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16 de octubre de 2016
La historia de los pilotos tucumanos que combatieron en Malvinas
MEMORIA : Es lo que los argentinos no tenemos.
Cualquier pais del mundo muestra sus heroes con orgullo, nosotros, amargos, los escondemos vajo la alfombra.
Hoy con DOLOR ,PERO CON ORGULLO, www.buendianoticia.com
le rinde homenaje a otro angel que se fue al Cielo de Malvinas, para custodiar lo que por derecho se ganaron.
Al Capitan Carlos Varela.

La historia de los pilotos tucumanos                             que combatieron en Malvinas.

Tres pilotos tucumanos mostraron su coraje en Malvinas 

El 13 de junio de 1982 el comodoro (r), Antonio “El Tony” Zelaya, 57 años; el capitán (r) Carlos “El Trucha” Varela, 59, y el capitán (r) Luis “El Tucu” Cervera, 53, partieron desde la base de San Julián para atacar objetivos terrestres en el monte Dos Hermanas, en la isla Soledad.

Fue esta la última misión de los tucumanos en la guerra de las Malvinas, ya que al día siguiente el Ejército argentino firmaba la rendición.

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“Nos tiraron con todo”, recordó Varela, que fue entrevistado por LA GACETA en Tucumán. Aseguró que, de las siete misiones que participó, esa fue la más difícil.                        

El estuvo al frente de la escuadrilla “Chispa”, mientras que el capitán Zelaya dirigió a la “Nene”.

Durante la recarga de combustible, en el aire, el avión de Zelaya chupó combustible, se recalentó la turbina y tuvo que regresar. Cervera asumió como jefe y se puso detrás del grupo de Varela.    Sólo siete aviones siguieron en vuelo rasante sobre el mar, una táctica que siempre sorprendió a las tropas inglesas.
Varela precisó que cuando llegó a la isla, subió por una lomada y se encontró de frente, en la cima, con un soldado inglés a quien casi le arrancó la cabeza con el avión.                                         Comentó que cuando se repuso del encontronazo, vio al frente cientos de soldados, transportes pesados y helicópteros. 
“El comandante Jeremy Moore (quien estuvo al frente de las tropas inglesas en Malvinas) dijo en un reportaje a la revista ‘Siete Días’ que esa fue la jornada en la que más miedo tuvo, porque lo atacaron siete Mirage. “Se equivocó, porque éramos siete A4B”, aclaró con orgullo “El Trucha”. 
Varela precisó que, al ver las tropas inglesas, aceleró a fondo y ordenó tirar las 12 bombas. el tucumano remarcó que en su huida disparó con sus cañones a los helicópteros y a todo lo que se le cruzó en el camino. “Hasta que alguien me gritó: ‘¡Chispa uno... eyección!’”, dijo con vos firme. Uno de los pilotos vio cómo un misil se dirigía al avión de Varela y a los gritos le pidió que se eyectara para no sufrir el inminente impacto. 
“Sentí el sacudón y solté los tanques de combustible. El avión comenzó a temblar y la temperatura de las turbinas llegó al máximo”, detalló. “Bajé la potencia, logré reducir la temperatura y dejé la isla en vuelo rasante para evitar los Sea Harrier”, señaló.
Precisó que cuando quiso ascender, el avión comenzó a temblar. “En ese momento pensé en eyectarme en tierra. Entonces bajé la potencia un 2%, que es demasiado para estos aviones, y me alejé de la isla”, confesó. 
Detrás de la escuadrilla de Varela venía Cervera con dos aviones más.                                               “El Tucu” recibió a LA GACETA en su casa de Banfield, en el sur del Gran Buenos Aires, y relató su experiencia de aquel día. Recordó que divisó un número mayor de tropas y ordenó a sus pilotos que descargaran todo el material explosivo, luego de lo cual dejaron atrás un campo envuelto en fuego y humo. En la huida, precisó, se encontró de frente con un helicóptero Sea King y le disparó con los cañones. El militar destacó que nunca olvidará ese momento porque pudo ver hasta el casco celeste del piloto inglés. Cervera guarda el mejor de los recuerdos del alférez Guillermo Dellepiane, porque le salvó la vida.“‘Guarda Tucu, un misil por la derecha... por la derecha’, me gritó ‘El Piano’ -era el apodo del alférez–. Giré 90 grados y eyecté los tanques suplementarios, viré hacia la derecha y vi pasar al misil”. 
Pero la tensión no se disipó. “Cuando tomé rumbo a San Julián, me encontré de frente con una fragata”, contó con la misma sorpresa de hace 25 años. “Dije: ‘ahora sí me la dan’. Porque no tenía ni una piedra para disparar”. Y se jugó a su suerte. “Empecé a virar cuando estaba a unos 100 metros. Miré de reojo por los espejos retrovisores esperando que me lanzara el misil. Y... no me tiró”, contó con la misma alegría de aquel momento. 
El 13 de junio, los nervios no tuvieron paz. Dellepiane avisó que tenía poco combustible, porque un proyectil ihabía impactado en el tanque, que comenzó a derramar combustible a chorros. Preguntó a sus compañeros qué hacer: eyectarse o buscar el reabastecedor. “Yo le dije, porque era un gran amigo, ‘Piano’ encomendate a Dios y decidí vos qué querés hacer’”, comentó Cervera. 
“El Trucha” Varela recordó que ordenó silencio y como el oficial más veterano le dijo a “El Piano” que él ya sabía lo que se debe hacer en esta situación.                                                                     El joven piloto tomó la decisión de buscar el Hércules.
“‘¡Tengo 100 libras, la puta que los parió... dónde está el Hércules!’, gritó por radio”, relató Cervera. “Le respondí: ‘¡quedáte tranquilo pendejo que llegás!’ Hasta que dijo que tenía cero combustible y, entonces, se produjo un silencio aterrador”. 
Cervera contó que, en ese instante, Dellepiane divisó al Hércules y se lanzó en picada para insertar su caña a la manguera. “‘¡Enganché ‘Tucu’, enganché, la puta madre!’, me dijo por radio.                ‘¡Bien pendejo!’, le respondí con una alegría inmensa”, destacó con la misma emoción. Llegaron a San Julián con el último aliento. Cervera lo hizo con cero combustible; “El Piano” colgado del Hércules; al capitán Varela el motor del avión se le clavó y aterrizó en una arriesgada maniobra. “Vinieron todos hechos mierda, pero vivos”, destacó “El Trucha” con la misma satisfacción de aquel 13 de junio. LA GACETA (C)
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Una decena de buques ingleses esperaban a los pilotos en la bahía de San Carlos.

