de su ambición... y seguir gozando de las bondades del poder.
 
Pero llegó el día cuando Scioli ambicionó la Presidencia de la Nación.
Él se preguntó cómo lograrlo.                                                                                                   Y decidió que podía ganar la elección sin enunciar cuál era su propio proyecto político. Él creyó que el proyecto de los K le podía servir para ganar y, luego, desde el poder, enunciar su propio proyecto político porque tendría 'la chequera" (frase de Carlos Corach, su asesor).
Semejante decisión la reveló el propio Scioli cuando rechazó el convite de Sergio Massa en 2013, para armar una sociedad electoral, de la que también participaría Francisco de Narváez, para derrotar a Cristina Fernández de Kirchner.
Massa terminó armándola con Mauricio Macri, quien así pudo mantenerse a flote en Provincia de Buenos Aires, donde no lograba articular con vigor.
Por lo tanto, Scioli nunca tuvo el apoyo total de los K para su acto filibustero.
Y nunca gozó de simpatía entre quienes se encuentran hartos de los K, y que en estos días son más y más.

Esa es la historia. Aquí algunas reflexiones acerca de la coyuntura.

Rosendo Fraga para el diario Los Andes, de la ciudad de Mendoza:

"(...) Agustín P. Justo llevó adelante el mayor plan de obras públicas realizado hasta entonces.
De su gestión derivan las dos diagonales que surcan el centro de Buenos Aires y el Obelisco, inaugurado durante su gestión al cumplirse los cuatrocientos años de la primera fundación de Buenos Aires. 

También construyó la Avenida General Paz, la primera autopista de Argentina, creó los parques nacionales y con un impuesto a la nafta, desarrolló la mayor red carretera construida hasta entonces. 

Esta analogía de Macri con Justo es muy clara, ya que el primero seguramente tratará de hacer a nivel nacional lo que hizo en la ciudad de Buenos Aires en sus ocho años de gestión, de la cual el Metrobus es la obra percibida como la más relevante.

Pero Justo además, construyó una coalición política exitosa, integrada por tres partidos: el ala antipersonalista del radicalismo a la que él pertenecía, el conservadorismo y el sector pragmático del socialismo.
Estas tres fuerzas gestaron la coalición que le permitió tener el apoyo del Congreso y de ellas extrajo sus ministros.

Se llamaba la Concordancia y fue la última coalición política exitosa que gobernó la Argentina. 

Es así como el primer ingeniero presidente es el anticipo de lo que seguramente Macri hará como presidente, pero también su gestión política.

En el caso improbable de que Scioli sea el próximo presidente, la campaña electoral de Scioli ya anticipa el problema político central que tendrá en caso de ganar: sus problemas de gobernabilidad derivados del conflicto con el kirchnerismo.

Muchos pensaron que, una vez nominado como candidato, el peronismo se encolumnaría detrás de Scioli y el kirchnerismo se vería desplazado, pero no fue así. Después se conjeturó que, una vez consagrado en las PA SO, la Presidenta se vería obligada a dejar la centralidad política a su favor, pero tampoco fue así. Por último, se especuló que si había segunda vuelta, el oficialismo se encolumnaría detrás de él para intentar retener el poder: esto tampoco sucedió. (...)".


Es casi una obviedad decirlo pero el K Horacio Verbitsky opina muy diferente en Página/12:

"La principal incógnita acerca de lo que sucederá a partir de las nueve de esta noche en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires es qué influencia tendrá sobre la votación del próximo domingo.                                                                       La experiencia internacional sugiere que es mayor el peligro que la oportunidad.             Salvo casos excepcionales, el desequilibrio puede llegar antes por un paso en falso del rival que por un acierto propio, lo cual no estimula a asumir riesgos. 

