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7 de marzo de 2016
ÚNICA ALTERNATIVA: RESTAURAR LA NACIÓN. Por Mario Alberto Corvalan.
El bienestar, el gran objetivo, obliga a un cambio radical en las costumbres, y los derechos del hombre son invocados como si cada hombre fuera una isla, dispensado de todo deber para con la Comunidad y la Nación en que vive.

ÚNICA ALTERNATIVA: RESTAURAR LA NACIÓN.                                  Por  Mario Corvalan.

"Bases y puntos de partida para la organización política de la República de Argentina".

Juan Bautista Alberdi .                                                                                                                                     Dos propósitos Primero.                                                                                                                                                                            Difundir las BASES de la Constitución Nacional, libro eficaz, con el cual su filósofo autor -a quien la tiranía había arrojado de la patria- iluminó la batalla de Caseros, desde la costa del Pacífico; libro de la libertad, capaz de orientar a los ciudadanos por el verdadero camino de nuestras democráticas instituciones, para cumplirse y desarrollarse cada vez más vigorosamente.

La Argentina de hoy no sólo encuentra amenazada su integridad geográfica, sino que haya enfermo y contaminado su espíritu nacional; como, al mismo tiempo, envilecida y casi fatalmente disminuida su voluntad de ser.
Está en peligro, pues, su existencia como Nación. Si su alma y su voluntad ya no la animan, existe riesgo cierto y fundado de que acabe reducida a un cadáver colectivo, y ofrecida en vasallaje o colonia a otro pueblo más fuerte, tal vez, o, lo que aparece más seguro, a una internacional que codicia su posición estratégica.
Aunque reiterativo, convengamos que la crisis es profunda, pues afecta la esencia de la Patria, incluso, a cada uno de nosotros mismos.
En primer lugar, es evidente la crisis religiosa de nuestro pueblo; y ello tiene especial importancia porque no debemos olvidar ni omitir o negar que, por un lado, la unidad nacional es unidad de fe, y por otro, que resquebrajada esta última, se pretende destruir definitivamente la primera.
Sin duda, esto encuentra su raíz en el tembladeral que, humanamente, sufre desde hace tiempo la Iglesia Católica.           El propio prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, puso de manifiesto la gravedad de la crisis religiosa en todo el pueblo católico, por cierto, incluído el nuestro, como fruto de la crisis de la Iglesia: sustitución de la ortodoxia, por la ortopraxis; el énfasis de los valores religiosos no cristianos; el paso de la autocrítica a la autodestrucción; el desconocimiento o la negación de la existencia personalizada del Mal, en el demonio; el abrazo por muchos que la ideología marxista, a través de todas las variantes de las teologías de la falsa liberación, verdadero mesianismo ateo que en vez de librarnos de las estructuras tiránicas, necesariamente nos esclaviza al separarnos de Dios, etc.; dramáticas expresiones todas, tergiversadoras y desvigorizantes de la fe. En segundo lugar, no es menos la crisis que nos ahoga en el orden moral, esta se convierte en capricho. El bienestar, el gran objetivo, obliga a un cambio radical en las costumbres, y los derechos del hombre son invocados como si cada hombre fuera una isla, dispensado de todo deber para con la Comunidad y la Nación en que vive.
Todo lo que se ve y se promueve hasta el cansancio es el cambio; ese cambio que comprende la apología de todos los vicios por los medios de comunicación pública, la pornografía generalizada, la propaganda de anticonceptivos, la burla y el desdén del heroísmo y la santidad, el desprecio de los valores trascendentales, el pacifismo, el feminismo y su intento de subvertir el orden natural, la hecatombe juvenil de la droga, la homosexualidad, la destrucción de la familia, la inmoralidad general que inficiona de manera alarmante la vida privada y pública, el permisivismo hedonista, la relajación de las costumbres, etc.
En tercer lugar, y consecuentemente con lo dicho, es manifiesta la crisis cultural por el vaciamiento de la educación a través de una enseñanza laica, antipedagógica, freudiana, que atenta contra la formación integral de la persona y que excluye deliberadamente tanto la búsqueda o investigación de la verdad como nuestras auténticas raíces tradicionales, hispano-católicas.
 En cuarto lugar, y en el orden de los bienes útiles, obvio es la profunda crisis económica que padecemos. Basta decir a modo de síntesis: en la Argentina de hoy, un Estado que esquilma y un pueblo esquilmado, parece ser el gran objetivo del poder Mundial en las sombras.
En definitiva: existe una verdadera crisis nacional. Ahora bien, ¿cuál es la alternativa en este tiempo de verdadera dimisión histórica? Por cierto que, aunque difícil, sacrificado, estrecho y heroico no es otro que el camino de la RESTAURACION NACIONAL.
Tal empresa demanda sacrificios sin cuento: enfrentarse con la inmoralidad, con la incomprensión, con la frivolidad, con la ceguera voluntaria, con la pusilanimidad, con el miedo y el egoísmo de la clase dirigente, con la apostasía de los que fueron o se dijeron servidores de la Fe y de la Patria, con el triunfo de los intereses mezquinos sobre los nobles ideales, de la tacañería sobre la generosidad, de la envidia sobre la grandeza; con el espectáculo de la sangre vertida heroicamente y olvidada, o aún pisada por los que fueron beneficiarios de la misma; y con nuestras propias indigencias y debilidades.
LA RESTAURACION NACIONAL impone un acto de fe, de la fe teológica para que nuestro pueblo pueda ser gobernado por un ordenamiento jurídico y una estructuras conformes con las exigencias del Evangelio, impone también no rehuir un puesto en el combate, por modesto y humilde que sea, sin escatimar el tiempo que haya que dedicar a la tarea, aceptando de antemano todos los prejuicios posibles y derivados de ellas, llámese aislamiento social, pérdida de ingresos, difamación, burlas, etc. En definitiva: si no hay argentinos de verdad, compenetrados con el ser de la Nación no podrá seguir existiendo la Argentina, cada uno debe dar la respuesta: no con palabras, sino con su conducta.
M.A.CORVALAN



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