MALVINAS : LA VISION DEL HIJO DE UN VETERANO . . .

Albazana | CEDINPE - Centro de Documentación e Investigación acerca del Peronismo

PEDRO FOX                                                             Para  Centro de Estudios Salta.                                        Tomado de un libro de la Biblioteca del Oficial, del Círculo Militar de la Nación, cuyos autores son Roberto Valenti y Manuel Alba:

«Y no están en el bronce porque en la trayectoria de sangre, sable y lanza, que clama el homenaje, sobran nombres para dar a la gloria y . . . 
¡Falta bronce para tanto coraje!»

Que no te la cuenten.

MALVINAS :                                                        LA VISIÓN DEL HIJO DE UN VETERANO.

“Ante el pueblo de la Nación, ante vuestros superiores, y ante Dios nuestro Señor…               ¿Juráis a la Patria, seguir constantemente su bandera, y defenderla hasta perder la vida?” “¡Si, juro!”

Lo que de mis labios acaban de oír no es otra cosa que el noble juramento que realizaran en nuestras islas los bravos que en ellas combatieron, y que con gloria cumplieron.

Hoy nos hemos reunido para admirar y exaltar la grandeza de la gesta que hace 41 años se llevará a cabo, para conmemorar con orgullo a los que en Malvinas quedaron, para honrar con gratitud a los que volvieron, y para tratar de imitar desde nuestro humilde puesto las heroicas virtudes que adornaron y adornan las almas de los caídos y de los veteranosprincipalmente su amor a Dios y a la Patria, su fortaleza, gallardía y espíritu de sacrificio.

Queridísimos combatientes de Malvinas, caídos y veteranos, a ustedes me dirijo:Y del mismo modo que el Brigadier Juan Manuel de Rosas dijo a sus colorados del monte al asumir la segunda gobernación, les digo ahora a ustedes :  “¿Con qué expresiones podré describir vuestras virtudes y la importancia de vuestros servicios?”

Queridísimos combatientes de Malvinas, caídos y veteranos, a ustedes me dirijo:Y del mismo modo que el Brigadier Juan Manuel de Rosas dijo a sus colorados del monte al asumir la segunda gobernación, les digo ahora a ustedes : ¿Con qué expresiones podré describir vuestras virtudes y la importancia de vuestros servicios?”                   A lo largo de la historia en vano han tratado, los distintos signos políticos que han devastado a nuestra amada Patria, de deformar los verdaderos próceres y crear sus propios héroes.

Y por si ello fuera poco, han querido también rebajar, despreciar y olvidarlos a ustedes y a la hazaña que perpetraron en 1982. Es por eso que quiero declarar en concordancia con la estricta verdad, gloriosos veteranos y caídos, que a diferencia de aquellos héroes postizos —que lastimosamente abundan en nuestra historia— ustedes han sido verdaderos modelos a seguir, legítimos herederos de nuestros genuinos próceres. 

Verdaderos herederos del General San Martín, del Brigadier Juan Manuel de Rosas, del General Manuel Belgrano, del Brigadier Facundo Quiroga, del Brigadier Cornelio Saavedra, del General Liniers, del General Güemes, del Sargento Cabral, entre otros. Como ellos, ustedes han encarnado el ideal de guerrero católico e hispánico, han encarnado por tanto, el ideal de guerrero argentino.

¿Y en qué consiste? En el amor a Dios y a su Iglesia sobre todo, cuyo necesario fruto es el amor ardiente y sacrificado a la Patria que ostentaron nuestros próceres, y que ustedes a su imitación, demostraron de sobra. Gloriosos combatientes, ustedes nos han enseñado que son estas y no otras, las fuentes de las que se nutrieron el valor, la fortaleza, la grandeza, el heroísmo, la camaradería, la abnegación, la humildad, el celo por la soberanía nacional, la escrupulosidad en el cumplimiento del deber y todas las demás virtudes y hazañas de las que han dado egregio ejemplo.                                      Solo puedo decirles: gracias.                                       Argentinos presentes: esto es así, y por más que moleste a más de uno, hay que declararlo con franqueza: la Argentina, la verdadera Argentina, nació y es hispano católica, legítima hija y heredera de aquel Imperio hispano católico en el que no se ponía el sol.                                                                                                        Así pensaron y obraron los verdaderos padres y forjadores de nuestra Patria, al igual que los héroes de Malvinas. Hay, en efecto, una línea directa de ideales y valores que corre desde la evangelización de nuestras tierras, por la reconquista de Buenos Aires, pasando por la dolorosa pero gloriosa, legítima y necesaria independencia, hasta la justa guerra del año 82. Así, esta línea corre desde los misioneros y conquistadores, pasando por el cuerpo de patricios, la creación de nuestra bandera con los colores de la Inmaculada Concepción, el ejército de los Andes con la Virgen de la Merced como generala, la divisa “Religión o muerte” de don Facundo Quiroga, la férrea defensa de la soberanía nacional frente a potencias extranjeras, por parte de don Juan Manuel de Rosas, y la ardorosa lucha que también llevó a cabo contra el iluminismo liberal, masón y traidor, enemigo de la Religión y de la patria; hasta llegar, finalmente a Malvinas, fiel testimonio de esta misma línea. 

Tenemos a un teniente Estévez, que escribiría a su padre:         “Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo mis acciones a Dios Nuestro Señor.                                Él, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de la misión” y continúa más adelante “Dios, que es un Padre Generoso, ha querido que este, tu hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a Nuestra Patria.” y termina “Gracias por creer en el honor, gracias por tu apellido, gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española”.                                                              De igual manera, un mayor Falconier escribiría a sus hijos: 

“Su padre no los abandona, simplemente dio su vida por los demás, por ustedes y vuestros hijos… y los que hereden mi PATRIA.

