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20 de octubre de 2017
“ARGENTINA IDOLATRA EL PASADO, TENEMOS QUE DEJAR DE REPETIRLO” . Por Santiago Kovadloff
El 22 de octubre, Mauricio Macri se enfrenta a su primera gran prueba: las elecciones de medio término, que renuevan buena parte del Congreso. Su gran rival es Cristina Fernández de Kirchner, que se presenta a senadora en Buenos Aires. EL PAÍS presenta una serie de entrevistas a empresarios, activistas, intelectuales y artistas para analizar la situación del país

“ARGENTINA IDOLATRA EL PASADO,                                                    TENEMOS QUE DEJAR DE REPETIRLO”.                                                       Por : Santiago Kovadloff .

Buenos Aires 

El 22 de octubre, Mauricio Macri se enfrenta a su primera gran prueba: las elecciones de medio término, que renuevan buena parte del Congreso. Su gran rival es Cristina Fernández de Kirchner, que se presenta a senadora en Buenos Aires. EL PAÍS presenta una serie de entrevistas a empresarios, activistas, intelectuales y artistas para analizar la situación del país

Santiago Kovadloff, en su escritorio.

Santiago Kovadloff, en su escritorio. GUSTAVO BOSCO

Santiago Kovadloff (Buenos Aires, 1942) es filósofo, poeta y traductor. En su casa, rodeado de libros y retratos de maestros literarios como Borges y Shakespeare, lamenta que los argentinos idealicen “una grandeza ficticia” y repitan errores que han frenado el desarrollo del país y de sus instituciones. Cree que el Gobierno de Mauricio Macri está sentando las bases para un cambio importante, que sólo será posible con consensos.

Pregunta. Están por cumplirse dos años del gobierno de Macri, ¿cómo ve a Argentina?

Respuesta. Creo que estamos en una transición del populismo hacia la democracia republicana mediante la tentativa de devolver a los tres poderes del Estado un protagonismo que en el Gobierno anterior habían perdido.

P. Hay quien dice que casi no ha habido cambio, otros hablan de un ajuste drástico.

R. Podemos lamentar desaciertos, que muestran cierta inexperiencia, pero no hay duda alguna de que el Gobierno está logrando algunas transformaciones estructurales muy importantes. Si tenemos en la provincia de Buenos Aires una gobernadora [María Eugenia Vidal] que necesita vivir en un cuartel es porque su batalla contra el narcotráfico es seria. Tenemos un movimiento dentro de la justicia que está empezando a contrarrestar la idea que la justicia está sometida a las presiones del poder político. No son suficientes pero son evidentes. Creo que la mayor preocupación del Poder Ejecutivo es poder saldar la deuda con la brutal marginalización económica, laboral y cultural en la que se encuentran más de diez millones de argentinos.

P. ¿Cómo ha llegado Argentina a esa marginalización, a un 30% de pobreza, cuando un siglo atrás estaba entre los grandes países?

R. Nosotros fuimos uno de los pocos países, si no el único, de América Latina que en la lucha por la emancipación en el siglo XIX, en el intento de independizarnos del poder colonial español, al mismo tiempo desarrollamos una guerra civil. La ausencia de federalismo, de interdependencia regional y de un orden parlamentario verdaderamente constitucional contribuyó a hacer que la Argentina se convirtiera en un país que es un idólatra del pasado. Es decir, la reiteración de sus errores. Estamos tratando de dejar de repetir para ver si podemos empezar a innovar.

P. ¿Por qué Argentina permanentemente necesita mirar hacia el pasado?

R. Somos un país que ha idealizado una grandeza ficticia y no una grandeza real. El peronismo en un momento contribuyó enormemente a generar espacios protagónicos a sectores sociales marginados. Pero esa labor quedó inconclusa. Esta presunción de que es posible cambiar el curso de las cosas mirando hacia atrás nos hunde en una inmovilidad. Me parece que estamos aprendiendo a capitalizar el fracaso. En el orden personal esto es decisivo para convertirse en una persona madura. En el orden social es indispensable para llegar a ser algo más que un conglomerado social.

P. Al decir madurar, ¿cree que Argentina es una sociedad quizás inmadura?

R. Sí. Nosotros le hemos declarado la guerra a la OTAN. Fuimos a la Plaza de Mayo a vitorear a un dictador que nos iba a devolver las Malvinas a balazos. Y creímos que íbamos a echar a los ingleses como los habíamos echado en 1806. Es un nivel de imbecilidad profundo, de permeabilidad a la demagogia y a la ceguera que nos ha poblado de muertos y de esterilidad política. Somos un país atrasado porque no ha entendido sus propios desafíos.

P. ¿Cuáles son los desafíos más urgentes que tiene Argentina?

R. Para mí son tres. Primero, una revolución educativa para la creación de civismo porque necesitamos ciudadanos, no habitantes ni consumidores. El otro recurso que me parece fundamental es la consolidación de la vida parlamentaria porque es el indicio de la actitud para la convivencia política. Y el tercer elemento es que tengamos una justicia independiente. No se trata de morir con [Alberto] Nisman, asesinado, pero sí se trata de arriesgarse a todo para que la justicia exista.

P. Argentina ha sufrido un grave deterioro educativo. ¿Cómo ve la educación hoy?

R. La veo muy asimétrica. En el orden universitario, Argentina es uno de los pocos países de América Latina que produce protagonistas a nivel mundial. En el orden de las ciencias humanas, de la política, de la literatura, del teatro, del cine, de la música, es espectacular. Somos un país potente pero no nos olvidemos que nuestra potencia en todos los sectores expresivos se logra a expensas del estado y no mediante su apoyo. El estado aún no se siente expresado por sus logros individuales. Podemos hablar entonces de una cultura argentina integrada por sobrevivientes.

P. Figuras individuales, como en el fútbol.

R. Vamos al caso de Messi. Messi en el Barcelona juega muy bien porque es concertino en una orquesta espléndida. Aquí no hay orquesta. La melodía no es una, sino diversas y antagónicas entre sí. Entonces tenemos que aprender a convivir, tenemos que aprender que la vida del otro es indispensable para la constitución de la mía.

P. ¿Falta paciencia?

R. Sí. Argentina desde el punto de vista político es un país de eyaculadores precoces. No pueden tener relación, se van solos. Y si están solos no entienden. Esa premura, esa locura por exterminar o acabar con el otro muestra hasta qué punto hemos concebido la política de manera maniquea. No hay tolerancia a la diferencia, ni goce de la diferencia.

P. ¿Cómo puede ocurrir eso en un país que se nutre de la inmigración, que logró aunar culturas tan distintas?

R. Porque hemos perdido el espacio de convergencia primordial dado por la escuela política. Tuvimos grandes maestros porque tuvimos un ideal de país y lo perdimos porque empezamos a tener no un ideal de nación sino un ideal de sector.

P. ¿Ve posible a día de hoy superar el enfrentamiento? Un extranjero siente que hay dos argentinas.

R. Hay dos argentinas. Pero la grieta profunda no es la grieta entre kirchneristas y quienes no lo somos. La grieta profunda es entre la miseria y la concentración de la riqueza que se ha hecho evidente de manera cruel.

P. ¿Es optimista? ¿Cree que esta vez va a ser diferente?

R. Soy esperanzado más que optimista. Creo que en la realidad del presente hay matices que evidencian la posibilidad de tener expectativas razonables de transformación.



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