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8 de junio de 2017

Doctor Marcelino Artigas. Oftalmólogo . El Homenaje que aún se le debe a un Médico.

No se puede dejar de mencionar los años dedicados por el Dr. Marcelino Artigas en su lucha contra el tracoma en el Norte Argentino, en compañía del Dr. Carlos Alvarado, aquellas eternas campañas para lograr exterminar el mal de Chagas-
Massa. Escribió diversas notas sobre tuberculosis y tracoma que fueron de gran ayuda a sus continuadores. Fue un pionero al que aún la Patria le debe su homenaje.

Doctor : Marcelino Artigas. Oftalmólogo .                                                  El Homenaje que aún se le debe a un Médico de Provincia, que es reconocido por el mundo. 

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Esta nota le hizo llegar a mi madre antes de morir, un destacado oftalmólogo tucumano, gran amigo de mi padre y discípulo del mismo. La hemos guardado con mis hermanas durante años, y hoy consideramos que debería sacarse a la luz en homenaje a nuestro padre.
Cesar Artigas Ledesma Posse.
Esto decía: “Este año se cumplió uno más del fallecimiento de un grande de la medicina argentina. En 1988 fallecía el Dr. Marcelino Artigas, destacado médico oftalmólogo, dejándonos un legado sin precedente, pero por sobre todas las cosas, el legado de su humildad, de su humanidad, de ser un grande como ser humano, excelente y ejemplar esposo y padre. Una nobleza que seguramente pasaran siglos para poder alguien emular, que siempre cuidaba en sus sabias palabras no hacer sentir disminuido a su interlocutor, por su ignorancia. Un ser que siempre ha sembrado amor y afecto entre quienes lo rodeaban. No es fácil escribir sobre la vida del Dr. Marcelino Artigas. Su vida ha sido tan especial e importante, tan llena de actos admirables, de pensamientos sublimes, de silencios precisos, de hechos que han reflejado siempre la presencia de alguien superlativo, de una bondad infinita pocas veces conocida, de un amor sin fronteras, de palabras justas en el momento justo, de una bondad y sencillez que siempre pasaron el límite de lo increíble, de consejos atinados, acertados y sabios, de tantos adjetivos calificativos, que cualquier cosa que se agregue, siempre estará sobrando. Creo que Marcelino Artigas, fue simplemente un elegido de Dios, aceptando y destacando por sobre todo, que fue un ser humano, seguramente también con equivocaciones y errores. Sus padres llegaron de España junto a un grupo significativo de polizontes por allá del 1900. Marcelino llegó al Mundo un 5 de agosto de 1902. Sus estudios se alternaron entre el Colegio Nacional y el Colegio del Sagrado Corazón (ambos de San Miguel de Tucumán). Sus padres para su sustento tenían un restaurante y una pensión de estudiantes y de campesinos que se radicaban temporalmente en la ciudad de Tucumán. Cuando era muy joven y había terminado sus estudios secundarios, miró el horizonte, y pensó que otra vida existía, ya que sus manos estaban vacías. El superlativo ser humano un día se marchó de Tucumán, dejando esa aldea y esas montañas, para llegar a Córdoba y lograr allí su título de Médico Cirujano en la prestigiosa Universidad de esa provincia, especializándose en oftalmología. Marcelino Artigas, ya profesional volvió a sus pagos. Empuñó sus conocimientos y labrando su futuro mientras el tiempo corría, luchó sereno y seguramente lloró al ver que su vida florecía, lloró de alegría al ver que sus manos ya no estaban vacías y su prestigio y presencia comenzaban a destacarse y necesitarse.
Apareció en su vida María Ledesma Posse y desde aquel 20 de febrero de 1932 fue su fiel esposa y compañera con la que tuvo
seis hermosos hijos, uno de ellos, Jorge, siguió sus pasos en la oftalmología y pudo dejar la impronta que Marcelino le inculcó, que Marcelino le enseñó y dedicarse también a aliviar el dolor ajeno, a curar y a ayudar a tantas personas, siguiendo el ejemplo de su padre.
