LA INCREIBLE VIDA, MUERTE Y ENTIERRO DEL FISICO QUE INVENTO LOS UNIVERSOS PARALELOS.

Hugh Everett III fue un brillante matemático, un físico teórico iconoclasta y un contratista de defensa que tuvo acceso a los secretos militares más sensibles de EE UU.                                            Pero su nombre siempre estará unido a la teoría de los universos paralelos.

Hugh Everett III

Publicado por :                                                                    Miguel Ángel Sabadell .                                                            Astrofísico y divulgador científico.

El viaje científico de Everett comenzó una noche en 1954, cuando tenía 24 años, «después de uno o dos sorbos de jerez».

Junto con su compañero de Princeton Charles Misner (que se convertiría en uno de los grandes expertos en relatividad general) y un físico danés, asistente de uno de los padres de la teoría cuántica,  Niels Bohr, estaban pensando en «cosas ridículas sobre las implicaciones de la mecánica cuántica».

Fue allí cuando Everett tuvo la idea básica de su teoría. 

En las semanas siguientes comenzó a desarrollarla en una tesis audaz con la que resolver un problema que llevaba atormentando a los físicos desde la década de 1920:                la medida en la mecánica cuántica.                            Todo sistema subatómico queda definido con precisión por un ente matemático llamado función de onda.

Con ella somos capaces de predecir sin equívoco cómo va a evolucionar el sistema.

Pero en sus entrañas lleva una indeterminación básica e insalvable: la función de onda no nos dice qué valores van a tomar las propiedades físicas del sistema sino que nos dice cuáles son los resultados posibles que podemos obtener de una medida y sus correspondientes probabilidades: por ejemplo, que haya un 50% de posibilidades de que el espín de un protón valga 1/2 y un 50% de que sea -1/2. Únicamente cuando hagamos el experimento experimental sabremos qué valor toma: a esto se le llama el colapso de la función de onda.

Esta indeterminación tenía locos a los físicos pues era inconcebible que un sistema no tuviera sus propiedades bien definidas.    

La respuesta de Everett fue radical:
no existe ese colapso de la función de onda sino que en el momento de tomar una medida, como la del espín del protón, el universo entero se escinde en dos: en uno el sistema toma el valor de 1/2 y en el otro el de -1/2.
Tendremos entonces dos universos absolutamente idénticos en su contenido salvo por esa insignificante diferencia en las propiedades de un único protón.
Y esto sucede cada vez que se realiza alguna medida en el mundo subatómico en algún lugar del universo. 
Vivimos, pues, en un Cosmos en el que hay una infinidad de universos paralelos, naciendo uno nuevo por cada alternativa cuántica.
En una nota a pie de página en su tesis Everett escribió: «Desde el punto de vista de la teoría, todos los elementos de una superposición (todas las ‘ramas’) son ‘reales’, ninguno es más ‘real’ que el resto».

Su texto provocó un notable debate en la trastienda de la teoría cuántica.

En la primavera de 1956, su tutor de tesis, el maestro de premios Nobel John Archibald Wheeler, la llevó a Copenhague, para discutirla con el gran Niels Bohr.

Allí tuvo «tres discusiones largas y fuertes al respecto», que no aceptaba las consecuencias de las ideas de Everett.          Otro físico del Instituto de Física Teórica de Bohr le dijo a Wheeler que esa teoría era teología.

Estratega nuclear

Mientras Wheeler estaba en Europa defendiendo su caso, Everett estaba a punto de perder su prórroga para el servicio militar. Para evitarlo decidió aceptar trabajar como investigador para el Pentágono.

Se mudó a Washington, D.C. En 1957, y presionado por Wheeler, publicaba una versión reducida de su tesis en la revista Reviews of Modern Physics titulada ‘Relative State’ Formulation of Quantum Mechanics.

Nadie le hizo el más mínimo caso, y su trabajo cayó en el más absoluto olvido.

Everett, profundamente desilusionado, nunca regresó a la física teórica.

Princeton otorgó a Everett su doctorado casi un año después de haber comenzado su primer proyecto para el Pentágono: calcular las tasas de mortalidad potencial por lluvia radiactiva en una guerra nuclear.

Pronto encabezó la división de matemáticas del Weapons Systems Evaluation Group (WSEG) del Pentágono.