Ambos candidatos pasaron los últimos días preparándose para esa confrontación, regulada hasta la minucia, con temas, tiempos y orden de prelación preestablecidos. Esta atención prioritaria a las reglas del espectáculo televisivo por sobre la profundidad del debate político conviene a Maurizio Macrì, cuya campaña está concebida en ese mismo formato, para eludir definiciones concretas y refugiarse en expresiones de deseos vagas e imprecisas, como estar unidos o vivir mejor. 
(...) Scioli recurre a una exposición más racional y propositiva. Defiende las decisiones principales de los gobiernos de Néstor Kirchner y CFK y anuncia las calamidades que provocarían las decisiones anunciadas por los colaboradores económicos de Macrì.         Esta noche podría mostrar el reverso exacto de los cuatro puntos de Durán Barba.            Si esto es bueno o malo para su búsqueda de votos es algo que recién se sabrá la noche del próximo domingo, pero es beneficioso para la calidad de la discusión política y coherente con el proyecto del que forma parte.
La aversión del frente opositor por los detalles se explica por la experiencia. Cada vez que sus dirigentes entran en contacto con la realidad, salen golpeados.                     Hace diez días el eventual ministro de Economía en un hipotético gobierno de Macrì, Alfonso de Prat Gay, dijo que en tal caso “habrá un dólar único, subirá el oficial, que no afecta prácticamente a nadie, y van a bajar todos los otros, que afectan a la gran mayoría de la población”. 
El propio Macrì dijo que el precio del dólar debía fijarlo el mercado; alegó que “el dólar a 9,50 no existe” y que la liberación inmediata del mercado daría una cotización que sólo estimó como “más bajo que 16”.
Las refutaciones incluyeron a economistas de todas las tendencias, desde los del actual gobierno hasta los del Frente Renovador como Roberto Lavagna, la UCR con Javier González Fraga y aún Eduardo Levy Yeyati, de la misma alianza macrista. 
La idea de un dólar oficial que no afecta a nadie o que no existe, es insostenible.           Con cerca de 90.000 millones de dólares de comercio internacional cursados a la cotización oficial cualquier ajuste tendría repercusiones inmediatas en casi todos los bienes y servicios imaginables.
Así ocurrió en febrero de 2014 y en enero de 2002, por no ir más lejos.
Esas consecuencias comenzaron a sentirse ahora a partir de las declaraciones de Prat Gay ratificadas con Macrì. (...)".

En tanto, Eduardo van der Kooy, en Clarín, explica el ánimo conque Scioli irá a Argentina Debate:

"(...) La Presidenta se apartó la semana pasada de la escena pública aunque se comunicó en más de una ocasión con Scioli.
“Decime si necesitás algo, Daniel”, le requirió escuetamente todas las veces.                        El candidato agradeció siempre el gesto pero nunca le solicitó nada.                          Pese a que entre sus apuntes figuran decenas de sugerencias hechas por sus principales asesores.
¿Cuáles? Que Cristina mantenga la prescindencia de los últimos días.
Que inste a Aníbal Fernández a cerrar su boca.
Que le pida a Axel Kicillof evitar participar de asambleas barriales, en las cuales suelta la lengua como si fuera delegado estudiantil y no ministro de Economía de un Gobierno que está por cesar.

A Scioli, cualquiera de esos requerimientos a Cristina le hubieran parecido una impertinencia. Hace días, en una entrevista por TV, le hicieron una pregunta sobre la situación judicial de Amado Boudou.
Pudo haberse lucido, pero no se animó.
Esa limitación serviría, en gran parte, para explicar el sesgo kirchnerizante que aplicó a su campaña luego de las elecciones del 25 de octubre.
Hizo exactamente lo contrario a lo que tantas veces planificó entre sus íntimos y divulgó frente a los periodistas.
Sólo han quedado las cenizas de la prometida diferenciación.
También del pomposo anuncio sobre que sería “más Scioli que nunca”.
Este asemeja hoy en la piel y en las palabras a un dirigente bien distinto al que empezó a forjar en los 90.
Su mayor obstáculo, entonces, es Cristina.
Aunque no el único.
El candidato supuso que después de la derrota en Buenos Aires el jefe de Gabinete se llamaría a sosiego.
Todo lo contrario.
No hay jornada en que Aníbal no meta su dedo en la campaña.
Nunca para ayudarlo. (...)
Scioli parece condenado a enfrentar en este tramo crucial de la campaña dilemas mucho más complejos de saldar que los que aguardan a Macri.
El principal sería el de ser el candidato no querido de un Gobierno que, según se advirtió en las elecciones, ha derramado fatiga y fastidio sobre una mayoría de la sociedad.
Ese malhumor global podría considerarse quizás determinante para la definición del balotaje, por encima de las discusiones ideológicas, políticas y económicas.
Macri intenta exprimir en su favor ese estado de ánimo.
Reitera invocaciones a la unidad, al diálogo, a la convivencia.
Hasta se atreve a hablarle a los votantes de su adversario. (...)".

