Hoy es lunes 1 de junio de 2020 y son las 05:29 hs. Tomemos Conciencia. "No me preocupan los corruptos y ladrones." Me preocupa todo un pueblo que mira con indiferencia el comportamiento mafioso.

5 de julio de 2016
A PROPÓSITO DE LA INMINENCIA DE NUESTRO BICENTENARIO,
¡¡¡SI SUCEDIÓ!!! aunque lo niegue la historia oficial y les resulte indiferente a legiones de argentinos aun subyugados por el relato y enternecidos por la xxxxxxx saqueadora, teatral y mentirosa con pretensiones de mártir de historietas.

A PROPÓSITO DE LA INMINENCIA DE NUESTRO BICENTENARIO,                                                LA ARGENTINA EN SU LABERINTO .

                                                       

Lo que sigue  y leerán después de considerar mis palabras, si les resulta de interés; sucedió en esta Argentina que supimos destruir.  ¡¡¡SI SUCEDIÓ!!!

Aunque lo niegue la historia oficial y les resulte indiferente a legiones de argentinos aun subyugados por el relato y enternecidos por la yxxxx saqueadora, teatral y mentirosa con pretensiones de mártir de historietas. Hubo una época en que la sociedad en su conjunto convocó a las FF.AA. y FF.SS. a enfrentar la amenaza del colonialismo ideológico, protagonizada por mercenarios fanatizados capacitados para el asesinato y la destrucción en centros de violencia terrorista. Los políticos impulsando preocupados  pero cómodos en sus oficinas y reductos, por las dudas. Y lo que ocurrió en nuestro país y otras naciones hermanas fue un poco la premonición de lo que ahora ocurre en el mundo, aunque las motivaciones hayan cambiado, las capacidades dimensionadas y el fanatismo haya llegado a límites inimaginables.Como sucedió en aquellos ahora olvidados y hasta ignorados tiempos de lucha, en los cuales  impusieron procedimientos de agresión inéditos hasta entonces en nuestro continente, y para los cuales nuestras fuerzas militares no estaban capacitadas, hoy el mundo contempla una escalada terrorista cuyo fin no está a la vista y cuya crueldad podrá rebalsar cualquier límite  y parece no haber fuerza ni fórmula idónea para detenerlo. En nuestro dramático caso, como se pudo con lo que se tuvo, la agresión fue neutralizada.Y la mayoría del pueblo apoyó y justificó la lucha. Se logró que los ciudadanos pudieran volver a ser libres y vivir, y transitar sin miedos ni prevenciones angustiantes. Hasta la delincuencia común se replegó porque debían pagar inexorablemente el costo de sus transgresiones. pero muchos ofrendaron  sus vidas  por el costo de esa lucha. Soldados, civiles, niños, dirigentes, comerciantes, intelectuales. Fueron el resultado trágico de una agresión no buscada.Y aquellos agresores mercenarios y cipayos llamados pintorescamente jóvenes idealistas, lograron con el tiempo imponer una realidad distinta.Y la mayoría del inconsistente pueblo argentino les creyó porque quizás convenía o era más cómodo adscribirse a dichas mentiras.Y por la mentira y la tergiversación se apropiaron del poder. Y ejercieron ese poder sin limitación ni principio moral y menos patriótico. Y proclamaron la vigencia de una democracia tramposa para reciclarse constantemente.

                                                                

Y montaron una estructura viciosa para delinquir y traicionar cualquier principio valioso para el bien común.
Y asumieron como objetivo prioritario la destrucción de las instituciones armadas que por mandato popular los habían derrotado militarmente, para que nunca más fueran una amenaza a sus delirios de enriquecimiento ilimitado y ejercicio del poder omnímodo.
Y abrieron las fronteras de la Patria a la penetración y el establecimiento de las lacras más detestables del delito internacional, sus socios en la trampa y el sakeo.                                                                                                                      Y así, aquí y ahora contemplamos sorprendidos la destrucción sistemática de la Patria soñada.
Y nos enteramos, como emergiendo de un largo sueño, que se ha construido en su reemplazo, un estado fallido que nos presenta  una exposición cada vez más truculenta de maniobras, procedimientos, metodologías, acciones y justificaciones arbitrarias y anárquicas, que superan cualquier imaginación.
Y los tránsfugas impulsores de tal maquinación, se mueven con libertad y hasta se dan el lujo de mostrarse ofendidos, asumiendo el papel de mártires

