Hoy es lunes 9 de diciembre de 2019 y son las 05:54 hs. Tomemos Conciencia. "No me preocupan los corruptos y ladrones." Me preocupa todo un pueblo que mira con indiferencia el comportamiento mafioso.

14 de febrero de 2018
Kosovo: un futuro pendiente .
Tras los 10 primeros años de vida de Kosovo como Estado impediente es hora de hacer balance: ¿Cuáles son los logros y fracasos cosechados? ¿En qué punto se encuentra la convivencia entre las comunidades albanokosovar y serbokosovar? ¿Cuáles son los desafíos de cara al futuro?

Kosovo: un futuro pendiente .

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Niños kosovares agitan banderas por el décimo aniversario de la independencia, Prístina,       Armend Nimani/AFP/Getty Images. 2018.

Tras los 10 primeros años de vida de Kosovo como Estado impediente es hora de hacer balance: ¿Cuáles son los logros y fracasos cosechados?                                                                                              ¿En qué punto se encuentra la convivencia entre las comunidades albanokosovar y serbokosovar? ¿Cuáles son los desafíos de cara al futuro? 

En los tiempos de la Yugoslavia socialista los servicios públicos se hacían cargo de las tareas de mantenimiento de los edificios que, en su mayoría, estaban en manos de las cooperativas de vivienda. Con las privatizaciones y la desintegración del país, cada propietario se hizo cargo de su piso y el funcionamiento de los ascensores y el telefonillo, el arreglo de la fachada, la limpieza de las escaleras y el adecentamiento de los buzones de correo dependió por primera vez de la comunidad de vecinos. No debe resultar extraño, por tanto, que el aspecto de las zonas comunes, en muchos edificios del espacio exyugoslavo, deje mucho que desear en relación al interior de las casas, que luce según el buen criterio individual y el dinero que haya en la cuenta corriente. Nunca fue fácil lograr la armonía desde el primer día en una comunidad de vecinos.

Cuando el Parlamento kosovar declaró la independencia, una broma tuvo su eco en Prístina sobre el símbolo elegido para tal ocasión. En una imagen reproducida mundialmente, Hashim Thaçi, hoy presidente, entonces primer ministro, junto a Fatmir Sejdiu, estuvieron posando menesterosos delante de las cámaras con unos marcadores negros frente a unas letras grandes y amarillas donde ponía “Newborn”. El que preguntara a los locales por qué no habían elegido una frase en albanés, tal vez se encontrara de bruces con algo del sarcasmo típicamente local: “en Kosovo no solo había albaneses, serbios, goranis, romaníes… Sino también alemanes, estadounidenses, italianos, austriacos, franceses, belgas, ingleses, holandeses, portugueses…” Diez años después de aquella declaración y casi veinte después del fin de la guerra, Kosovo sigue instalado en su limbo político particular.

El Gobierno actual se sostiene con una mayoría de 61 escaños de los 120 que hay en el Parlamento, de los cuales solo 11 corresponden al partido del Primer Ministro, Ramush Haradinaj. Los ministerios están repartidos entre ocho partidos diferentes, hasta el punto de que una mayoría de expertos sostiene que los mismos problemas que terminaron con la coalición de gobierno de 2017, bombas de gas en el Parlamento mediante, difícilmente se resolverán sin desaguisados políticos en 2018. Más de 150 días después del comienzo del mandato una de las principales promesas electorales sigue incumplida: la liberalización de visados. Los ciudadanos kosovares son los únicos al oeste de Minsk que no disfrutan de ella. La UE ha dicho que el acuerdo de demarcación territorial con Montenegro es un criterio fundamental para revisar la liberalización. Una votación en el Parlamento debería haber resuelto este asunto en septiembre de 2016, pero unas movilizaciones lo impidieron. Según la oposición en aquel momento, en la que estaba el propio Haradinaj, el acuerdo con Montenegro haría perder a Kosovo 8.000 hectáreas de terreno.                                                                                                                                              El Ejecutivo actual se mantiene gracias a los apoyos de Srpska lista, la formación principal de la minoría serbia, que depende de Belgrado, pero el año pasado el Primer Ministro kosovar, fue objeto de una solicitud de extradición estando en Francia por parte de Serbia, por crímenes de guerra cometidos contra población serbia durante los 90. Sin embargo, dos acuerdos fundamentales dependerán de la sintonía que haya con la minoría serbia: la formación de una Asociación de municipios serbios y de un Ejército kosovar, que sustituya a la Fuerza de Seguridad de Kosovo. Ambos acuerdos exigen del voto a favor de Srpska lista, que ocupa 10 escaños de los 20 destinados a las minorías –se necesitan dos tercios para los cambios constitucionales–. Parece complicado, bajo estas condiciones, que Belgrado regale un acuerdo sobre ambos extremos, por otro lado, en unos acuerdos donde el gobierno actual y el proyecto estatal se juegan mucho.