Durante sus años allí racionalizó y promovió estrategias militares que estuvieron operativas durante décadas, incluido el concepto de Destrucción Mutua Asegurada.

Así, en 1959 escribió, junto con un colega, un informe que cambiaría la política nuclear norteamericana: «The Distribution and Effects of Fallout in Large Nuclear-Weapon Campaigns«.

Proporcionó tanta información aterradora sobre los efectos globales de la lluvia radiactiva que hizo que muchos se convencieran de la conveniencia de mantener un enfrentamiento perpetuo en lugar de lanzar ataques preventivos contra la Unión Soviética, China y otros países comunistas, que era lo que algunos políticos estaban defendiendo.

No es exagerado decir que Everett nos libró del Armagedón nuclear.

Empresario exitoso

En 1964, Everett, junto con otros colegas fundó una empresa de defensa privada, Lambda Corporation.

En ella diseñó modelos matemáticos de sistemas de misiles antiaéreos y juegos de guerra nuclear informatizados que fueron utilizados por los militares durante años.

Everett estaba fascinado con el teorema de Bayes, un método matemático que correlaciona las probabilidades de eventos futuros con la experiencia pasada.

En 1971, Everett diseñó un programa de ordenador basado en este teorema, que aprendía de la experiencia y simplifica la toma de decisiones deduciendo resultados probables, al igual que la facultad humana del sentido común.

Bajo contrato con el Pentágono, Lambda utilizó el método bayesiano para inventar técnicas para rastrear trayectorias de misiles balísticos entrantes.

En 1973, Everett dejó Lambda y fundó una empresa de procesamiento de datos, DBS, con un colega de Lambda, Donald Reisler.

Cuando se conocieron por primera vez, Everett le preguntó si alguna vez había leído su artículo de 1957.

Reisler le respondió: “Oh, Dios mío, tú eres ese Everett, el loco que escribió ese artículo insensato».

A pesar de todo se hicieron muy amigos pero acordaron no volver a hablar de universos paralelos.

Detector de un acelerador de partículas

Tres martinis para almorzar.

Everett tenía fama de bebedor.                                  Según Reisler, solía disfrutar de un almuerzo de tres martinis  durmiéndose en su oficina.

Pero su hedonismo no reflejaba una actitud relajada hacia la vida.

«No era una persona simpática», comentaba Reisler. Según John Y. Barry, un colega de sus tiempos en WSEG, “era una persona brillante, innovadora, escurridiza, poco confiable, probablemente alcohólica».

Y, también, egocéntrico.

Mientras Everett seguía su carrera empresarial, el mundo de la física redescubría su teoría y muchos se convirtieron en defensores de la interpretación cuántica de los “muchos mundos”, un nombre que se hizo muy popular al ser popularizado por la revista de ciencia ficción «Analog« en 1976.

El fin de Everett

Everett murió en su cama el 19 de julio de 1982 debido a un fallo cardíaco.

Tenía 51 años.

Su hijo Mark Oliver, de 19 años, encontró el cuerpo sin vida de su padre por la mañana.

Al tocar su cuerpo frío, Mark se dio cuenta de que no recordaba haber tocado nunca a su padre.

Años más tarde, convertido en un músico de rock famoso, Mark lo definió como «un montón de muebles sentado en la mesa del comedor, con un cigarrillo en la mano”. 

Everett nunca tuvo interés ninguno de sus dos hijos, Elizabeth y Mark.

Un mes antes de su muerte, en junio de 1982, Elizabeth intentó suicidarse con un cóctel de pastillas.

Mark la encontró inconsciente en el suelo del baño y la llevó al hospital.

Cuando regresó a casa esa noche, Everett levantó la vista del periódico y dijo: ‘No sabía que estaba tan triste'».

Este físico no se iba a ir del mundo sin una última vuelta de tuerca.

Había dejado dispuesto que, tras su muerte, sus cenizas fueran arrojadas a la basura, algo que su mujer tardó varios años en cumplir.

En 1996, Elizabeth se quitó la vida con una sobredosis de pastillas para dormir, dejando una nota en su bolso diciendo quepor favor, arrojen mis cenizas al agua… o a la basura;   tal vez de esa manera termine en el universo paralelo correcto con papá”.

Referencia:

  • Peter Byrne (2010). The Many Worlds of Hugh Everett III: Multiple Universes, Mutual Assured Destruction, and the Meltdown of a Nuclear Family. Oxford University Press