                                                                   

Y así lo hacen con fingida emoción porque confían en la ineficacia ad hoc de los jueces prevaricadores compañeros de ruta, quienes parecen estar tejiendo una maraña de subterfugios para que el tiempo pase, todo se olvide o prescriba calculadamente.
Y de esa forma podrán reciclarse otros sinvergüenzas que los reemplacen, quizás con mayor prolijidad y un verso nuevo atractivo.
Pero también aquí y ahora, los soldados que lucharon por nuestra libertad han perdido la suya; la mayoría sin condena, producto de juicios prefabricados con testigos comprados y los argumentos insostenibles de jueces sin la más mínima dignidad ni capacidad técnica para defender la verdad y cumplir su misión de imponer la justicia que debe ser.
Y muchos, demasiados, están muriendo en prisión sin la atención de nadie salvo de sus sacrificadas familias y de los camaradas que no vendieron su alma al diablo, en contraposición con aquellos otros que traicionaron la continuidad histórica de las instituciones para permanecer y ser simpáticos al mafioso poder de turno
Es precisamente en vísperas de la celebración de los doscientos años de nuestra independencia cuando presentamos al mundo la imagen de un país indefinido, alienado por trivialidades y farandulismos reciclados, débil y despersonalizado. Un país sorprendido por las barbaridades de cada día, pero incapacitado para la defensa de sus valores fundacionales y la verdad. Un país que aún no sabe adónde va o quiere ir. Un país con una clase dirigente, especialmente política, que es apta para venderse al mejor postor, aunque deban traicionar sus convicciones y promesas.
Por lo tanto sería bueno preguntarnos; ¿somos realmente independientes? ¿En todo caso de qué o de quién?; probablemente hayamos logrado nuestra autonomía de los valores que nos inculcaron con el precio de su sangre, los constructores de un país que debió haber sido el líder de América Latina; también de la decencia y el honor; del patriotismo y el sacrificio; de la verdad y la lealtad; de la solidaridad y el respeto mutuo, de la trascendencia y la libertad.
Precisamente esa independencia de aquellos valores fundacionales, hoy nos ha hecho dependientes de la mentira y la traición, del egoísmo y la trampa de todo nivel, de la impunidad y de la soberbia totalitaria, de la coyuntura y lo imprevisible, de la venta de las conciencias y el travestismo político y moral, del delito como forma de administrar los recursos de todos, de la justicia falaz y ordinaria, para hipotecar sin remordimientos nuestra cultura, tradiciones y objetivos nacionales.
Todo ello camino cierto a la decadencia más indigna, transformadora hasta de los usos y las costumbres, a la vista y la inoperancia de una sociedad devastada.
¿Estamos en condiciones y preparados para cambiar estructuras mafiosas, pensamientos retrógrados y egoístas; sistemas obsoletos; prácticas deleznables; convalidación cómoda y hasta cómplice de acciones delincuenciales y mentiras, incapacidad técnica y moral para los cargos públicos, extirpar a cipayos y traidores y transformar de cabo a rabo el país y la sociedad para el renacimiento imprescindible?
En mi humilde opinión, atento a lo que contemplamos, casi imposible.
En este aniversario entonces y en mi particular opinión, no hay mucho que celebrar aunque sea necesario construir ficciones elegantes y recurrir a la retórica falsamente emocionada.
Lo más positivo aunque utópico dado el diagnóstico enunciado, sería una convocatoria firme y decidida a renovar profundamente estructuras, llamar a un compromiso radical hacia el cambio cultural imprescindible y la reconquista de nuestros valores liminares y por sobre todo capturar y condenar en forma ejemplar a todos los tránsfugas que nos han llevado a este estado de cosas. Si no logramos de una vez y para siempre que el delito en todas sus metodologías caracterizaciones y falacias ¡¡¡¡PAGUE!!!!! no tendremos salida.
No sé si aún estamos a tiempo. Nuestros hijos y nietos, algunos ya infectados culturalmente, merecen algo mejor. Aunque las circunstancias no sean alentadoras nuestro último recurso es no perder las esperanzas y rogar a Dios.
Perdón soy un agua fiestas pero no tengo nada que celebrar, aunque hayan pasado doscientos años de aquellas páginas de gloria y ejemplo.
Por lo menos, así, lo veo yo.

Francisco Cervo
Coronel (R)



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