Kosovo_protesta_corbatas                                      Corbatas colgadas en la verja de la sede del Gobierno kosovar en protestas a la subida de sueldo de los miembros del Ejecutivo de Kosovo, Prístina, 2017. Armend Nimani/AFP/Getty Images.

El asesinato de Oliver Ivanović, líder pragmático y moderado de la minoría serbia y enfrentado a Belgrado, parece haber enrocado a los serbio-kosovares entorno a los intereses del Presidente serbio, Aleksandar Vučić, que ejerce el mismo papel protector que instrumentalizó Slobodan Milošević durante su etapa en el poder. Ivanović pocos meses antes de su asesinato declaró que “después de 18 años teniendo miedo de los albaneses extremistas, ahora tenemos miedo de los propios serbios”. Todo parece indicar que el asesinato tiene más que ver con las redes criminales y el aparato paralelo asentado entre territorio serbio y kosovar que de una venganza albanesa derivada de su etapa paramilitar durante la guerra de Kosovo.

La clase política kosovar no ha cambiado sustancialmente los últimos 10 años, pero la sociedad sí lo ha hecho, menos exaltada por el fragor independentista y más escrutiñadora sobre los hechos llanos y lisos de la política del día a día. El hecho de que una inmensa mayoría de la población sea de origen albanés también ha facilitado que la movilización crítica no adopte tintes de conflicto étnico. En este sentido, Vetëvendosje ha logrado ser la fuerza política más importante del país, con un importante lavado de imagen respecto al partido de antaño, tumultuoso y subversivo en la arena política, contra la presencia internacional, las negociaciones con Serbia o a favor del unionismo con Albania. No obstante, desde hace varios meses, el partido anda inmerso y azorado por un continuum de dimisiones y desacuerdos entre sus líderes, motivados por diferentes perspectivas de la organización, una más burocrática y otra más activista. El clientelismo político sigue afianzando un matrimonio de convivencia entre votantes y recursos del Estado, pero, en la política kosovar, este modelo parece agotarse, porque el baile de partidos y coaliciones ha hecho que el sistema de corruptelas e intercambio de favores se sostenga sobre sus líderes, cada vez más impopulares. En un contexto de difícil situación económica, Ramush Haradinaj rectificó hace unos días un aumento de sueldo concedido para él y para su gabinete del 50%, según él para comprar “camisas y corbatas”.

La creación del Tribunal Especial de Kosovo, localizado en La Haya, aunque sometido a legislación kosovar, ha golpeado el eje de flotación de los principales líderes kosovares, ensombreciendo su futuro político. El presidente Hashim Thaçi, como líder político del UÇK, el Primer Ministro, Ramush Haradinaj, como comandante de las fuerzas del UÇK en Kosovo oeste, y el portavoz parlamentario, Kadri Veseli, como comandante de los servicios de inteligencia de la organización militar son los principales señalados para ser imputados por la comisión de crímenes contra población serbia durante la guerra de Kosovo. El Parlamento ha buscado con denuedo boicotear la actividad del tribunal. Sin embargo, Washington, Bruselas, París, Londres, Roma y Berlín reaccionaron presionando a los parlamentarios. Estados Unidos sigue siendo el policía de la política local, pero un policía cada vez más expeditivo. El Primer Ministro albanés, Edi Rama, respecto a los tres políticos y su enfrentamiento con sus benefactores internacionales llegó a decir: “son como una vaca que derrama su propia leche”. Los políticos kosovares cedieron.                                                                                                                              De un tiempo a esta parte la diplomacia kosovar parece retraída, de hecho esta primera etapa de gobierno destaca por la poca actividad exterior, con apenas algunos viajes significativos a Tirana y Bruselas, y los rumores que apuntaron durante varias semanas a la denegación de visados para Thaçi y Haradinaj desde Reino Unido y EE UU por su voluntad de abolir el Tribunal Especial en sede parlamentaria. Tanto la negativa de países como Rusia o China –cuya influencia exterior desde hace una década se ha multiplicado– a reconocer la independencia kosovar, o de algunos países de la UE, determina que el país siga aislado internacionalmente. Hace poco España hacía rectificar a la Comisión Europea en su estrategia, que había incluido en un inicio a Kosovo como un país más dentro del bloque de ampliación. Al respecto, merece la pena destacar una nueva inquietud en el tablero regional: parece que la UE ha dado un espaldarazo a la ampliación serbia y montenegrina, respecto a la bosnia, albanesa, macedonia o kosovar, lo que afianza el riesgo de que las cuitas de los países eslavos con sus vecinos albaneses desencadene una fractura geopolítica en la región, habida cuenta de las tradicionales trabas que los países de la ex Yugoslavia ponen a sus vecinos en sus respectivos procesos de ampliación (Eslovenia con Croacia o Croacia con Serbia han sido y son casos ejemplarizantes).