Joaquín Morales Solá en el diario La Nación reflexiona sobre los percances que padece Scioli:

"(...) Pasaron del triunfalismo al derrotismo.
No hay dirigente peronista serio que piense hoy en una Argentina futura gobernada por un presidente que no sea Macri.
Los que no son serios han dejado caer la vieja escenografía de un modelo exitoso.
Los intendentes del conurbano, por ejemplo, ya no pagan los servicios más esenciales, ni a los recolectores de basura ni a los proveedores de los hospitales.
"Scioli nos dijo que juntáramos plata sólo para pagar sueldos", dijo uno de esos intendentes.
Es lo mismo que hizo el propio Scioli en la provincia.
Juntar plata para pagar sueldos. Nada más. (...)
La culpa de Scioli es no haber denunciado el maltrato al que lo sometió durante años Cristina Kirchner.
Ni siquiera le giraba a tiempo el dinero que le corresponde por la coparticipación federal.
Hasta ahora, en medio de la decisiva campaña electoral, le retacea a Scioli los fondos que son de su provincia.
La ministra de Economía de Scioli, Silvina Batakis, es una aspiradora que vacía de dinero a cualquier lugar del Estado provincial sólo para pagar los sueldos al día.
El heroico y colosal modelo se encoge ahora a esos pobres menesteres.

(...) El problema es qué sucederá después del 22. Si fuera cierta su certeza de que el presidente del Banco Central es intocable, Alejandro Vanoli tendrá desde ese día dos jefes: Cristina por dos semanas más y el presidente electo.
Pero Vanoli sabe (y sabe bien) que Macri lo quiere echar.
¿Qué pasará entonces se fuera Macri el próximo presidente, como pronostica la unanimidad de las encuestas?
¿Cómo se resolverá esa anormalidad en la relación entre personas decisivas para llevar adelante cualquier plan económico?
Vanoli no será presidente del Banco Central durante mucho tiempo, pero podría ser insalubre para los primeros días de la próxima administración.
Cristina se guardó -y se guardará- en los últimos días de campaña.
No hay generosidad en ese gesto. Ella también presiente que al oficialismo lo aguarda la derrota.
Que la derrota sea entonces de Scioli.
Eso nunca pertenecerá a la verdad histórica.
Pero el principal error de Scioli fue haberse atrincherado en el kirchnerismo para combatirlo personalmente a Macri.
De esa manera, activó el mecanismo de la reacción en más del 60% de los argentinos que venían pidiendo un cambio.
Si Scioli es kirchnerista y no expresa ningún cambio, ¿para qué votarlo a él? 

La campaña de Scioli es otra equivocación.
Casi no habla de él y de lo que haría si llegara a la presidencia.
Habla de Macri. Macri habla de Macri.
Los dirigentes de Macri hablan de Macri.
El gobierno y Cristina hablan de Macri. Y Scioli habla de Macri.
Todos ayudan a Macri.
Macri tendrá una deuda de gratitud con más opositores que leales si fuera el próximo presidente de la Argentina. (...)".


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Comentarios:
Dr.Francisco Bénard »
Acabo de rescatar de Internet dos notas que escribi en el Diario Pregon de la Plata y en la Historia Paralela en el año 2011."Y El Modelo de Cristina?" Todo indicaba e indica en la actualidad que el modelo esta acabado.La fuga de capitales va en aumento al compas del aumento de los intereses en los prestamos comunes para paliar la situación.El modelo se juega entero para evitar una mayor escalada inflacionaria, un aumento de las tasas de interes y evitar una subida del dolar en el mercado local.Los argentinos se cansaran de los "camporistas, de los nuevos revolucionarios del modelo cristinista. Finalmente decía "Pareciera que dificultosamente tengan exito en sus objetivos" Cristina ya de tu modelo queda muy poco. franciscoambenard@gmail.com
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