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19 de octubre de 2017
103° ANIVERSARIO. Merecido homenaje al Tte. Gral. Julio Argentino Roca .
El Teniente General Julio Argentino Roca merece ser considerado un ILUSTRE PATRIOTA en el sentido vasto del término, quien en 12 años de ejercicio presidencial demostró auténticos dotes de estadista y fue uno de los principales exponentes de la generación del 80 del siglo XIX que convirtieron el desierto heredado en la República Argentina moderna, progresista y ordenada: el más adelantado de toda la América del Sur.

Teniente General Julio Argentino ROCA.
Nació en Tucumán en 1843.
Fue presidente de la Argentina durante los períodos comprendidos entre 1880 y 1886; 1898 y 1904.
Murió en Buenos Aires hace ciento tres años, el 19 de octubre de 1914.
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                         Tte. General Julio Argentino Roca. 
Fue el presidente constitucional que estuvo más tiempo al frente del P.E.N. en toda nuestra historia.
Durante su primer gobierno, Roca explicó que “la práctica de la libertad de las instituciones federales, sin revueltas ni motines, hace el estado normal del país, debido “principalmente a los progresos de la razón pública, que ha comprendido por dolorosas experiencias que el desorden trae siempre consigo la pobreza, el atraso y el descrédito”.
Durante su gobierno el fortalecimiento del poder central se hizo efectivo a través de varias medidas.
Una de ellas fue la reforma monetaria de 1881, que prohibió la circulación de las monedas y papel moneda provinciales y unificó el sistema monetario argentino con la emisión de un papel moneda único, respaldado por el Estado.
La reforma monetaria intentaba organizar el mercado nacional solucionando la anarquía monetaria reinante en las provincias, que dificultaba las transacciones.
En 1884, mediante una ley se adoptó formalmente el patrón oro (papel moneda convertible), en un intento de vincular la moneda interna a la externa, ya que el oro era el medio de pago internacional.
La misma ley autorizó a cinco bancos a emitir moneda.
El sistema de convertibilidad tuvo corta vigencia y se suspendió en 1885.
En 1884, se creó el Estado Mayor del Ejército y se establecieron diversas disposiciones para consolidar el Ejército nacional, que en 1901 culminaron en la Ley de servicio militar obligatorio.
La Ley de Territorios Nacionales (1884) puso bajo jurisdicción directa del Poder Ejecutivo nueve gobernaciones creadas en los territorios conquistados y ocupados entre 1879 y 1884:
Tierra del Fuego, Chubut, Santa Cruz, Neuquén, La Pampa, Río Negro, Chaco, Formosa, Misiones.
Dos leyes -
la Ley 1565 de creación del Registro Civil- traspasaron a la jurisdicción estatal funciones que tradicionalmente se había reservado la Iglesia Católica.
La Ley 1420, que estableció la educación primaria gratuita, laica y obligatoria para niños de 6 a 14 años, fue sancionada en 1884 tras ásperos y prolongados debates .teológicos entre liberales y católicos, que ascendieron el ámbito parlamentario. 
Esta norma transformó al país.
Fue una de las leyes más progresistas de toda nuestra vida como Nación.
Hizo de la Argentina postcolonial una potencia mundial emergente.
Las disposiciones básicas de esta memorable ley son:
-  instrucción primaria obligatoria, gratuita y gradual para todo niño de seis a catorce años de edad;
-  división de la capital de la República y territorios nacionales en distritos escolares, con sus escuelas correspondientes;
-  impartición optativa de la enseñanza religiosa en las escuelas únicamente antes o después de las horas de clase, por los ministros de los diferentes cultos;
-  creación de jardines de infantes y escuelas ambulantes;
-  obligatoriedad de la vacunación antivariólica. Sobre estas bases se desarrolló favorablemente la enseñanza primaria argentina en las décadas siguientes.