Se pone en evidencia que la casa kosovar sigue mostrando profundas grietas, enredada entre promotores y constructores, levantada sobre cimientos inestables, sin unas lindes bien delimitadas y con una difícil convivencia entre vecinos. En las cancillerías internacionales, alguna solución divisoria que no tenga repercusiones regionales cobra cuerpo, porque más de veinte años después del fin de Yugoslavia el que fuera el primer y ahora el último capítulo de la fragmentación sigue en modo bucle diplomático y sin una solución que haga realista la membresía en la UE para ambas partes. La independencia kosovar se manifestó tan proalbanesa y proamericana como antiserbia. De todas las banderas que había en Prístina el 17 de febrero de 2008, la que ondeaba con menos fuerza era la de Kosovo. No es fácil mudarse a un piso nuevo y desde el primer día llevarse mal con el vecino de al lado. Kosovo y Serbia siguen reclamando su parcela.                                                                                                Diez años después de la independencia kosovar, la casa está sin arreglar.

      

Las grietas de Kosovo

Una década después de su declaración de independencia, Kosovo sigue atrapado entre el limbo político y el bucle diplomático.
En los tiempos de la Yugoslavia socialista los servicios públicos se hacían cargo de las tareas de mantenimiento de los edificios que, en su mayoría,...

La integración asimétrica de los serbokosovares.

En Kosovo dos comunidades, la serbokosovar y la albanokosovar, viven de manera paralela, pero sin integrarse. ¿Cuál es el futuro para la población serbia del país?
En Kosovo, país que aceptó una segregación extrema en su territorio para evitar conatos de violencia entre las comunidades serbia y albanesa, los serbokosovares parecen confundidos: no saben si seguir sus corazones o aceptar esa realidad que dice que Kosovo no volverá a ser una región de Serbia. Tampoco están seguros de si el partido Lista Srpska, controlado por Belgrado y que aglutina la mayoría del voto serbokosovar, lucha por mejorar la situación de su comunidad o simplemente hace uso de ella con el fin de entorpecer el desarrollo de Kosovo. En el décimo aniversario de la independencia, los serbokosovares tienen una sola certeza: quieren conocer el significado de la normalidad. Pero el pasado lo impide; condiciona una estabilidad que parece prohibida no sólo para los serbios, sino para todas las comunidades de esta tierra en la que los periodos de la historia se definen por batallas. Esta situación tiene uno de sus porqués en la injerencia de Serbia, cuya influencia ha estandarizado las vidas paralelas entre serbios y albaneses y, además, ha desencadenado una integración asimétrica entre los serbokosovares.