Les va a faltar mi compañía y mis consejos, pero les dejo la mejor compañía y el más sabio consejero, a Dios; aférrense a Él, sientan que lo aman hasta que les estalle el pecho de alegría, y amen limpiamente, que es la única forma de vivir la buena vida” y termina “Les dejo: muy poco en el orden material, un apellido: ‘Falconier’, y a DIOS (ante quien todo lo demás no importa)”.                                                                                                     Tanto Falconier como Estévez morirían heroicamente en combate.

Es esto, entonces, lo que constituye la gloria de los que fueron a Malvinas.                                                                       Gloria que nadie podrá quitarles, y que será su diadema en la Patria Celestial si le son fieles hasta la muerte.

Vuelvo a dirigirme a ustedes, gloriosos combatientes y veteranos: ¿con qué expresiones, pues, podré describir vuestras virtudes y la importancia de vuestros servicios? Su firme Fe católica y  sus grandes virtudes los han hecho, los herederos de la tradición que nos legaron nuestros próceres; 

han sido expresión cabal de lo que significa ser argentino. De nuevo, solo puedo decirles: gracias.

Y a los demás argentinos que me escuchan, no quiero sino        animarlos a seguir el camino que estos héroes nos han trazado, y a imitarlos. 

Primero yo, antes que nadie, que he tenido el honor inmenso de tener padre veterano de guerra, el comodoro Pedro Altamirano —quien por cierto, todavía conserva el rosario que en las Islas, todos los días, le serviría de consuelo y fortaleza—, y tío caído, el capitán Oscar Manuel Bustos —quien tras esguinzarse un tobillo, haría callar a su compañero para que no lo quitasen de la misión en la que con gloria ofrendara su vida—. Tenemos que comprender que imitarlos es la mejor forma de honrarlos, de nada sirven todas las muestras externas de respeto sino se acompañan con las obras;

 ¡forjar una Argentina sobre los sólidos principios que fueron los móviles de nuestros héroes de Malvinas es la única forma de reconocer dignamente sus sacrificios!                                                                   Esto, no es otra cosa que aquello del padre Leonardo Castellani:                                                                              “Aquí no manda la plata sino la Patria.              Pero primero habrá que hacerle decir a la Patria: 

Aquí manda Dios”.

Ojalá todos los argentinos, siguiendo la línea de Malvinas, lleguemos a albergar en nuestros corazones los sentimientos que el sargento Mario Cisneros, caído en combate, escribió:    “Haz Señor, que mi alma no vacile en el combate, y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo.          Haz que te sea fiel en la guerra, como lo fui en la paz.                                                                                                                                    Haz que el silbido agudo de los proyectiles alegre mi corazón.                                                                        Haz que mi espíritu no sienta la sed, el hambre, el cansancio y la fatiga, aunque lo sientan mis carnes y mis huesos.                                                            Haz que mi alma, Señor, esté siempre dispuesta al sacrificio y al dolor, que no rehúya, ni en la imaginación siquiera, el primer puesto de combate, la guardia más dura en la trinchera, la misión más difícil en el ataque.                                            Pon destreza en mi mano para que el tiro sea certero, y caridad en mi corazón.                                                  Haz, por favor, que sea capaz de cumplir lo imposible, que desee morir y vivir al mismo tiempo.                                                                              Morir como tus Santos Apóstoles, como tus Viejos Profetas, para llegar a Ti.                                                  Señor te pido que mi cuerpo sepa morir con la sonrisa en los labios, como murieron tus Mártires.                                                                                Te ruego mantengas mi arma en vela y mi oído atento a los ruidos de la noche.                                   Te pido por mi guardia constante en el amanecer de cada día y por mis jornadas de sed, hambre, fatiga y dolor.                                                                              Si llegara a cumplir estos anhelos, podrá entonces mi sangre correr con júbilo por los campos de mi Patria, y mi alma subir tranquila a gozarte en el tiempo sin tiempo de la eternidad.        Señor, ayúdame a vivir, y de ser necesario, a morir como un soldado.                                                    Concédeme Oh! Rey de las Victorias, el perdón de la soberbia.                                                                          He querido ser el soldado más valiente de mi Ejército y el argentino más amante de mi Patria. Perdóname este orgullo, Señor.”

En suma, que todo argentino, honrando e imitando a los héroes de Malvinas, llegue a la convicción de que, como escribió el ya citado padre Castellani, “amar la Patria es el amor primero y es el postrero amor después de Dios; y si es crucificado y verdadero, ya son un solo amor, ya no son dos.” 

Soy un convencido de que cuando todo esto se comprenda y practique, volveremos a ver en nuestra Perla Austral, flamear triunfante el estandarte patrio. Cuando se entienda la verdadera identidad de la patria —según lo hicieron en Malvinas—, se reconozca e imite debidamente a los caídos y combatientes y se forje una Argentina según esa misma identidad hispano católica y criolla —encarnada en nuestros próceres y en lo héroes de Malvinas—, solo cuando eso pase, vamos a tener la dicha de volver a ver flameando con júbilo y gloria nuestro blanco y azul pabellón en las tan anheladas Islas.                                                                                            ¡Dios y Patria o muerte! ¡Viva la patria! ¡Vivan los héroes de Malvinas!

Malvinas, volveremos… 

Sebastián Altamirano,                                       hijo de veterano de Malvinas

Sobrino de caído en las Islas.