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Marcelino hablaba humildemente de su vida, de su lucha, le encantaba recordar tantas cosas, que quedaron grabadas dentro de quienes tuvimos la suerte de compartir espacios de su vida. A veces callado, sin decir palabras, hablaba y aconsejaba, dando siempre sus sabias normas, enseñando el camino de la verdad y de la justicia, el camino de la bondad y de la paz, de la paz, porque era un verdadero apóstol de la paz y la no violencia. Fue Marcelino Artigas quien a diario enseñaba a honrar la vida, quien indicaba permanentemente que esta vida sin honor y dignidad no merece vivirse. Fue Marcelino quien mostraba, en forma llana y simple, aquellas palabras de García Márquez: “Sólo puedes mirar a un hombre hacia abajo, cuando lo estás ayudando a levantarse”. La vida del Doctor Marcelino transcurrió siempre dedicada a su familia y a su profesión, enamorado de la misma y de poder brindar alivio a sus pacientes. El reposo de este guerrero se alternaba entre sus casas en San Pedro de Colalao y la de que logró tener en la Bella Villa Nougués. Ahí estaba su paz, compartida con su esposa y sus hijos, aunque en algunas oportunidades alternaba pocos días de descanso en el balneario de Necochea. Ese fue todo su patrimonio luego de 60 años dedicados fervientemente a la medicina: su casa de Muñecas al 387, su cabaña en Villa Nougués, su consultorio, su esposa, hijos y nietos, y sin duda, su prestigio. Su madre, Carmen González de Artigas, era quien afanosamente controlaba la entrada y los pacientes del consultorio de Marcelino. Entre sus hobbies estaba la filatelia y las carreras de caballos, siempre acompañado por algunos de sus hijos al Hipódromo de Tucumán. Ferviente creyente en Dios, María, sus ángeles y sus santos, le encantaba concurrir los domingos a las misas en la Iglesia Catedral en compañía de su esposa e hijos, como un rito laico a fin de entregar algunas horas de la semana al Todopoderoso. Cómo no recordar sus encuentros de tute con aquellos amigos admirables, que lo respetaban como a un grande. Me refiero a todos aquellos desinteresados que le abrieron la puerta al hijo de la dueña de una pensión, pero que supo forjar su vida con honestidad y lealtad, que sin duda pocos han logrado o lograrán emular. Estoy hablando de Enrique García Hamilton, Raúl Cossio, Julio Terán, Ricardo Posse, Francisco Forenza, Máximo Nougués, Isaías Juan Nougués, Ricardo Frías, Juan B. Terán, Carlos María Terán, Roberto Terán Vega, Máximo Terán Etchecopar y José Ignacio Aráoz. Quizás falte alguno, pero todos respetaban a Marcelino como un grande. Cómo olvidar la humildad y sencillez de Marcelino que ni el ser miembro de la Comisión Directiva del Jockey Club por más de 20 años, bajo la Presidencia de Oscar de la Fuente, ni haber ostentado tantos galardones y éxitos en su profesión, ni el tener las puertas abiertas en todas partes ya sea un comercio o una frontera de provincia, ni el haber sido Presidente del IX Congreso Argentino de Oftalmología y Presidente de la Sociedad de Oftalmología del Norte o Director del Instituto Oftalmológico, ni nada material que consiguió, logró cambiar su bondad, generosidad y magnanimidad. No se puede dejar de mencionar que era el Presidente de la Comisión de Carreras del Jockey Club de Tucumán por más de veinte años, y cuando la nueva juventud que empujaba para desplazar a los “viejos” de la conducción, lo fue a ver en su casa de calle Muñecas al 387 para pedirle que los acompañe en la conducción. Marcelino ya integraba la otra lista, pero le dijeron “que necesitaban su nombre”. Qué honor, que sin duda pocos deben haber tenido. Al perder su lista, como todo hombre de bien, se alejó para siempre de aquella Institución, porque un hombre de bien es aquel que está comprometido con sus principios. No se puede dejar de mencionar que quienes lo visitaron fueron Jerónimo Helguera, Pablo Terán Nougués y Ricardo Frías (h).
Era un músico exquisito. Le gustaba mucho tocar el piano y el órgano, e incluso lo hacía como se dice, de oído. Y fue junto con el Dr. Domingo Calamatta los primeros médicos oftalmólogos del Norte Argentino.