Para entender el génesis de esta asimetría hay que volver al periodo posterior a la guerra que concluyó en 1999. Entonces comenzó un éxodo de serbios que redujo su comunidad en Kosovo en más de un 60%. La mayoría se fueron a Serbia. Había mucho rencor, temores fundados que hablaban de ajustes de cuentas pendientes por las décadas de represión yugoslava. Así, de las varias decenas de miles de serbios que aguantaron en Kosovo, varios miles huyeron al norte, región que quedó bajo el control de Belgrado, mientras que otros resistieron en municipalidades unicolor que estaban rodeadas de albaneses. En cada una de las 10 municipalidades de mayoría serbia, cuatro en el norte de Kosovo y seis en el resto del país, Belgrado impulsó las estructuras paralelas en educación, justicia, seguridad y sanidad. Así nació un Estado dentro de un Estado, un conflicto en el que Kosovo perdió nada más nacer el control que nunca tuvo sobre los serbios.                                                            Estas estructuras paralelas han permitido a Serbia controlar el norte de Kosovo, una región que según los albanokosovares está dominada por la mafia, pero no han tenido el mismo éxito en las regiones serbias rodeadas de albaneses. “Los serbios del norte de Kosovo son nuestra mayor disputa. Han sido orquestados desde Belgrado para tener un rol negativo. En cambio, las estructuras paralelas del sur se han debilitado y tienden a incluirse en las instituciones kosovares”, explica Adem Beha, politólogo de la Universidad de Pristina, quien subraya la posición geográfica como factor clave: “En el norte de Kosovo están cerca de las fronteras serbias y se sienten más seguros”.              Las estructuras paralelas no son más que los servicios básicos entregados por Belgrado para contrarrestar la influencia de Pristina. Así, los serbokosovares conviven con dos administraciones que les ofrecen pensiones, salarios de funcionarios, cortes judiciales, fuerzas de seguridad, educación o servicios sanitarios. Por eso los albanokosovares recelan de lo que ellos llaman los “dobles salarios serbios”: un sueldo de Serbia y otro de Kosovo. De esta manera, el bienestar proporcionado por la madre patria es el arma con el que Serbia mantiene su influencia y repele la integración que promueve la misión de la UE (EULEX) en el norte de Kosovo. En las otras seis municipalidades, rodeadas de albaneses, si bien continúan las estructuras paralelas en sanidad y educación, otras parcelas como seguridad y justicia han perdido influencia con respecto a la autoridad kosovar.                                                                                                                                          Sasa Sekulic, director de la administración de Gracanica, municipalidad situada apenas a 20 kilómetros de Pristina, considera a Serbia como el flotador que evita el hundimiento de su comunidad: “Los serbios viven aquí gracias a Belgrado, que emplea a la gente igual que lo hacía antes 1999.                                                                                                                                                            En la difícil situación de Kosovo, los serbios tenemos sistemas de salud y educación gratuitos. Y no son pocos los albaneses -si tienen los documentos serbios- que vienen a nuestros centros de salud”.

Sekulic, que aventura que Serbia no abandonará a los serbokosovares, es miembro de la Lista Sprska en una de esas municipalidades segregadas en la que los serbios representan al 85% de la población. Su objetivo es desarrollarla para que los serbios no se vayan. Se queja de la inseguridad y explica que han tenido que ceder en determinadas causas simbólicas para poder desarrollar su día a día: “Sin el carné de identidad y el de conducir y sin la matrícula kosovar no podríamos sobrevivir”. Es cierto, sin ellos no podrían moverse de su pequeña región ni encontrar un trabajo ni optar a las escuetas ayudas sociales kosovares. En cambio, los serbios del norte de Kosovo no necesitan ceder porque son contadas las ocasiones en las que bajan al sur del país. No se juntan y no tienen intención de ello. Pero Sekulic, a través de una pregunta, puntualiza: “¿Si aceptas estas tres cosas, significa que aceptas toda la realidad que te rodea?”.