 La creación del Registro Civil (1884) puso bajo la esfera del Estado el registro de los nacimientos y las defunciones, y años más tarde, una nueva ley estableció el matrimonio civil.
Las tensiones entre la Iglesia y el gobierno llevaron a la expulsión del Nuncio Apostólico y a la ruptura de las relaciones con el Vaticano.
Estas leyes, además de su afán centralizador, tuvieron  entre otros objetivos facilitar la integración de los miles de inmigrantes pertenecientes a distintos credos y nacionalidades.
Instalación permanente en las islas Orcadas en 1904.
Esta decisión del general Roca es tan trascendental que ella sola amerita este homenaje.
Hizo de la Argentina el primer ocupante permanente en el continente Antártico.
Servicio Militar Obligatorio:
El país no estaba preparado para utilizar los instrumentos de guerra adquiridos con premura por el presidente anterior.
Faltaban jefes técnicamente capaces, personal especializado, tripulaciones instruidas, arsenales, armamentos, etc.
La creación del ministerio de Marina, a cargo de Martín Rivadavia, permitió el aprovechamiento de la escuadra adquirida con tantos sacrificios.
Se iniciaron entonces las obras del Puerto Militar o Puerto Belgrano, que sería la mayor base en su género en América del Sur. y se habilitó el apostadero de Río Santiago.
Con el objeto de modernizar el ejército, y con la colaboración del general Luis M. Campos, se creó la Escuela Superior de Guerra y la Escuela Normal de Tiro.
El coronel Pablo Ricchieri, segundo ministro de Guerra, inició una nueva era en la organización militar. Convirtió al ejército argentino en un organismo moderno y eficiente, superando el sistema de la Guardia Nacional.
En diciembre de 1901 se promulgó una ley sobre la organización del ejército y el servicio militar obligatorio: la llamada Ley Ricchieri.
EL CONGRESO PEDAGOGICO.
El 10 de abril de 1882 el Congreso Pedagógico quedó inaugurado solemnemente en la ciudad de Buenos Aires, integrado por representantes de todas las provincias y por delegaciones de Brasil, Bolivia, Uruguay y Paraguay.
Los miembros eran profesores, educadores en general, directores de grandes establecimientos y ex ministros de Instrucción Pública.
Los más notables educadores argentinos y de los países vecinos participaron de sus deliberaciones. Para presidir sus sesiones el Congreso designó al doctor Onésimo Leguizamón, mientras que los doctores Jacobo Várela y José M. de Estrada actuaron como vicepresidentes.
El tema central del Congreso era la organización de la educación para promover su progreso
El Congreso Pedagógico de 1882 “[...] En la sesión de clausura [...] fueron leídas las conclusiones -divididas en siete capítulos-, las que pueden sintetizarse así: la futura legislación escolar debe tener en cuenta especialmente el establecimiento de la obligatoriedad de la instrucción común, la gratuidad y la graduación de la enseñanza, la educación de los adultos en los cuarteles, fábricas y establecimientos agropecuarios, la enseñanza en los distritos rurales, el mínimun de enseñanza obligatoria, la coeducación, la supresión de los premios y la eliminación de los castigos, la construcción de locales y la provisión de mobiliario y útiles adecuados, la obligación de la vacunación y la revacunación, la creación de rentas propias y suficientes, la organización y dotación de personal docente, la elaboración de programas y métodos de enseñanza, la educación de sordomudos, etcétera.
El Congreso Pedagógico de 1882 tuvo una trascendental importancia. [...] Su proyección inmediata fue la ley 1420, del año 1884, sobre la enseñanza universal, obligatoria, gratuita y laica. Ahora bien: la ley 1420, extendida a todo el país, en forma indirecta,” por la influencia ejercida sobre la pertinente legislación oficial, y de modo directo, por la acción de los planteles creados en virtud de la ley 4874, del año 1905, no sólo sirvió para elevar rápidamente el nivel cultural del país, por la gestión de la escuela pública u oficial (sin perjuicio del estímulo brindado a la iniciativa privada) con intervención del Consejo nacional de Educación, sino que contribuyó también -entre otros logros- a afianzar la unidad nacional, favorecer la movilidad social, alentar la participación política y garantizar la paz social.” 