Cervera contó su primera experiencia frente a la flota inglesa. En diálogo con LA GACETA pensó en ese momento que nadie salía vivo de ese lugar.

En la ciudad de Banfield, en el sur del Gran Buenos Aires, LA GACETA entrevistó en su casa a Luis Alberto Cervera, capitán (r), quien relató su bautismo de fuego ante la flota inglesa. 
Recordó que luego de estar casi tres semanas en la base de Río Gallegos la ansiedad crecía y casi no dormían. Hasta que el 24 de mayo de 1982, mientras compartían unos mates con sus compañeros en la sala de pilotos, llegó la ansiada y temida orden: atacar objetivos navales en la Bahía de San Carlos. 
Era una prueba de fuego para los pilotos de loa A4-B Skyhawk porque jamás habían atacado un buque, debido a que fueron entrenados contra objetivos terrestres.                                         Cervera tenía en ese momento 28 años y el grado de teniente y jefe de sección. 

Antes de subir al avión se puso el equipo de supervivencia, aunque en su cabeza no cabía la posibilidad de eyectarse. “Antes prefería explotar en el aire”, aseguró.
Luego se despidió de su hermano, el primer teniente Blas Ignacio Cervera, quien cumplió tareas en el radar móvil instalado en la zona. “En realidad, yo no sé dónde se sufre más, si arriba de un avión, atacando la flota, o esperando el regreso de un hermano con la impotencia propia del que está sentado frente a una pantalla de radar”, admitió. 

La escuadrilla despegó a las 9.10, desde Río Gallegos, en busca del avión Hércules para reabastecerse en el aire. 
Durante ese tiempo pensó en sus padres y en sus hermanos y en su Tucumán querido.               Cuando llegó al Hércules, cargó combustible, conectó el panel de armamento y bajó para seguir el trayecto a ras del agua.
El jefe de la escuadrilla “Chispa”, el primer teniente Oscar Berrier, descargó una única bomba de 500 kilos y debió regresar a la base. 
Cervera, inesperadamente, tuvo que asumir como jefe de escuadrilla y se ubicó detrás del grupo “Nene”, comandando por el mayor Manuel Mariel.
Cuando llegaron al archipiélago -recordó- todos iban en silencio hasta que Mariel, luego de subir una empinada lomada, dijo: “¡ahí están!” y luego se perdió. “Cuando alcancé la cima de la loma vi entre 12 y 15 buques y pensé: Dios, de aquí no sale nadie”, confesó con el mismo asombro del aquel día. 
“El Tucu” precisó que en ese momento perdió de vista a sus compañeros; aceleró y se lanzó, rasante sobre el agua, como un halcón, mientras los ingleses respondieron disparando con misiles y cañones antiaéreos. 
Señaló que entre tantas embarcaciones decidió apuntarle al “grandote”. Su objetivo habría sido el Sir Lancelot o el Sir Tristam, dos naves de desembarco.
“Boom, boom, boom, era lo único que escuchaba”, recordó Cervera. Le dispararon sin cesar, pero no lograron alcanzarlo porque venía rasante a la altura del casco. 
“El Tucu” siguió su relato, mientras sus manos tomaron un palanca imaginaria e inclinó su cuerpo como si estuviera de nuevo viviendo esos segundos interminables.
“Yo sólo estaba ciego en mi objetivo y cada vez me pegaba más al agua, a 1.000 kilómetros por hora”, añadió. 
En ese momento, otro avión se le cruzó al frente y casi chocan. “Cuando llegué al buque, vi que tenía aberturas y pensé que estaba roto. Hasta que estuve más cerca y me di cuenta que así era su diseño”, contó.
“Vi la cubierta encima mío y en ese momento tomé altura y disparé la bomba. Y le entré seguro”, afirmó, mientras con un paquete de cigarrillos y un encendedor representaba la riesgosa maniobra que había realizado para hacer blanco. 
Se enteró después que la bomba no explotó, debido a que necesitó más tiempo para detonar, antes de hacer impacto. 
Según la Fuerza Aérea Argentina, el artefacto perforó la nave y quedó en la sala de máquinas. El barco terminó varado y debió ser evacuado y los ingleses perdieron el equipo embarcado.
Cervera, luego de revivir un momento decisivo en su vida y en la vida del país, sacó otro cigarrillo y le dio una profunda pitada. 
Después invitó al periodista a compartir la cena junto a su familia, que se extendió hasta la medianoche, y en esa mesa, Tucumán fue el tema excluyente.



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Comentarios:
Dr.Francisco Bénard »
Gracias por todo heroes de Malvinas. Gracias de todo corazon.
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