Pragmatismo

Las calles de Gracanica están teñidas con los colores azul, blanco y rojo de la bandera serbia. Las esquelas en recuerdo a los fallecidos cubren parte de las farolas y paredes completas. Están escritas con letras del alfabeto cirílico. También usan el dinar serbio, necesario para pagar la hamburguesa balcánica que aquí llaman Pljeskavica, y reniegan de la autoridad albanesa. Parece un calco del norte de Mitrovica, pero aunque sea sólo por dinero, o por supervivencia, como dice Sekulic, las demandas básicas de los serbokosovares de Gracanica están pavimentando el camino de la incipiente integración. Es incipiente porque albaneses y serbios siguen sin juntarse, pero los primeros síntomas han comenzado a mostrarse por imperiosa necesidad.                                                                                Un ejemplo de esta integración se puede buscar en los datos. Uno contundente: en las elecciones presidenciales serbias de 2017 la participación en el norte de Kosovo fue del 73%, mientras que en el resto del país se quedó en un 39%. Esto indica que hay un creciente desapego en parte de la sociedad hacia lo que ocurre en Serbia. Además, en Gracanica hay otros ejemplos del pragmatismo actual. En 2011, los serbokosovares boicotearon el censo kosovar. Como resultado, las cifras oficiales dicen que allí viven 7.206 serbios. Pero no es cierto. El dato real supera los 21.000. La consecuencia es simple: a menos habitantes, menos dinero de Pristina. Y como el dinero no entiende de fronteras ni de Estados-nación, Sekulic reclama que se repita el censo. Y esto es un avance, porque hace una década el pragmatismo era sinónimo de parcialidad. “Aquellos tiempos eran cercanos a la independencia, y muchos serbios no aceptaban la autoridad de Pristina. La situación política de ese tiempo era así, y ahora tenemos esta situación”.

Lista Srpska, el elefante en la habitación.

El cambio es también evidente en la esfera política, aunque aquí los movimientos más que hacia la integración apuntan a la parábola del elefante en la habitación. Hace una década, los políticos serbokosovares que apostaron por la integración eran hostigados por políticos y paramilitares panserbios. Un ejemplo fue Sladjan Ilic, antiguo alcalde de Strpce. En el presente, la Lista Sprska no sólo concurre a las elecciones kosovares sino que apoya al Gobierno del primer ministro de Kosovo, Ramush Haradinaj, que fue uno de los líderes del Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK con siglas en albanés) y que más recelo levanta en Serbia. Beha, cuando habla sobre este líder al que apodan Rambo, sonríe: “Haradinaj es un líder pragmático y energético que ha sido capaz de aliarse con Srpska. Hizo que juraran la Constitución kosovar, que describe a Kosovo como un Estado soberano e independiente”.

¿Eso no es pragmatismo? Lo es, pero a diferencia de la sociedad, la Lista Srpska responde por completo a los intereses de Belgrado, y en Kosovo nadie duda de que su objetivo es entorpecer el desarrollo del país. Así, su posición durante esta legislatura dependerá, principalmente, de un aspecto: la Asociación de Municipalidades Serbias, una autonomía asimétrica en un país ya descentralizado. En los acuerdos de Bruselas de 2015 fue uno de los cuatro avances alcanzados, pero entre reproches mutuos, no se ha implementado: los serbokosovares aseguran que Pristina no cumple sus promesas, mientras que los albanokosovares repiten que no permitirán en Kosovo la creación de otra República Srpska, una de los dos entidades políticas de Bosnia. “Es una negociación para el interés de los serbios que no es respetada ni implementada en el camino que marca la Constitución. Es imposible crear estas municipalidades en la forma que desea Pristina. Y los albaneses no pueden obtener todo. No es realista. Todos los problemas del país son por culpa de su guerra”, sentencia Sekulic.

Adem Beha, en cambio, defiende la actual Constitución kosovar: “En términos de descentralización no se puede pedir más. Tienen una representación parlamentaria (10 de los 120 escaños están garantizados para la comunidad serbia) propia de las mejores democracias del mundo. Por un lado, quieren utilizar los privilegios que les hemos dado, pero aquí no queremos otra República Sprska. La demografía es diferente: aquí no hay un 30% de serbios. La pregunta es qué quiere Belgrado para los serbokosovares. Esto va a suponer el mayor problema para los serbios”.

Sus palabras son más moderadas que las de Sami Kurteshi, diputado albanokosovar de Vetëvendosje, un partido que se ha convertido en la primera fuerza del país a través de un discurso radical contra las grandes agrupaciones políticas, el rol de la comunidad internacional y el conflicto en el norte de Kosovo. Su posición con respecto a Serbia es simple: quieren cancelar las negociaciones porque creen que su único objetivo es zancadillear a Kosovo. “No estamos en contra de la libertad de la gente, pero no queremos otra República Srpska en Kosovo. Nuestra Constitución está en línea con la Convención de los Derechos Humanos del Consejo de Europa. Podremos discutir de nuevo si encuentran una mejor. Pero lo que ellos quieren es otro Estado dentro de Kosovo. Es inaceptable”.