En 1879 el país entero saludó alborozado y optimista la recuperación de nuestros territorios patagónicos y chaqueños.
Ambos peligraban.
La soberanía argentina era especialmente codiciada por el vecino de allende los Andes.
Algunos aborígenes traficaban en Chile ganado robado en nuestras pampas y allí recibían armamento y alicientes para que prosigan con sus periódicas   destrucciones.
No había paz en nuestras tierras.
Incontables mujeres argentinas fueron tomadas como rehenes, raptadas por esas invasiones que devastaban los campos y robaban los bienes, causando zozobra entre nuestros paisanos.
El preclaro estadista ADOLFO ALSINA, tan popular en los arrabales porteños – sus seguidores eran llamados “orilleros”-, siendo ministro de Guerra de Nicolás Avellaneda inició, en julio de 1876, la construcción de fosas y fortificaciones en el sur de la provincia de Buenos Aires.
Esas obras pasaron a la historia como “el Zanjón Alsina”.
Empero, no surtieron el deseado efecto de contener a los malones.
Seguían asolando.
Se imponía una campaña definitiva que diera solución integral al gravísimo problema que impedía el normal desarrollo del país.
Se planificó una acción con un despliegue que iba desde San Rafael – Mendoza- hasta el sur bonaerense, pasando por Villa Mercedes – San Luis- , Río Cuarto – Córdoba – y otros puntos de la frontera interior de entonces.
La Conquista de la Patagonia argentina – fue, estrictamente, conquistar lo que nos pertenecía de antemano – tuvo un clamoroso éxito.
Fue aclamada por toda la Argentina.
El mismo Roca que conquistó el desierto es quien impulsó transformaciones fenomenales que le acreditan sobrados títulos para que su memoria sea respetada y honrada.
Todas las generaciones posteriores le somos deudores.
Y no debe sufrir agravio alguno.
Roca merece nuestro respeto.
En el balance, aciertos y errores, los primeros sobresalen y superan largamente a los segundos.
No vamos a construir un país mejor demoliendo estatuas.
Hay que marchar hacia el futuro levantando las nuevas estatuas de quienes las vayan mereciendo, sin tocar ni macular a ninguna de las que tenemos que forman parte de nuestra historia.
Debemos ser más indulgentes con nuestra historia y en vez de hurgar y excarbar para pretender expurgarla, lo que deberíamos acometer es construir nosotros una historia mejor, este es el momento, esta es la hora de nuestra historia.
Creo que el pueblo que representamos nos agradecerá que seamos prudentes con el pasado y eficaces con el porvenir. Y que en vez de tantas miradas desde la nuca, pongamos toda la atención y la voluntad en construir el porvenir, mirándolo con fe y optimismo”.
El Teniente General Julio Argentino Roca merece ser considerado un ILUSTRE PATRIOTA  en el sentido vasto del término, quien en 12 años de ejercicio presidencial demostró auténticos dotes de estadista y fue uno de los principales exponentes de la generación del 80 del siglo XIX que convirtieron el desierto heredado en  la República Argentina  moderna, progresista y ordenada: el más adelantado de toda la América del Sur.
Al cumplirse 103 años de su fallecimiento el lema que inspiró sus gobiernos “Paz y Administración” aparece como una materia aún pendiente y será nuestra obligación consumar para nuestros hijos  “la paz duradera, el orden estable y la libertad permanente” que fueron el norte de ambas dos Presidencias del Tte. Gral. Julio A. Roca.
En su último mensaje al Congreso Nacional, en 1904, Roca dijo que con su obra dejaba “la cuna de una gran Nación”.
Fernando Castro Pintos
Presidente
CRUZADA CONSERVADORA


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