Marcelino un día se quedó dormido y quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y seguir sus pasos, su vida, lo empezamos a ver en todas partes, con esperanza en cada mañana, en cada sueño, en cada rincón, en cada acto de nuestras vidas. Sólo queríamos seguir escuchando sus sabios consejos, su palabra justa en el momento justo. Ya era tarde. Su vida profesional ha sido tan exquisita que cada acto de la misma lo llenaba de satisfacción. Atender a las monjas de todas las congregaciones, a las Carmelitas Descalzas, a los presos del penal de Villa Urquiza, a los sacerdotes, seguramente a todos, Salesianos, Lourdistas, etc. y a cuanta gente humilde que se llegaba a su consultorio pidiendo ayuda, era una de sus satisfacciones más bellas y grandes. Brindar consuelo al dolor colmaba su vida de amor, porque incluso el conversar con Marcelino, el escucharlo siempre amable y sin torpezas, con cordialidad y paz, era un privilegio para todos sus pacientes y amigos.
La rutina de su vida profesional que lo llenaba de satisfacción era levantarse muy de madrugada, ir al Instituto Oftalmológico o al Hospital Padilla a ver a sus pacientes o a quien necesitase de su profesión, volver a su consultorio hasta las 20 e ir a operar, siempre con la alegría de las atenciones de sus pacientes, que iban desde una gallina hasta versos hermosos y encantadores, como uno que dice así:
“Marcelino Artigas es el mago de la vista, Es el as de la lista de buenos profesionales
Que impone por sus cabales Todo el brillo de la ciencia
Basado en su inteligencia Y acciones excepcionales.
Cuando han ido a consultar A eminentes oculistas
Todos han dicho: Artigas te va a sanar Y si Artigas no te cura
Es porque quiso Natura De que avanzara tu mal.
Y aún en caso fatal de crónicas cataratas Este especialista trata
De hacer la cura total.
Y han dicho sus colegas Derecho a viejo
Con Castroviejo Artigas es semi Dios.
No se puede dejar de mencionar los años dedicados por el Dr. Marcelino Artigas en su lucha contra el tracoma en el Norte Argentino, en compañía del Dr. Carlos Alvarado, aquellas eternas campañas para lograr exterminar el mal de Chagas-Massa. Escribió diversas notas sobre tuberculosis y tracoma que fueron de gran ayuda a sus continuadores. Fue un pionero al que aún la Patria le debe su homenaje. En 1971 fue Presidente del Noveno Congreso Argentino de Oftalmología con repercusión internacional por la calidad de sus concurrentes. A los cuatro años fue nombrado Presidente Honorario del Décimo Congreso que presidió el Dr. Hugo Nano. También concurrió el Doctor Artigas a diversos Congresos Internacionales que se realizaron en Méjico y en los Estados Unidos de Norte América. El reconocimiento internacional de Marcelino es destacable. Así lo han hecho notar profesionales de la talla de Jules Francois, José Ignacio Barraquer, Ramón Castroviejo y otros más, del nivel de Alejandro Sallieras, Hugo Nano, Alberto Urrets Zavalía, Rafael Castillo, Roger Zaldivar, Eduardo Filgueira…. Fue Director de Oftalmología del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, Jefe del Instituto de Oftalmología, Director del Hospital Padilla, oftalmólogo del Hospital Militar, ex Jefe del Patronato Nacional de Ciegos, Presidente del Club Argentinos del Norte, Presidente del Tribunal de penas de la Federación Tucumana de Fútbol, Presidente de la Sociedad de Oftalmología del Norte, delegado de la Sociedad de Oftalmología del Norte a los Congresos de Oftalmología, Delegado de la Provincia de Tucumán al Congreso Panamericano de Oftalmología realizado en México, Relator Oficial del IV Congreso de Medicina Social y Bioestadística de Tucumán y Vocal de la Confederación de profesionales Católicos. Este es, en pocas palabras el homenaje a un grande que le brinda y agradece la sociedad tucumana. A vos Marcelino Artigas, gracias”.

 

 

 

 

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