Un informe publicado en 2017 por Kosovo Centre for Security Studies destacaba que los albanokosovares siguen viendo en Serbia a la principal amenaza para su estabilidad. Además, el 80% de los consultados creen que la implementación de la Asociación de Municipalidades Serbias sería dañina para Kosovo. Kurteshi, cuando habla del norte de Kosovo, donde Pristina carece de autoridad, se muestra radical: “Allí existe una estructura criminal interesada en mantener el conflicto. Las estructuras paralelas volverían a Belgrado si estuviéramos en el poder”. ¿Sin usar la fuerza? “Existen posibilidades políticas, pero si fuera necesaria sí la utilizaríamos”.

Inseguridad

El discurso de Vetëvendosje refleja la desesperación de la sociedad albanesa. El país no avanza por muchos motivos, y uno de los más importantes es la injerencia serbia. Pero esta retórica no hace más que alimentar la sensación de inseguridad. Los serbios, que suman hoy alrededor del 7% de la población, dicen sentirse inseguros. Es una victoria para Belgrado, que azuza de manera interesada las cenizas de otro posible marzo de 2004, mes en el que los disturbios de dos días dejaron 19 serbios muertos y 4.000 edificios dañados. Porque la inseguridad, sea o no ficticia, es en sí un arma política que repele la integración.

En Mitrovica, el pasado enero asesinaron a Oliver Ivanovic, un serbokosovar que sin llegar a reconocer la soberanía de Kosovo apostaba por la integración de su comunidad. Era miembro de un partido serbio que no era la Lista Srpska. Es uno de esos sucesos sombríos que acongojan a la región del norte de Kosovo. Pero hay otros casos que no dejan espacio a las teorías conspiratorias: en 2016 quemaron la iglesia del Cristo Salvador de Pristina; en 2017, Daut Haradinaj, hermano del actual primer ministro, amenazó con una limpieza étnica si extraditaban a Rambo a Serbia, donde está acusado de crímenes de guerra; y cada año se producen altercados con los serbios que peregrinan a las apreciadas iglesias ortodoxas de Kosovo.

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Esto, sobre todo para las seis municipalidades rodeadas de albaneses, genera inquietud; temor.          El pueblo, como en cada conflicto, está en medio de esta lucha histórica y política.                                Es consciente de que Kosovo no volverá a ser parte de Serbia en un futuro cercano.                                “Sé que nunca recuperaremos Kosovo, que es parte de nuestra patria robada”, afirma Sinisa, un serbio de 42 años que lleva a dos de sus hijas a un colegio de Gracanica.                                                  Ellas estudian el sistema serbio y probablemente estudiarán en la Universidad del Norte de Mitrovica, cuyo diploma no es reconocido en Kosovo, o en otras regiones serbias dentro del país.                        Es al menos el deseo de su padre. Porque para Sinisa, Kosovo es un reino de inseguridad y desesperanza.                                                                                                                                                      Un reino que no abandonó porque no tenía dinero. “Sólo me siento seguro en Gracanica. Me da miedo moverme con mi coche por otras zonas (…) Aquí no hay trabajo ni dinero, me siento inseguro y me veo como un ciudadano de segunda clase. Quiero que mis hijas se vayan a estudiar a Serbia y no regresen.                  No quiero este futuro para ellas”.                                                                                                                            La integración es incipiente pero nula en ciertos aspectos. Sinisa asegura no tener contacto con los albaneses. Otros serbokosovares aseguran no querer la integración. Aquí las comunidades viven en paralelo. No se juntan. Pero más allá de sus deseos, parece que la coyuntura deja dos opciones para los habitantes de esas municipalidades serbias rodeadas de albaneses: huir, o quedarse en un país en el que tendrán que aceptar la integración por obligación, por supervivencia.

La corrupción ensombrece la misión de la UE en Kosovo

 

Ruth Ferrero Turrión                                                          08 diciembre 2014                                                                   
Las serias acusaciones de corruptelas en las que está envuelta EULEX mina la credibilidad de la Unión en los Balcanes.
El jefe de la misión EULEX, Gabriele Maucchi, habla en una rueda de prensa en Prístina, octubre de 2014, sobre las alegaciones de corrupción. Armend Nimani/AFP/Getty Images
El jefe de la misión EULEX, Gabriele Maucchi, habla en una rueda de prensa en Prístina, octubre de 2014, sobre las alegaciones de corrupción.                          Armend Nimani/AFP/Getty Images.

Durante las últimas semanas no dejan de aparecer inquietantes noticias y rumores sobre posibles casos de corrupción en el seno de la misión de la UE en Kosovo (EULEX). Efectivamente, el pasado mes de octubre el periódico kosovar Koha Ditorepublicaba algunos detalles de archivos internos de la misión que demostraban que los algunos funcionarios aceptaban sobornos de mafias kosovares para bloquear los juicios a sospechosos criminales, así como para proceder a la anulación de pruebas por parte de EULEX. Aquí estallaba el escándalo.                                                                                                  Inmediatamente después de la publicación de esta noticia se suspendía a Maria Bamieh, fiscal especial de la misión, por haber proporcionado tales documentos a la prensa, algo que tanto ella como el periódico afectado han negado de manera contundente.                                                                Sin embargo, este tema no era algo nuevo, las denuncias de Maria Bamieh se remontan hasta 2012, donde acusaba a algunos colegas de haber cerrado casos a cambio de dinero. Acusaba más concretamente al juez italiano Francesco Florit de haber recibido en torno a 300.000 euros para poner en libertad a tres procesados por asesinato. Las pruebas que mostraba esta fiscal eran unas transcripciones telefónicas donde se constataba que el juez se había desplazado a Albania para cobrar el soborno. En 2013 estos hechos se vieron corroborados por la declaración del hermano de uno de los procesados que manifestó que el dinero se le había dado al funcionario en el puerto de Durres, “pensamos que 300.000 euros serían suficientes para liberar a los tres hombres, pero sucedió que el juez nos dijo que el dinero sólo era suficiente para liberar a uno de ellos (…)”, según declaraciones realizadas a EULEX el 25 de junio. Por supuesto, el juez Florit se ha defendido alegando celos profesionales y malas relaciones con su acusadora.                                                                            Bamieh también acusó al jefe de la misión, fiscal especial, Jonathan Ratel, de obstruir una de sus investigaciones en torno a un diputado kosovar, Azem Syla, del Partido Demócrata, acusado de adquirir de manera ilegal tierras ganando millones de euros.                                                                        A pesar de las denuncias nunca se investigaron las acusaciones. El Servicio de Acción Exterior Europeo (EEAS) no abrió diligencias de acusaciones tan graves hasta un año después, en 2013.

Y así estaban las cosas hasta que un periódico local publicó la noticia. Nada había trascendido hasta ese momento a la opinión pública kosovar, tampoco a la europea y, por lo que parece, tampoco a los órganos competentes de la UE, tal y como constata la carta remitida el pasado día 5 de noviembre a la Alta Representante para la Política Exterior, Federica Mogherini, por Elmar Bok, Presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores, y Ulrike Lunacek, Vicepresidenta del Parlamento Europeo y Vocal de la Delegación para las Relaciones con Bosnia y Kosovo.

 ¿En qué consiste la misión?

Para poder evaluar con cierta solvencia las consecuencias que puede tener un posible caso de corrupción haya estallado en el seno de la misión más cara en materia de Estado de Derecho realizada por la UE es esencial saber cuáles son las tareas encomendadas a EULEX.

La misión Een estos momentos cuenta con cerca de 1.000 efectivos locales y 1.100 internacionales de la mayoría de los Estados miembros de la UE y de Canadá, Noruega, Suiza y Estados Unidos. El pasado mes de junio la Unión amplió hasta el 14 de junio de 2014 la misión civil en el territorio.

Se divide en División de Fortalecimiento y División Ejecutiva. La primera se ocupa de la tutorización, monitorización y capacitación de apoyo a la modernización y profesionalización de las funciones encomendadas a la policía. La segunda, ha estado encargada de operar como un tribunal autónomo e independiente del sistema judicial kosovar. Por tanto, se ha centrado exclusivamente en la investigación, procesamiento y enjuiciamiento de los principales casos criminales, la mayoría de ellos vinculados al crimen organizado, la corrupción gubernamental, crímenes de guerra, tráfico de personas, etcétera. La competencia para todos estos casos ha recaído sobre funcionarios de EULEX. En los casos criminales se han llevado a cabo los procedimientos según las normas del código penal kosovar, en el resto era la misión la que se hacía cargo, haciendo una sola concesión al sistema judicial kosovar: que un juez local fuera incluido en los tribunales junto a otros dos jueces EULEX.

Sin embargo, esta situación va a cambiar, de hecho ya ha cambiado. La UE decidió extender hasta el 14 de junio de 2016 su misión civil en Kosovo, y pasará a la última fase, acelerar el traspaso de sus actividades a las instituciones locales y otros actores de la Unión, EULEX se dedicará a crear capacidades en todo Kosovo y se centrará en cuestiones como la seguridad y la aplicación de los acuerdos alcanzados en el diálogo entre Belgrado y Prístina. La autoridad ejecutiva de EULEX para enjuiciar y adjudicar casos criminales se verá, por tanto, restringida. Las otrora competencias de la policía, la fiscalía y los tribunales se han traspasado al control local. La mayoría de los tribunales y cortes de apelación estarán compuestos y presididos por una mayoría de jueces locales. Los fiscales trabajarán bajo la dirección y el control de la fiscalía local. Esto significará que por vez primera desde el comienzo de la misión serán los kosovares los que estén al mando.

Por tanto, EULEX se enfrenta a sus últimos veinte meses sobre el terreno a la última fase de su misión. Es momento pues de comenzar la evaluación de resultados. Y éstos no son del todo favorables. Después de seis años y el gasto de cientos de millones de euros EULEX no ha producido ningún avance demostrable en lo relativo a los servicios ofrecidos por tribunales y fiscalía, dados los niveles de corrupción extendidos en todos los niveles de la administración pública, con un importante número de alcaldes en la cárcel o imputados por corrupción; con unos indicadores de la presencia de crimen organizado escandalosos, etcétera. ¿Cómo podrá avanzar la misión en esta última fase si ahora tiene menos competencias?

Consecuencias para la credibilidad de la UE en la región.

Y con esta enorme interrogante, ahora salta a la luz pública que la misión UE en Kosovo es acusada de corrupción. Una acusación a todas luces creíble realizada contra miembros senior de la misión. Y siendo esto muy grave, más grave es, si cabe, la lentitud e ineficacia de los mecanismos de control internos de la misión y por parte de la EEAS.

Durante aproximadamente dos años el procedimiento de investigación interno ha estado parado. Ahora EULEX, que ya depende totalmente de la Alta Representante, quiere acelerar el procedimiento para obtener cuanto antes respuestas. La investigación legal continuará bajo supervisión del nuevo Jefe de Misión Gabriele Meucci, pero Mogherini ha enviado ya a un experto legal independiente, Jean Paul Jacque, para investigar las acusaciones.

Por su parte la Defensora del Pueblo Europea, Emily O’Reilly, ha decidido poner en marcha los mecanismos de control oportunos para evaluar si efectivamente el Servicio Europeo de Acción Exterior está investigando las alegaciones realizadas contra el EULEX.

Esta situación ha puesto en el disparadero la credibilidad de la misión y de la UE en su conjunto en Kosovo y en la región. El papel de EULEX en Kosovo era el de la lucha contra la corrupción y debería haber sido un ejemplo. La manera en cómo se han llevado a cabo las investigaciones internas en el seno de la Unión, demorando la resolución de las mismas, ocultando información al Parlamento Europeo y a la misma opinión pública, es un ejemplo de cómo se ha luchado la corrupción. Donde se marca la diferencia, no es que no haya corrupción, sino en cómo se reacciona ante ella.

 


 

Kosovo (otra vez) hacia el desgobierno.                                                                              Un hombre kosovar espera para votar en Prístina, Kosovo. (Armend Nimani/AFP/Getty Images) Una nueva situación de bloqueo político y una sociedad cansada presagian un futuro incómodo para Kosovo. Este domingo 11 de junio se celebraron elecciones parlamentarias en Kosovo.

Mitrovica, la encrucijada serbia en Kosovo                                                                     La desconfianza y la falta de perspectivas de futuro marcan la vida diaria en la ciudad kosovar, símbolo de cómo las heridas de las guerras de los Balcanes siguen sin cicatrizar. Teresa viaja en un antiguo autobús que une Prístina con Mitrovica. Conversa con varias señoras de las...



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